Durante toda esta semana se ha hablado, y mucho, como es normal, sobre la encuesta del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO), que viene a ser el CIS catalán, y sus proyecciones electorales dentro de dos años. Sobre los resultados del sondeo en clave de previsiones electorales en mayo de 2028 —muy horrorosos para Junts, malos para el PSC, excelentes para Aliança y optimistas para Esquerra— se ha escrito abundantemente, cosa que es normal, ya que las encuestas tienen sobre todo este atractivo, expresan tendencias, la muestra es siempre de las más altas y el CEO llevaba mucho tiempo sin ofrecer resultados, habiéndose saltado, incluso, la del primer cuatrimestre del año.
Pero, como suele suceder en este tipo de encuestas río en las que se le pregunta al electorado sobre un sinfín de cosas, no se ha puesto suficientemente el acento en la valoración de los catalanes sobre las instituciones. Se ha destacado, eso sí, que los ayuntamientos, el Govern, las instituciones europeas y el Parlament eran las más valoradas; de hecho, solo los ayuntamientos aprueban (5,3), pero en cambio se ha corrido un tupido velo sobre la pésima valoración de la monarquía española (2,2), siendo la institución peor valorada. De las 12 que aparecen en el ranking, están por delante las cuatro antes citadas y, además, los sindicatos, los tribunales, el gobierno español, las asociaciones empresariales, el Congreso de los Diputados, los partidos políticos y la Iglesia católica (2,5). Solo esta última y la monarquía están por debajo del 3.
Este pésimo dato de valoración, cuando se analiza por partido votado, es incluso más revelador: solo la aprueban con el 5,5 los votantes del PP y la suspenden todos los demás
Como el CIS hace ya muchos años que dejó de formular esta pregunta, para ahorrarse tener que dar explicaciones, seguramente, sobre un mal resultado, los únicos datos de la opinión en España los tenemos a través de los medios de comunicación y no de un organismo oficial. Este pésimo dato de valoración, cuando se analiza por partido votado, es incluso más revelador: solo la aprueban con el 5,5 los votantes del PP y la suspenden todos los demás. El PSC (3,5), Vox (3,3), Comuns (1,3), Junts per Catalunya (1,2), Esquerra (1,1), Aliança (1,1) y CUP (0,4). Si echamos la vista atrás, en el barómetro realizado por el CEO en el último trimestre de 2017, poco antes de la declaración de independencia en el Parlament, la valoración de la monarquía entre la sociedad catalana era del 1,81 y, cuando llegó Salvador Illa a la presidencia de la Generalitat, era de un 2.
Siempre, eso sí, como la institución peor valorada. Eso no ha cambiado en ninguno de los barómetros que se han realizado en los últimos diez años. Encajar las piezas del puzle en un mapa político como el catalán es siempre más complicado que en otros lugares, ya que, por ejemplo, en el Parlament hay representación de ocho fuerzas políticas. El paso del tiempo ofrece miradas políticas diferentes en una década. Han cambiado gobiernos y mayorías parlamentarias. Se ha pasado de reclamar la independencia de manera mayoritaria a postular desde el Govern que Catalunya había vuelto a la normalidad. Pero, por debajo, hay una constante que no varía: la gran distancia de la sociedad catalana con la monarquía española.
