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Aunque a estas alturas ya todo el mundo sabe que la distancia entre Pedro Sánchez y Felipe VI es muy importante y se ha ido acrecentando a lo largo de la presente legislatura, a medida que los casos judiciales iban acorralando al presidente del Gobierno, lo que hemos oído este lunes, en la entrevista que le ha hecho la Cadena SER, se debería encuadrar en un género nuevo: el de un presidente al margen de la institucionalidad. El tono displicente que ha empleado y ese punto de desleal dejándole a los pies de los caballos por no haber ido nunca a Ceuta durante su reinado, tiene mucho de irreverente y de soberbio. Lo cierto es que quería pegarle una colleja y lo ha hecho, y, en contra de lo que pueda parecer, no es un gesto de valentía, sino de desesperación. De coraje hubiera sido salir en 2017 reprochándole a Felipe VI aquel infausto discurso del 3 de octubre, tras el referéndum.

Preguntado por un futuro viaje del rey a Ceuta, esta fue su respuesta: "El rey lleva 20 años reinando; ¿cuántas veces ha ido a Ceuta y Melilla en este tiempo?". Más allá de que debería saber que asumió la jefatura del Estado en junio de 2014 y, por tanto, solo son 12 años, lo más significativo es que una invasión desde Marruecos de esta magnitud no se había producido nunca.  El periodista le vuelve a preguntar: "Nunca habíamos tenido una crisis como esta". Por si no había quedado clara su posición, Sánchez insiste: "No, no, discúlpeme. Pero discúlpeme. No ha ido ninguna vez".  Después, eso sí, señaló que iría cuando se den las condiciones para ello. Una frase que sirve para todo: para que vaya, para que no vaya o para pulsar el termómetro de qué se debe hacer.

Lo segundo más sorprendente de la entrevista fue su desautorización a los servicios secretos españoles, el CNI. Ha dejado claro, contradiciendo a la ministra de Defensa, Margarita Robles, y alineándose con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que no se enteraron de la invasión. Aunque lo endulzó con palabras más suaves, como que no tuvieron información de la dimensión por parte del CNI de las 80.000 personas que cruzaron la frontera, no tuvo inconveniente en resaltar su incompetencia. En cambio, mantuvo su defensa a ultranza de las autoridades marroquíes y, por extensión, de Mohamed VI, el monarca alauita.

Para Sánchez, la culpa de lo ocurrido en Ceuta es de Israel, Rusia y la internacional ultraderechista, que habrían tratado de desestabilizar a través de bulos y desinformación durante la crisis migratoria

Para Sánchez, la culpa de lo ocurrido en Ceuta es de Israel, Rusia y la internacional ultraderechista, que habrían tratado de desestabilizar a través de bulos y desinformación durante la crisis migratoria. Según el presidente, la actuación de estos países en Ceuta tiene mucho que ver con las posiciones del Gobierno de España en "el genocidio en Gaza" o la invasión de Putin en Ucrania. Eso de buscar un enemigo exterior para suplir la incompetencia da para muchas bromas, pero son innecesarias. Como también es inútil y un punto ridícula su defensa del derecho a hacer vacaciones y a descansar, como un ciudadano más. Estaría eso bien si fuera un ciudadano más, pero no lo es por voluntad propia. Como no lo es cuando cualquier autoridad autonómica o municipal tiene un problema de una envergadura similar. En este caso de Ceuta, además, las medidas se han demorado un mes porque Sánchez estaba de vacaciones.

Resumiendo, el político guerrillero y combativo, el del Manual de resistencia, no parece haber vuelto de vacaciones. Al que ha regresado, le falta músculo, empatía, liderazgo y discurso.