Tal día como hoy del año 1986, hace 40 años, en Lausana (Confederación Helvética), el Comité Olímpico Internacional (COI) —reunido en su sede de la Olympic House, a orillas del lago Léman—, después de dirimir entre varias ciudades candidatas (Barcelona, París, Belgrado, Brisbane, Ámsterdam y Birmingham), designaba la candidatura de la capital catalana para la organización de los XXV Juegos Olímpicos de la era moderna, que debían celebrarse en el verano de 1992.
Aquella ceremonia de designación pasaría a la historia por tres momentos fundamentales. El primer gran momento lo protagonizaría Joan Antoni Samaranch (Barcelona, 1920), presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), cuando, desde el atril y protocolariamente, anunció que la elección del COI había recaído en Barcelona. Fue con la frase, en francés (lengua oficial del COI): "...a la ville de... Barcelona" (el nombre de la ciudad lo pronunció en catalán).
El segundo gran momento de aquella designación se produjo cuando la representación de la ciudad, encabezada por el alcalde Pasqual Maragall (Barcelona, 1941) y que estaba presente en el auditorio de la sede del COI en Lausana, escuchó la frase de Samaranch. Un sentimiento de inmensa alegría se apoderó de la delegación barcelonesa. Y esta alegría quedó inmortalizada para siempre en la gestualidad familiar y desenvuelta del alcalde Maragall.
Y el tercer gran momento se produjo en Barcelona. Miles de voluntarios de la candidatura Barcelona' 92 se habían concentrado en las calles, pendientes de unas grandes pantallas de televisión instaladas por el Ayuntamiento de la ciudad que retransmitían en directo la designación. Cuando el presidente Samaranch pronunció el nombre "Barcelona", los miles de voluntarios y los miles de vecinos que se habían añadido a ellos estallaron de alegría. Barcelona iniciaba una carrera para posicionarse en el mundo.