Tal día como hoy del año 793, hace 1.233 años, un contingente de guerreros escandinavos, procedentes de la costa de la actual Noruega, desembarcaba en la isla de Holy, en la costa norte de Northumbria, al norte de Inglaterra (en aquel momento, reino independiente de Bernicia) y atacaban el monasterio de Lindisfarne. Aquel establecimiento monástico, a pesar de estar situado sobre un escarpado peñasco y en una punta de tierra sobre el mar, no pudo resistir la acometida de los escandinavos, que durante el asalto asesinaron a toda la comunidad monástica y saquearon y destruyeron todo el edificio.
Lindisfarne, fundado en el siglo VII por el monje irlandés Aidan, era, hasta su destrucción, el gran centro de cultura de la región. De su scriptorium habían salido grandes obras como los Evangelios de Lindisfarne, copia en latín de los textos sagrados cristianos. Estos Evangelios sobrevivieron a la destrucción y en el siglo X se añadieron comentarios en inglés que serían unos de los primeros testimonios escritos de esta lengua. Aquella fue la primera incursión vikinga fuera de su territorio; por este motivo, se la considera el punto de inicio de la Era Vikinga de las Navegaciones.
Medio siglo más tarde ya habían llevado a cabo campañas de saqueo y destrucción en el Mediterráneo. En otoño de 859, una flota de 62 drakkars vikingos, comandados por dos personajes llamados Jarnsida y Hanstein, atacaron Empúries, entonces un pequeño puerto de la marca carolingia de Gotia, y lo destruyeron. Las mismas fuentes relatan que se adentraron hacia el interior y destruyeron Banyoles. Y que, poco después, pusieron rumbo a la Camarga y pasaron todo el invierno sin que nadie les molestara.