Mucha televisión y pocas explicaciones

Si la campaña electoral del 20-D fue la más televisiva de la historia, la del 26-J va a moverse en un registro idéntico, cuando no superior. Los líderes políticos españoles ya no explican lo que van a hacer, sino que se limitan a asistir a un debate televisivo o a enviar a las redacciones un vídeo cuidadosamente preparado para que todos demos cuenta del mismo. Los mensajes han dejado paso a las imágenes, los programas electorales han cedido su lugar a los insultos, eso sí, cuidadosamente envasados y los grandes mítines se han transformado en actos de pequeño formato muy pensados para la televisión. No nos dicen cómo van a componérselas para gobernar España después del 26-J, ni con quién van a pactar, y mucho menos cuáles van a ser sus primeras medidas si llegan a la Moncloa. El único que se ha adentrado en este terreno ha sido Mariano Rajoy que ha hablado de bajar impuestos y las carcajadas han sonado lejos, muy lejos, después de lo vivido tras los comicios del 2011 y el fuerte aumento del IRPF y el IVA a las pocas semanas de la mayoría absoluta del PP.

La repetición del debate televisivo entre Iglesias y Rivera ha tenido mucho de remake y de confirmación que segundas partes nunca fueron buenas. Perdida la frescura de la primera vez, todo quedaba, en esta ocasión, como demasiado impostado, mientras los golpes bajos y las descalificaciones tomaban el relevo de aquellas imágenes que fueron, hace menos de medio año, una bocanada de aire fresco en la vida política. Hoy ya actúan como Rajoy y Sánchez y los cuatro son como una copia de aquella política que decían que iban a dejar atrás. ¿O no hay nada más impostado, por ejemplo, que oír a Rivera en Salvados escandalizarse porque Iglesias expresa su disposición a alcanzar acuerdos con el independentismo vasco y catalán? Es que lleva meses diciéndolo.

La campaña nos va a traer como novedad, si los partidos españoles cumplen lo que han anunciado, una presencia casi simbólica de los grandes líderes estatales. Ni Rajoy ni Sánchez visitarán en las dos semanas de campaña la ciudad de Barcelona y Rivera e Iglesias lo harán con cuentagotas. Esta situación permitirá, en parte, catalanizar algo la campaña y que el debate no sea exclusivamente español. Los/las Domènech, Rufián, Homs, Batet, Girauta y Fernández tendrán un terreno de juego para discutir entre ellos, lo que rescatará el proceso político que vive Catalunya como un elemento de debate, cosa que no sucedió el 20-D. Y, por en medio, los presupuestos de la Generalitat o los incidentes de Gràcia como teloneros de un malestar político y ciudadano más que evidente.