Durante tres horas, la consellera de Interior, Núria Parlon, y el director de la Policía, Josep Lluís Trapero, devolvieron en el Parlament todas y cada una de las críticas de todos los partidos parlamentarios, excepto las del suyo propio, el PSC, y el Partido Popular, que les formularon por la infiltración de dos agentes de los Mossos d'Esquadra en una asamblea del sindicato USTEC, convocada para preparar las jornadas de huelga contra la política educativa de la Generalitat. Como en el edificio de La Rambla, construido en 1892, donde el fotógrafo Napoleón tenía su estudio y su vivienda, que posteriormente fue el famoso Frontón Colón y, al final de su existencia, en los años setenta, salón de baile, los dos miembros del Govern practicaron el deporte de pelota vasca por parejas, la modalidad más popular, espectacular y estratégica. En ese juego por parejas, que se disputaba en el local del final de las Ramblas, ante una afición comprometida durante las primeras décadas del siglo pasado, se repartían en la cancha un delantero, con una posición puramente ofensiva para rematar los tantos, y un zaguero, al fondo de la cancha, con una labor defensiva y de desgaste.
Parlon y Trapero, en un tono más humilde que el del Departament estas últimas fechas, no consiguieron adhesiones que antes de empezar no tenían, pero tampoco abrieron ningún nuevo frente político. La labor más ingrata fue la de Trapero, a la postre el responsable directo de la crisis abierta y sobre quien el presidente de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras, dijo que tendría que dimitir y, si no, el president Salvador Illa tendría que cesarlo. Junts, Comuns y la CUP también lo han solicitado y han ampliado las dimisiones a la consellera. Vox no ha desvelado sus cartas, pero ha estado en una posición abiertamente crítica. Consellera y director de la Policía se limitaron a bajar la responsabilidad tan hacia abajo que, en realidad, no se sabe aún quién tomó la decisión de infiltrar a los mossos en la asamblea del sindicato USTEC de hace un par de semanas. Primero, fue la consellera Esther Niubó quien dijo que ella se había enterado poco menos que por la prensa de la presencia de agentes de la policía autonómica en la asamblea de profesores y otros miembros afectados del sector educativo. La consellera d'Educació aseguró no tener ni idea y que las explicaciones debían venir del Departament d'Interior.
Parlon y Trapero no consiguieron adhesiones que antes de empezar no tenían, pero tampoco abrieron ningún nuevo frente político
Siguió la oficina del cuerpo de Mossos d'Esquadra, que asumió la infiltración y apuntó que el objetivo era poder hacer una valoración de amenazas y riesgos para garantizar la seguridad pública. También añadió que ese hecho no solo era legal, sino que estaban obligados a hacerlo. En pleno incendio con los maestros, esa posición fue rebajada con el paso de las horas. Este miércoles, Parlon y Trapero pusieron el acento en señalar que todo había sido una maniobra operativa mal planteada, que no había mala fe ni una actitud antidemocrática, que pedían disculpas y que se iba a abrir una información reservada interna para poder detectar dónde había estado el error operativo. La consellera Parlon tampoco sabía nada y el director Trapero, ídem de ídem. La oposición no se conformó con las explicaciones, que rebatió con contundencia y más o menos éxito, pero, más allá de la gravedad de los hechos, no parece que vaya a tener consecuencias en forma de dimisiones de manera inmediata.
El único que las puede exigir es Junqueras, que ha pedido la de Trapero, pero que también ha señalado que no tiene nada que ver ese cese con la carpeta de presupuestos de la Generalitat que van a aprobar PSC y Esquerra a principios de la semana próxima, una vez que se hayan celebrado las elecciones andaluzas. Los socialistas catalanes no han querido que las cuentas públicas perjudicaran a la socialista Maria Jesús Montero en su lucha por no naufragar en los comicios del domingo. Al renunciar Esquerra a utilizar la dimisión de Trapero como una exigencia previa, todo queda, en todo caso, a la espera de un compromiso privado a materializar en el medio plazo. Dicho eso, a la infiltración de los Mossos no se le ha acabado el recorrido político, ni el desgaste interno en el seno de la policía autonómica, que ha quedado expuesta a unas prácticas que perjudican claramente su imagen ante la sociedad catalana.
