¿Puede caer el régimen de los ayatolás? Esta es la pregunta sin una respuesta contundente que recorre las cancillerías occidentales y que se plantean por primera vez y con una base bastante sólida numerosos analistas de política internacional. La impresión general es que aún no. El régimen tiembla y el suelo presenta desplazamientos y grietas importantes, pero no se vislumbra un hundimiento inmediato. El régimen actual que comenzó tras la Revolución Islámica de 1979, cuando el clérigo chiita Ruhollah Jomeini volvió de París y derrocó al sah Mohammad Reza Pahlaví, estableciendo una República Islámica teocrática, se enfrenta por primera vez a manifestaciones diarias desde hace dos semanas, que se iniciaron debido a las difíciles condiciones económicas, y en las que ya han muerto al menos 45 manifestantes, entre ellos ocho niños. Se trata de las mayores manifestaciones desde las protestas a gran escala que se desencadenaron en 2022, tras la muerte de la joven Mahsa Amini, de 22 años, mientras se encontraba bajo la custodia de la policía religiosa. En un país en que la autoridad religiosa suprema (el líder supremo, un ayatolá) tiene la última palabra, consolidando un sistema que subordinó los poderes civiles a la ley islámica y la guía del clero chiita, las imágenes a través de las redes sociales en las que se puede oír a los manifestantes corear muerte al dictador, dirigidas a Alí Hoseiní Jamenei, que se desempeña como líder supremo de Irán desde 1989, son muy importantes.
En medio de estas tensiones, la represión en Irán no ha hecho más que aumentar. Después de los vídeos de las protestas masivas en Teherán y otras ciudades, el régimen recurrió a una táctica habitual para reprimir la disidencia: cortó las comunicaciones en todo el país. Así, Irán quedó más aislado aún del mundo, ya que la información que se filtra es mucho menor y ello comporta angustia y preocupación para muchos iraníes en el extranjero y para los activistas de derechos humanos. Lo más preocupante de esta decisión son los precedentes, ya que los cortes suelen ser la antesala de una sangrienta represión de las protestas, lo que hace temer que el régimen pueda volver a utilizar el corte como excusa para una respuesta brutal. En esta salvaje represión de la dictadura iraní ha mediado dialécticamente —tampoco es una sorpresa— el presidente estadounidense Donald Trump, quien reiteró su amenaza de atacar Irán si las fuerzas de seguridad continúan matando a manifestantes.
Aunque Venezuela queda muy lejos de Irán, las dos décadas de relación estrecha entre ambos regímenes sirve para especular que la caída de Maduro puede acelerar la de Jamenei
En el origen de las protestas, también está que millones de iraníes se enfrentan a una inflación desenfrenada y a una moneda en caída libre. Los comerciantes empezaron a rebelarse contra la situación económica del país en el Gran Bazar de Teherán. Así, la onda expansiva de la depreciación del rial, la moneda nacional de Irán, ha perdido durante 2025 un 69% de su valor frente al dólar. Irán enfrenta una inflación anual superior al 42 %, mientras que la inflación punto a punto entre noviembre y diciembre ascendió al 52 % respecto al mismo periodo del año pasado. Todo ello ha provocado una protesta diferente a las anteriores, ya que el origen no ha estado en una fábrica o una universidad, sino en los mostradores de los comerciantes de tecnología de Teherán. Las llamadas de Jamenei al pueblo iraní para responder unidos al enemigo americano y la apelación a que la República Islámica llegó al poder por la sangre de cientos de miles de personas nobles y no retrocederá ante quienes buscan destruirnos no han tenido el efecto disuasor de antaño.
Esperando un cambio absoluto está Reza Pahlavi, hijo del último sah de Persia, exiliado en EE.UU. y desde donde anima las protestas. El hijo mayor del sah, derrocado en 1979, utiliza las redes sociales para arengar a los manifestantes y ha vuelto a ofrecerse como alternativa en el caso de que haya un cambio de régimen. Reza Pahlavi estaba destinado a gobernar Irán, pero desde hace casi medio siglo no vive allí, y aunque se han oído consignas contra Jamenei y a favor de la restauración de los Pahlavi, aventurar este futuro es casi una quimera. Aunque Venezuela queda muy lejos de Irán, las dos décadas de relación estrecha entre el régimen bolivariano y el de los ayatollahs sirve para especular que la caída de Nicolás Maduro puede acelerar la caída de Jamenei. De hecho, el Times publicó hace poco que Jamenei podría tener un plan de escape hacia Moscú, emulando la huida primero y el exilio después de Bashar al-Ásad, escapado a la capital rusa en diciembre de 2024, si el ejército iraní mostrara síntomas de flaqueza.