Hasta la semana pasada, todo el mundo daba por seguro que la intención de Pedro Sánchez era completar la legislatura que finaliza en julio de 2027, cuando se cumplen cuatro años de las últimas elecciones generales. Ni la ausencia de presupuestos generales del Estado, ni la pérdida de la mayoría parlamentaria, ni los innumerables casos de corrupción que atenazan al PSOE y a la familia del presidente del Gobierno parecían hacer mella en el inquilino de la Moncloa, que, siguiendo al pie de la letra su libro Manual de resistencia, se ha demostrado resiliente ante cualquier adversidad. Ello unido a esa actitud tan gallega de laissez faire, laissez passer, de esperar y ver pasar el cadáver de tu enemigo.

Así acabaron las elecciones andaluzas de hace ocho días: victoria amarga del PP, que, pese a su aplastante victoria, perdía la mayoría absoluta; derrota estrepitosa del PSOE y de su candidata, la exvicepresidenta del Gobierno María Jesús Montero, y un crecimiento moderado de Vox, que da síntomas de haber tocado techo. Un escenario todo, el que relajó a Sánchez y puso nervioso al entorno de Feijóo: ¿cómo vamos a aguantar así quince meses hasta las elecciones españolas? Y algo incluso peor: ¿y si remonta? Que hoy esté malherido no es suficiente. En política, el tiempo que resta hasta julio de 2027 es toda una eternidad.

El escudo de Pedro Sánchez ha muerto en combate y, si es cierto que lo que conocemos es tan solo un avance de lo que está por salir, que Dios coja confesados a los socialistas

Pero la bomba Zapatero lo ha cambiado todo: el escudo de Pedro Sánchez ha muerto en combate y, si es cierto que lo que conocemos es tan solo un avance de lo que está por salir, que Dios coja confesados a los socialistas. Los dos informes de la UDEF que han circulado prolijamente este fin de semana por las redacciones de los diferentes medios de comunicación son muy preocupantes para el expresidente. En total, unas 350 páginas que parten de una premisa clave para entrar en materia: "una red organizada, liderada y basada en los contactos de José Luis Rodríguez Zapatero". Todo un expresidente del Gobierno señalado por la policía como cabecilla de una organización criminal.

La comparecencia de Zapatero en la Audiencia Nacional el próximo 2 de junio en su condición de imputado se agrava después de la lectura de los informes de la UDEF. Pero, si en el terreno judicial el caso le va a dar más de un disgusto al expresidente, políticamente rompe las pocas costuras que aún sostenían al PSOE de pie, aunque lo esté grogui y sin capacidad de reacción. Zapatero ha sido el estandarte que hasta ahora emergía como el político honesto frente a tanta corrupción socialista. Eso se ha venido abajo, y a lo mejor es verdad que a Sánchez se le han acabado los conejos de la chistera. El PNV, siempre tan recatado a la hora de tomar distancias del PSOE, del que depende para mantener el gobierno en el País Vasco, ha olfateado sangre. Y este domingo, Aitor Esteban, el presidente de Euzkadi Buru Batzar, ha señalado que sería irresponsable que el presidente del Gobierno no pusiera punto final a la legislatura este 2026.

Y es que la imputación de Zapatero no solo desangra a los socialistas, sino que fuerza a sus aliados puntuales, socios estables y camaradas de gobierno a crear un perímetro de contención si no quieren ser devorados.