Tal día como hoy del año 1626, hace 400 años, en Highgate (una zona rural situada a unos diez kilómetros al norte de Londres), moría el filósofo, orador, abogado, escritor y político Francis Bacon, considerado el padre del empirismo filosófico y científico, la corriente que sostiene que la única fuente de conocimiento es la experiencia sensible, la percepción y la observación, y niega la existencia de ideas innatas.
El empirismo filosófico que formuló Bacon se basaría en tres principios: la tabula rasa, que defendía que la mente humana nace vacía y adquiere los conocimientos a través de la experiencia; el principio de la copia, que sostiene que toda idea auténtica proviene de una impresión sensible previa, y la crítica al racionalismo, que rechaza las ideas que no tienen un origen empírico.
Esta misma corriente, el empirismo, en el campo científico, también se basaría en tres principios: el fundamento de la ciencia, surgido a consecuencia de la Revolución Científica; la observación y experimentación, que defiende que el conocimiento se obtiene mediante el método inductivo, es decir, recogiendo datos concretos para formular leyes generales, y la verificación, que sostiene que las afirmaciones científicas deben ser verificables a través de la experiencia.
El empirismo filosófico y científico que formuló, por primera vez, Francis Bacon abrió el mundo —definitivamente— hacia una era moderna, que transportaba la sociedad occidental de un estadio tradicional, dominado por el pensamiento espiritual, hacia un estadio nuevo, gobernado por el pensamiento científico. Francis Bacon, fiel a la ideología del movimiento que había creado, hallaría la muerte mientras experimentaba la capacidad del frío para mantener los alimentos: contrajo una neumonía que resultaría mortal mientras enterraba en la nieve un pollo recién sacrificado.
