Aunque el refrán dice que "a grandes males, grandes remedios", la política siempre tiene su propia traducción del mismo. En el caso que nos ocupa desde hace una semana, la crisis de Rodalies, Regional y Media distancia y que ha acabado desembocando en un caos, en el que cuesta saber cuál será la situación al día siguiente, el conocido proverbio ha pasado a ser "a grandes males, pequeños remedios". Una semana han tardado en producirse los primeros ceses y el resultado que se nos ofrece es el de verdaderas cabezas de turco. Cargos de un nivel intermedio para salir del paso y desde el Ministerio de Transportes demostrar contundencia. Así, se ha destituido al director operativo de Rodalies, Josep Enric Garcia Alemany, y en el caso de Adif, también se ha producido el cese de Raúl Míguez Bailo, director general de explotación y mantenimiento.
Con este movimiento, el Gobierno trata de parar el golpe de las peticiones de dimisiones del ministro Óscar Puente y de la consellera Sílvia Paneque, reclamadas por varios grupos en el Congreso de los Diputados y en el Parlament, entre ellos Junts per Catalunya y Esquerra Republicana. Ni Pedro Sánchez piensa prescindir de Puente, ni Salvador Illa de Paneque, incluso el president de la Generalitat, hospitalizado desde el pasado día 17 en el Vall d'Hebron, ha rechazado este lunes las peticiones de cese de su consellera. Habrá que ver quién o quiénes se dan por satisfechos con estos ceses: ¿El Govern, que había reclamado destituciones? Quizás sí. ¿Junts, que había reclamado a través de Carles Puigdemont el cese de Puente y Paneque? Parece imposible. ¿Esquerra, que había exigido en boca de Oriol Junqueras lo mismo que Junts? No parece probable.
Más allá de que García Alemany y Raúl Míguez son eso, chivos expiatorios para eximir a los verdaderos responsables, resulta que esa película ya la hemos visto estos últimos años en varias ocasiones. Al menos, en dos ocasiones. García Alemany, ingeniero de caminos, canales y puertos, accedió a la dirección operativa de Rodalies en marzo del pasado año, procedente de la Empresa Municipal de Transportes de Valencia. Ha estado, por tanto, al frente del servicio durante los últimos diez meses. Había accedido al cargo en sustitución de Antonio Carmona, de 48 años, que había trabajado durante los últimos 20 años en el equipo de comunicación de la empresa en Catalunya y en la actual crisis vuelve a ser la cara visible con los medios de comunicación. Carmona estuvo en el cargo de director de Rodalies también un año, desde abril de 2024. O sea, Rodalies ha amortizado en 22 meses dos directores sin que ninguna de las crisis que obligaron a marchar a sus responsables tuviera solución alguna. Ahora llegará el tercero en menos de dos años y, en consecuencia, no hay motivo alguno para ser optimistas.
El déficit de inversión en infraestructuras en Catalunya se estima en aproximadamente 40.000 millones de euros, acumulado entre 2009 y 2022
Aquí vamos moviendo la pelotita, entregando al gobierno peones en esta crisis, mientras los que realmente toman decisiones se esconden en sus palacios de cristal. Y no será porque no se hayan puesto cifras a la enorme desinversión de estos años: el déficit de inversión en infraestructuras en Catalunya se estima en aproximadamente 40.000 millones de euros, acumulado entre 2009 y 2022, según informes de Foment del Treball. Una falta de inversión crónica afecta especialmente a carreteras, ferrocarriles y puertos. Abordar esta sangría de millones debe ser un objetivo irrenunciable de partidos y agentes económicos catalanes. Ha habido una asfixia premeditada de años y años por parte de los diferentes gobiernos españoles, y de los últimos 22 años, solo algo más de seis, el inquilino de la Moncloa ha sido del PP; Pedro Sánchez lleva más de ocho y el resto son de Zapatero. Hoy eso ya no lo discuten ni en Madrid.
¿Vamos a ser menos en Catalunya a la hora de exigir una reparación histórica? Vuelve a ser dinero, ciertamente. Pero no cometamos el error de aceptar inversiones del Ministerio. Que se nos traspase el dinero y ya se gestionará desde Catalunya. Lo otro, la lluvia de millones, ya sabemos como acaba. Aunque, con tanta agua acumulada estas últimas semanas, parezca un sarcasmo. Por cierto, el caos de este lunes es tan injustificable como la paciencia de los usuarios. Los trenes no se solucionarán en años, pero el premio Guinness a la resignación debe quedarse en Catalunya.