El anuncio, pasadas las 21 horas de este viernes, del palacio de la Moncloa informando que el Gobierno español restablecía temporalmente los controles de viajeros procedentes de Italia, marca la crisis política más importante entre ambos países en los últimos años. Una vez más, el Gobierno español encuentra en un pulso con un país extranjero la mejor manera de hacer política interior, donde carece de mayoría parlamentaria para sacar adelante proyectos legislativos y una mayoría de diputados le ha instado a convocar elecciones ante esta situación. Fruto de ello, en los tres años que llevamos de legislatura, su gobierno ha sido incapaz de sacar adelante ni uno solo de los presupuestos generales del Estado y, aunque ha anunciado que lo intentará a la vuelta de verano, es una ecuación imposible, ya que los números no le salen.
En el último momento, Sánchez ha puesto una marcha más y lo que iba a ser una decisión a partir del lunes, los controles españoles, empezarán a las 00:00 del 8 de agosto en puertos y aeropuertos, serán aleatorios y comprobarán nacionalidad, identidad y, para extracomunitarios, visado o permiso de residencia. En principio, será así hasta el 7 de septiembre. El origen de la crisis entre Italia y España se remonta a la decisión del gobierno de Giorgia Meloni de imponer controles a viajeros procedentes de España por la crisis de Ceuta y la entrada masiva en muy pocas horas de 74.000 personas, la gran mayoría de las cuales volvieron a su país al día siguiente.
Una vez más, el Gobierno español encuentra en un pulso con un país extranjero la mejor manera de hacer política interior
Sánchez había contestado pidiéndole a la primera ministra que retirara la medida y la líder del país transalpino se había rebotado señalando que Italia no aceptaba ultimátums y, en consecuencia, mantenía la medida hasta el día 15. No era casual la fecha, ya que desde hace días hay una campaña importante en las redes sociales convocando para ese día una nueva invasión de Ceuta desde Marruecos. El último episodio, hasta el momento, ha sido la respuesta de Sánchez fijando para ya controles a quienes lleguen de Italia. El Gobierno de Sánchez, además de la medida, utiliza una puya directa hacia Italia al señalar en la nota que la decisión de España se produce por la persistente presión migratoria irregular que sufre Italia. La frase tiene subhistoria, ya que es el mismo argumento que utilizó Meloni para imponer los controles procedentes de España.
La crisis tiene su importancia, porque dos países importantes de la Unión Europea se imponen controles recíprocos como una medida sobre los controles y la política de inmigración. Que dos países como Italia y España tensionen el Código de Fronteras Schengen coloca también en un brete a la Comisión Europea, que no podrá mantenerse al margen. Sus movimientos habían sido de cercanía a España, ya que la crisis de Ceuta de manera muy importante se había reconducido, aunque no solucionado del todo. Pero ahora, ese segundo plano de la Comisión no va a poder seguir siendo así y tendrá que tomar una posición más clara. Y todo ello, con la mirada de qué sucederá el día 15, si las amenazas se confirmarán y si Marruecos cerrará sus fronteras o hará la vista gorda como el pasado 30 de julio.