Con la aprobación por el plenario del Ayuntamiento de Barcelona, la capital catalana da un paso definitivo para que en 2028 sea una realidad el Museo Carmen Thyssen en el Palau Marcet, el antiguo Cine Comedia del paseo de Gràcia esquina con Gran Via de les Corts Catalanes. Después de su cierre en enero de 2024 y tras tres vidas radicalmente diferentes desde su construcción en 1887, en las que ha sido residencia burguesa, teatro y el icónico Cine Comedia, el palacio, levantado por encargo de Ramon de Marcet, un adinerado empresario de la época, inicia una nueva vida.
El proyecto final, fruto de varios acuerdos entre el PSC y Junts, busca rehabilitar el palacio para que la fachada recupere sus tonalidades originales de finales del siglo XIX. Ha habido concesiones por ambas partes que han modificado la volumetría de las dos plantas que se edificarán por encima del inmueble y se ha reducido el número de metros cuadrados que se dedicarán al uso comercial y complementario. Nada que decir: los acuerdos son eso, concesiones por ambas partes para primar, por encima de todo, el interés general. Y, en este aspecto, todas las partes han salido ganando, también los barceloneses.
No es la primera vez que destaco la capacidad y la necesidad de acuerdos: Barcelona no avanza si no es con grandes acuerdos
En la sede museística se integrará el arte en la estructura histórica y se añadirá un edificio anexo para servicios como una tienda y un café con vistas al paseo de Gràcia. Es una lástima que al acuerdo no se haya sumado Esquerra Republicana, que, si aspira a ocupar un espacio central en la arquitectura de partidos de la ciudad, debe sumarse a estas iniciativas. Aunque la colección será privada, de la baronesa Thyssen, el arte de los siglos XIX y XX se verá reforzado y habrá un nuevo espacio cultural en Barcelona tras el fracasado Museo Hermitage, que acabó descarrilando por un fuerte componente ideológico.
No es la primera vez que destaco la capacidad y la necesidad de acuerdos: Barcelona no avanza si no es con grandes acuerdos. Solo hace falta ver que es así cuando las cosas se hacen bien. Hay organismos donde el consenso acaba siendo definitivo, como la Fira de Barcelona, que esta semana ha cerrado con éxito el Salón Alimentaria, convertido con el Mobile World Congress en sus banderines de presentación. Ahora, con las municipales a la vuelta de la esquina, los acuerdos serán más difíciles, pero hay que seguir impulsándolos y, aunque es obligación de todos, mucho más de quien ostenta el poder, en este caso, el alcalde Jaume Collboni.