La aceptación de Alberto Núñez Feijóo de que el Partido Popular concurra en alianza con Vox, la formación que lidera Santiago Abascal, con la fórmula que sea en un total de 23 provincias, supone, básicamente, la constatación de que el líder de la derecha española acepta que estas son unas elecciones entre bloques: en un lado, las derechas del PP y Vox y en el otro, las izquierdas lideradas por Pedro Sánchez y a su lado el Frente Amplio, Esquerra Republicana-Podemos, Bildu y algunos partidos más. Se rompe así una tradición de la democracia española y el PP cruza una frontera política: la colaboración con Vox deja de ser exclusivamente parlamentaria o de gobierno y pasa a ser también electoral. El hecho de que sea parcial, no en todas las provincias, y en el Senado, no en el Congreso de los Diputados, es en buena medida anecdótico y un ejemplo de cómo han ido evolucionando las cosas estos últimos tiempos en la derecha española: de aquel PP que marcaba distancias con Vox y confrontaba su proyecto en gobiernos autonómicos, se ha pasado a esbozar ante el electorado que ambos partidos están preparados para la etapa que se abre después del 29N si alcanzan la soñada mayoría absoluta en la Cámara Baja.
Si a algo se asemeja este acuerdo es al que se alcanzó en Italia en las elecciones generales de 2022, cuando Forza Italia de Silvio Berlusconi se presentó en una coalición electoral con Hermanos de Italia de Giorgia Meloni y la Liga de Matteo Salvini. No fue simplemente un pacto para gobernar. Concurrieron juntos a las elecciones, coordinaron candidaturas y compartieron un programa electoral. La coalición ganó con aproximadamente el 44 % de los votos. Aquí no es exactamente igual, ya que solo es parcial en el Senado, pero políticamente sigue el mismo camino de acuerdo y de consenso. Tampoco es igual quién lo lidera, puesto que en Italia fue la formación más a la derecha de Meloni y en España es la más desplazada, teóricamente hacia el centro. Otro elemento destacable es que el PP asume antes de las elecciones que va a quedar, por sí solo, muy lejos de la mayoría absoluta y que solo le valdrá el acuerdo con Vox. De los 137 escaños actuales y logrados en 2023, el horizonte que dibuja es ir a la baja y, si echamos la vista atrás a aquellas elecciones españolas, su aspiración era construir una mayoría poliédrica con partidos periféricos cuando fuera necesario o, si no, con Vox. Ahora esto queda muy lejos de cualquier análisis y Vox está siempre en la ecuación.
En clave catalana, eso quiere decir que en dos de las cuatro circunscripciones provinciales, en Girona y Tarragona, los votantes del PP solo podrán votar en el Senado a los candidatos de Vox
¿Por qué se hace este acuerdo en el Senado y no en el Congreso? En primer lugar, porque en la Cámara Baja, con las encuestas conocidas, en un 99 % de las combinaciones posibles la mayoría absoluta está asegurada. El problema está en la Cámara Alta, donde ahora el PP tiene mayoría absoluta. En los comicios del 29N, la izquierda ha alcanzado un acuerdo electoral para el Senado en 43 provincias, mucho más amplio territorialmente que el del PP y Vox. Se llama Senado de Progreso y fue anunciado el 16 de octubre. Ahora el PP trata de replicarlo en 20 provincias menos, con el objetivo primero de que la derecha mantenga la mayoría absoluta, pero también intentar lograr las tres quintas partes de la Cámara, cosa que es imprescindible para determinados cambios de cargos institucionales, como los miembros del Tribunal Constitucional.
Por ello han llegado a acuerdos variados y diferentes, pero con este objetivo en 23 provincias. En 6 de ellas Vox retira sus candidaturas: Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Cádiz, València, Castelló y Balears. En otras 14 provincias, Vox presenta un único candidato: Sevilla, Huelva, Asturias, Badajoz, Álava, Navarra, Cáceres, Huesca, Zaragoza, Alacant, Granada, Cuenca, Pontevedra y Jaén. Y, finalmente, en 3 provincias el PP retira sus candidaturas: Girona, Tarragona y Gipuzkoa. En clave catalana, eso quiere decir que en dos de las cuatro circunscripciones provinciales, en Girona y Tarragona, los votantes del PP solo podrán votar en el Senado a los candidatos de Vox. Que los populares hayan aceptado esto en tres provincias y dos sean catalanas es un plato de mala digestión, ya que reconoce dos cosas: una que no tiene discusión, como es que el PP nunca ha conseguido un senador de elección directa en Catalunya en unos comicios españoles; pero también otra, que de todos los lugares posibles, donde tiene que hacer este sacrificio en beneficio de Vox es en Girona y Tarragona. Dos provincias en las que, por otro lado, el pacto puede quedar en suma cero a menos que los votantes de Orriols se desplacen preferentemente hacia el partido de Abascal, que ya ha empezado a hacerle guiños.