La decisión de la FIFA de abrir un expediente disciplinario a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) por los cánticos racistas que se produjeron durante el amistoso entre España y Egipto, celebrado en el RCDE Stadium el pasado martes 31, es lo menos que podía pasar. Supone una mancha para los organizadores, que han visto como los cánticos de "musulmán el que no bote" han acabado dando la vuelta al mundo. De rebote, para la imagen de Barcelona, ya que, aunque el estadio está en Cornellà, la imagen del club y su proximidad con la capital catalana hacen que la acción de un numeroso grupo de energúmenos no haya pasado inadvertida. El máximo organismo de fútbol ha abierto un expediente disciplinario que puede acabar con una sanción económica contra la RFEF, la obligación durante una serie de partidos de mostrar mensajes antiracistas o, incluso, sanciones leves ocasionales.
La FIFA ha aplicado el artículo 15 de su código disciplinario, que castiga cualquier conducta discriminatoria, como racismo, xenofobia, religión, etc. La normativa no deja lugar a dudas y la federación española de fútbol es responsable, aunque los actos los protagonicen los aficionados. El hecho de que la RFEF reaccionara durante el partido aminorará la sanción, aunque el simple expediente actuará como una losa en el futuro, y si hay reincidencia o gravedad, las sanciones suben mucho. La FIFA establece un claro baremo de sanciones en función de la gravedad, que van desde la más baja, las multas económicas, hasta un escalado que se inicia con partidos con aforos reducidos o a puerta cerrada, deducción de puntos o, en casos extremos, expulsión de competiciones. No se va a llegar al grado máximo por muchas razones, entre las que también está la organización del Mundial de fútbol que en el año 2030 se celebrará en tres países: España, Portugal y Marruecos.
Pero si Barcelona tenía alguna opción de acoger la final de aquel mundial, frente a Madrid o Casablanca, es muy probable que se haya evaporado. La federación española no se ha hecho acreedora de un gesto de tanta confianza después de un incidente tan sensible y, de golpe, Casablanca es la gran beneficiada. De todas maneras, la cuestión, más allá de la sanción que acabe imponiendo la FIFA, es cómo debe ser tratado un incidente de esta naturaleza. Y ahí las medias tintas no deberían valer. Los hechos fueron muy graves y vergonzosos. No fueron una anécdota de un reducido grupo de aficionados. Tampoco fueron puntuales. Las televisiones de todo el mundo se hicieron eco, así como el resto de medios de comunicación y las redes sociales. Los cánticos "musulmán el que no bote" coreados en un estadio de fútbol tienen, además, un factor negativo añadido: solo una sanción lo suficientemente contundente servirá para hacer pedagogía entre la sociedad y, de manera especial, entre la juventud.
Con los sofisticados sistemas de seguridad existentes hoy en día en un estadio, se puede perfectamente identificar a sus responsables y prohibirles la entrada a un campo de fútbol durante una larga temporada
El fútbol es a día de hoy el principal espejo en que se mira una parte importante de la población. Con los sofisticados sistemas de seguridad existentes hoy en día en un estadio, se puede perfectamente identificar a sus responsables y prohibirles la entrada a un campo de fútbol durante una larga temporada. Y si hay que sancionar para que la medida sea ejemplar a España con algún partido a puerta cerrada, que se haga. Ante estas situaciones, nada es mucho si se consigue que no vuelva a suceder. De la misma manera que hemos defendido que es inexplicable que no haya habido sanción alguna contra los que insultaron en el Santiago Bernabéu a Lamine Yamal el 21 de abril de 2024, en un clásico Madrid - FC Barcelona, ahora la situación es la misma. El hecho de que el árbitro no incluyera en el acta aquellos insultos no hizo que dejaran de existir. Como se pudo observar perfectamente por televisión. En estas situaciones, no hay nunca una sanción exagerada si los parámetros que se adoptan son siempre los mismos. Dicho más claramente, no hay una sanción para Vinicius y otra para Lamine. Igual que no hay una para España y otra para cualquier otro país. En un partido Bulgaria-Inglaterra, un grupo de aficionados hizo saludos nazis y cánticos racistas y tuvo consecuencias, con una multa importante y un partido a puerta cerrada parcialmente.