Tal día como hoy del año 1940, hace 86 años, en el bosque de Compiègne (municipio de Rethondes-Francia), y en el contexto de la II Guerra Mundial (1939-1945), se reunían las delegaciones del gobierno francés del mariscal Pétain y el alemán de Adolf Hitler. En aquella reunión, celebrada doce días después del inicio de la invasión alemana y con la Wehrmacht en el interior de París, la delegación francesa, formada por el general Charles Huntziger, Léon Noël, Maurice Le Luc, Jean-Marie Bergeret y Georges Parisot, presentaría la rendición a las autoridades alemanas, representadas por Adolf Hitler, Hermann Göring, Erich Raeder, Rudolf Hess, Joachim von Ribbentrop, Wilhelm Keitel y Paul-Otto Schmidt.
Los representantes alemanes forzaron la firma de aquel armisticio en el mismo vagón de tren donde, veintiún años antes (1919) se había firmado la rendición de Alemania en la I Guerra Mundial (1914-1918) y las humillantes condiciones que Francia y el resto de ganadores del conflicto habían impuesto a los derrotados alemanes. Acto seguido, se descuartizó Francia: Alsacia y Lorena fueron incorporadas al Tercer Reich, la Valonia francesa fue anexionada a la Bélgica ocupada por los alemanes, la mitad norte y la costa atlántica pasaban a ser administradas por un gobierno militar de ocupación radicado en París, la Alta Saboya pasaba a Italia y, finalmente, en la mitad sur se constituía un gobierno títere gobernado por el mariscal Pétain desde Vichy.
El gobierno de la Generalitat en el exilio se había establecido en París en febrero de 1939, en un edificio situado en la Rue de la Pepiniere, 25. Pero la ocupación alemana obligaría al gobierno catalán a abandonar la capital francesa. Los cinco consellers del gobierno –Pompeu Fabra, Pi i Sunyer, Pous i Pagès, Rovira i Virgili y Serra i Hunter– marcharon a Londres y continuaron la labor política de la institución. En cambio, el president Companys permaneció en Francia. La versión oficial sostiene que se habría quedado para encontrar a su hijo, afectado por una grave enfermedad mental, que se habría perdido durante la caótica evacuación de París. Pero algunas fuentes de la época apuntarían que se quedó en Francia porque el gobierno británico, que lo consideraba un político peligroso, le denegó la entrada.