Macron, una revuelta que ya no domina

Emmanuel Macron forma parte de estos políticos que, sobre todo, son astutos. Aplazan todos los problemas que tiene el país y dedican buena parte de su tiempo a buscar alianzas que les permitan seguir en el poder. Es cierto que Francia padece una concatenación de problemas, a cual más difícil solución: las obligadas reformas que el país necesita se han ido aplazando presidente tras presidente y el inquilino del Elíseo de turno ha sido incapaz de dar un paso al frente y poner por delante lo que se tiene que hacer a lo que se puede hacer. Así, Francia ha caído en un largo sueño que ya dura décadas, mientras los franceses esperan que en algún momento llegue al Eliseo alguien que coja el toro por los cuernos y tenga la energía de François Mitterrand en los años ochenta, el último presidente que consiguió impulsar una transformación política y social de gran alcance con un proyecto reconocible y una mayoría parlamentaria sólida. Sus sucesores —Chirac, Sarkozy, Hollande y Macron— aprobaron reformas, pero no lograron construir un consenso duradero alrededor de una transformación comparable.

Esto ha hecho que la situación se vaya degradando y las protestas de decenas de miles de estudiantes, que este jueves tomaron literalmente la simbólica plaza de la Bastilla de París, y que llevan más de dos semanas manifestándose contra el deterioro de la enseñanza pública y reclamando más de 10.000 millones de euros adicionales para educación, son un ejemplo. Es una revuelta estudiantil que recuerda algo a la de Mayo del 68 y se ha extendido por las principales ciudades como un reguero de pólvora. Hasta el momento, más de 500 centros educativos han cerrado por las movilizaciones, se han producido centenares de detenciones y un adolescente de 15 años perdió una mano durante una intervención policial. El gobierno, en un intento de rebajar la tensión, ha suspendido temporalmente el uso de granadas aturdidoras en estas protestas. Hoy, la plaza de la Bastilla ha vuelto a convertirse en el epicentro de las manifestaciones. Con la mirada puesta ya en las elecciones presidenciales de mayo —a las que Macron no se puede presentar—, detrás del movimiento de protesta, que cuenta con el apoyo de sindicatos y sectores de la izquierda, está la mano de La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, que ve en las protestas una posibilidad de cobrar ventaja frente a otros candidatos en la batalla para acompañar a Marine Le Pen en la segunda vuelta de las presidenciales.

Francia está viviendo una combinación especialmente delicada por la debilidad parlamentaria, el deterioro de las finanzas públicas y la movilización social

Así, Francia está viviendo una combinación especialmente delicada por la debilidad parlamentaria, el deterioro de las finanzas públicas y la movilización social. La primera y la tercera son las más visibles, pero la segunda es realmente el nudo gordiano que amenaza a Francia. La contradicción fundamental es que el Estado necesita ahorrar decenas de miles de millones de euros precisamente cuando una parte importante de la población reclama más inversión y protección frente al encarecimiento de la vida. Francia empieza a tener un problema financiero serio y hoy mismo los ministros de Economía de la eurozona y el Banco Central Europeo han presionado a Francia para que apruebe unos presupuestos creíbles. La cuestión es: ¿cómo se hace esto con la situación que atraviesa el país galo? Francia ya tuvo dos primeros ministros antes del actual, Sébastien Lecornu, que ocupa el cargo desde hace un año: Michel Barnier y François Bayrou, que cayeron a los infiernos por los presupuestos. Lecornú necesita reducir un déficit público muy elevado, pero su Asamblea Nacional está tan fragmentada que resulta extraordinariamente difícil aprobar los ajustes necesarios. Y esa situación impide responder a la disciplina presupuestaria que los mercados financieros exigen, mientras que buena parte de la oposición rechaza los recortes.

En estos momentos, no se puede ser optimista respecto a la evolución de Francia, ya que hay señales claras de que la protesta puede ir a más y, sobre todo, de que puede convertirse en una crisis social y política mucho más amplia. El riesgo para el hábil Macron es que confluyan las tres protestas: los estudiantes, contra el deterioro educativo; los trabajadores, contra la pérdida de poder adquisitivo; y los sectores afectados por los recortes presupuestarios. Le Monde, el diario de referencia francés del centroizquierda, ha advertido del riesgo de una coalición de descontentos sociales, una frase que aquí podemos entender fácilmente porque no nos es tan lejana, ya que los enfadados están en todas partes. El principal riesgo político para Macron es que una protesta que tiene su origen contra las condiciones educativas termine convirtiéndose en una protesta general contra su presidencia y acabe desembocando en una nueva crisis de gobierno a tan solo siete meses de las presidenciales francesas.