Aunque la visita de Felipe VI la próxima semana a Ceuta y Melilla va a poner a prueba las relaciones con Marruecos, vayan por delante tres consideraciones previas. En primer lugar, transcurridos prácticamente dos meses y medio de la invasión de unas 80.000 personas a Ceuta por la permisividad de la policía marroquí, el monarca alauí ni ha pedido perdón, ni ha tenido gesto alguno que permita pensar que sutilmente hay una mínima disculpa. En segundo lugar, los esfuerzos de Mohamed VI por presentar a su país como un socio fiable y situar lo que sucedió el pasado 30 de julio en el tejado de los tribunales españoles son, sobre todo, una excusa, ya que la invasión no se hubiera producido sin la complicidad de la policía marroquí.
En tercer lugar, su frase más relevante, si a algo suena, es a presión: "Nuestra colaboración para controlar la inmigración depende de nuestra voluntad; no deis por hecho que seguirá en las mismas condiciones si nos presionáis". Mohamed VI sitúa así la cooperación en el terreno de las cosas voluntarias y, en consecuencia, tiene toda la capacidad para decidir cuánto y cómo colabora. Al añadir que no acepta presiones, amenazas ni chantajes, señala abiertamente que exigirle más o confrontarlo políticamente podría afectar a su colaboración con España.
Los esfuerzos de Mohamed VI por presentar a su país como un socio fiable y situar lo que sucedió el pasado 30 de julio en el tejado de los tribunales españoles son, sobre todo, una excusa, ya que la invasión no se hubiera producido sin la complicidad de la policía marroquí
Mohamed VI es, a sus 63 años, un rey con una salud delicada y una limitada presencia pública. Es evidente que se lo ve físicamente limitado y este mismo viernes, cuando llegó al Parlamento para leer su discurso, se lo vio apoyado en una muleta y con la voz muy débil. En esta situación ha de gestionar la visita de Felipe VI, algo que históricamente siempre genera una gran tensión. El ejemplo más claro es que solo se han producido dos desplazamientos reales en el siglo XX y en el XXI. Alfonso XIII en 1927 y Juan Carlos I, en 2007. Ahora será el tercero y con el mismo formato de visitar las dos ciudades españolas.
Marruecos, que reclama la soberanía de las dos ciudades, Ceuta y Melilla, se encuentra con una visita no deseada, agendada por la Zarzuela tras la invasión y con la Moncloa poniendo numerosos palos en las ruedas para tratar de cortocircuitar el viaje. La elección de los ministros de jornada, Ángel Víctor Torres, Política Territorial, en Ceuta, y Elma Saiz, Inclusión, Seguridad Social y Migraciones en Melilla, es de perfil bajo, en línea con el precedente de Juan Carlos I, que lo hizo acompañado de Elena Salgado, entonces ministra de Administraciones Públicas. En el caso de Alfonso XIII fue muy diferente y estuvo acompañado por el jefe de Gobierno y el ministro de la Guerra.
La subida de tono de Mohamed VI tiene que ver también con la más que previsible llegada de la derecha a la Moncloa tras las elecciones del 29N. Sus relaciones con el PP no han sido buenas últimamente y Mohamed VI deja una advertencia previa: una política más dura por parte de España tendrá consecuencias. Un mensaje que también es para Felipe VI, para que controle la dialéctica de los próximos días.