Tal día como hoy del año 1763, hace 263 años, y en virtud del Tratado de París —firmado el 10 de febrero anterior entre los gobiernos francés y británico— y que ponía fin a la guerra de los Siete Años (1756-1763), el teniente general sir Richard Lyttelton tomaba posesión de la isla de Menorca. Aquella era la segunda vez que los británicos tomaban posesión de Menorca. Anteriormente, habían tenido el control de la isla entre los años 1708 (la conquistaron como parte de la alianza austracista en la Guerra de Sucesión hispánica) y el 1756 (invasión francesa de la isla e inicio de la guerra de los Siete Años).
Cabe destacar que, durante la época de control francés (1756-1763), a pesar de que las cancillerías de París y Madrid eran aliadas —en virtud de los Pactos de Familia borbónicos—, reveladoramente, la Corona francesa nunca había ofrecido reintegrar la isla a la Corona hispánica. Con aquel cambio de soberanía, provocado por la derrota francesa en el conflicto de los Siete Años, la sociedad menorquina recuperaría la fuerza y el dinamismo de la primera etapa británica (1708-1756), que los historiadores han llamado el siglo de oro menorquín.
Durante aquella segunda etapa (1763-1802) —con el paréntesis de 1782-1797, bajo dominación española—, la sociedad menorquina vivió una época de plenitud económica, social y cultural. La Administración británica no solo no prohibió nunca el uso del catalán —a diferencia de la persecución borbónica que, al mismo tiempo, se perpetraba en Mallorca, Eivissa y Formentera—, sino que lo elevó a lengua cooficial, con el inglés. También, durante esta etapa, Menorca fue escala obligada de todo el tráfico entre el Mediterráneo oriental y las islas británicas.