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Tal día como hoy del año 1936, hace 90 años, y en el contexto de los días inmediatamente posteriores a la rebelión militar contra la República, Buenaventura Durruti, líder de las milicias anarquistas de Barcelona que, conjuntamente con otras fuerzas, habían combatido el golpe de Estado militar en la capital catalana, ordenaba el asalto a la Prisión Modelo. Aquella operación marcaba el inicio del periodo revolucionario (julio, 1936 – mayo, 1937), que sumiría Catalunya en un estado de caos y de inseguridad, y que se traduciría en el asesinato de unas 8.000 personas a manos de las tétricas Patrullas de Control de la CNT-FAI.

Cuando Durruti ordenó el asalto a la Prisión Modelo, los militares que habían secundado la rebelión militar en Barcelona ya habían sido derrotados (20 de julio de 1936). Y en aquel momento, Durruti ordenó reclutar milicianos para marchar hacia Aragón y combatir a los golpistas que habían conseguido sus objetivos en Zaragoza. No obstante, convino con los también líderes anarquistas Joan Garcia Oliver y Diego Abad de Santillán dejar una parte de las milicias en Barcelona para articular las Patrullas de Control, que en la estrategia anarquista debían relevar a Mossos d'Esquadra, Guardia de Asalto y Guardia Civil.

Durruti entró en la Prisión Modelo —prácticamente sin resistencia—, reunió a los reclusos en el patio principal de la prisión y, según los testimonios de aquel hecho, les dijo que en un Estado libertario —como el que propugnaba el anarquismo— no existían las prisiones y, por lo tanto, quedaban todos libres. Pero, según los mismos testimonios, acto seguido añadió que era necesario derrotar definitivamente el fascismo y pidió voluntarios para marchar con su columna hacia Aragón. Finalmente, dijo que quien quisiera acompañarle sería acogido como un valiente revolucionario y, si alguien no quería, que no pasaba nada, que lo entendía y que lo fusilaría allí mismo.

Otras fuentes hablan de que, durante el asalto, el caos se apoderó de la Prisión Modelo y durante los primeros minutos se produjeron diversas agresiones a funcionarios y a policías y una fuga masiva a través de la puerta principal. Aquellos presos fugados eran, mayoritariamente, delincuentes comunes, y durante las semanas inmediatamente posteriores la prensa de la época (La Vanguardia, La Veu de Catalunya) revelaría la existencia de un sórdido eje que unía la dirección de la CNT-FAI, el hampa del Paral·lel y las Patrullas de Control, y que provocaría un notable incremento del grado de criminalidad en la ciudad de Barcelona.