La economía española sigue mostrando signos de debilidad extrema y las previsiones de que el paro escale por encima del 20 % el año próximo son realistas. El Banco de España, que tradicionalmente suele ofrecer pronósticos mejores que otros organismos internacionales como la OCDE o el Fondo Monetario Internacional, ha confirmado que el PIB de este año caerá dos dígitos -entre el 10,7% y el 11,7%- y la española será, seguramente, la economía europea que se comportará peor haciéndose evidentes los efectos devastadores de la crisis sanitaria y económica. El desplome del otrora denostado turismo ha venido a demostrar lo que era evidente pese a las posiciones dogmáticas de algunos: sin visitantes, España es un país a la deriva y no tiene agarraderas para aguantar tsunamis como el que ha originado la pandemia del coronavirus
Junto al derrumbe del PIB vendrá el aumento del paro -por encima del 20% a lo largo del 2021- un porcentaje que no se conoce desde 2015 y que de alguna manera ahora está conteniendo la implementación de los ERTE en multitud de empresas y que no hacen otra cosa que amortiguar lo que ya serían unas cifras escandalosas. Aunque es poco discutible que los ERTE han sido beneficiosos para la excepcionalidad del momento y numerosas empresas que eran viables han encontrado en esta medida una ayuda imprescindible, es necesario que las políticas económicas se orienten lo más rápidamente posible a la creación de riqueza. Solo así se saldrá del bucle en que nadie da el primer paso porque las incertidumbres sobre la economía aún son muy altas.
Porque de no ser así, a la crisis sanitaria y económica actual aún puede sumarse una tercera crisis: la paralización o el temor de los sectores empresariales a no implicarse en la recuperación económica ya que las políticas gubernamentales no les acompañan. De como se realice la distribución de las importantes ayudas europeas -alrededor de 140.000 millones entre créditos y ayudas- y de su rapidez dependerá que esta ingente cantidad de dinero sirvan para la dinamización de la recuperación y la potenciación de nuevos sectores económicos o para que haya empresas que equilibren sus cuentas, hoy en grandes números rojos.
El mismo Banco de España prevé diferentes escenarios de recuperación aunque el más razonable lo sitúa en 2023 para alcanzar los niveles del PIB de 2019. Es un tiempo enormemente largo que acabará siendo intransitable si el gobierno español no se pone las pilas y deja que sean las autonomías, como ha reclamado Catalunya, las que distribuyan las ayudas europeas y se tenga muy en cuenta ayudas fiscales reales y no de boquilla para remontar una economía que está en la UCI.