La apertura este domingo de la Casa Macià, en Prats de Molló, como espacio de memoria es básicamente un acto de reparación histórica. Durante décadas, la casa desde la que Macià preparó, en 1926, el alzamiento armado para liberar Catalunya del dominio de la dictadura de Primo de Rivera y proclamar una República catalana independiente, quedó fuera de la memoria pública, aunque parezca extraño. Durante este tiempo, Villa Denise fue una propiedad privada y la iniciativa para convertirla en un espacio de memoria solo cuajó cuando salió a la venta. La familia propietaria la había mantenido casi intacta hasta el año 2020, pero ya no podía mantenerla durante mucho más tiempo.
Como en otras ocasiones de la historia de nuestro país, fue un empresario, Jaume Aragall, quien compró la villa cuando salió a la venta por 350.000 euros y cedió su uso a las asociaciones que querían abrirla al público. La expresidenta del Parlament Carme Forcadell y el exconseller Lluís Puig impulsaron entonces su recuperación a través de Amics de la Casa Macià. Para la puesta a punto se han destinado 530.000 euros, de los que 350.000 fueron para rehabilitar el edificio y su entorno y alrededor de unos 180.000 euros para la exposición permanente. Con la recuperación de la Casa Macià se pretende devolver a la memoria pública el lugar donde se prepararon los hechos de Prats de Molló. Una visita que permite entender cómo se organizó la expedición de 1926, quiénes participaron en ella y cómo una operación frustrada acabó dando al president Macià una proyección política que hasta entonces no tenía. La exposición recupera también los nombres y las historias de los voluntarios que quedaron a la sombra del futuro president.
Recuperar la casa un siglo después permite volver al lugar donde todo parecía acabado y entender cómo, a partir de aquella derrota, empezó a cambiar la trayectoria política de Macià
Ese es el valor de la historia. El 4 de noviembre de 1926, cuando los gendarmes entraron en la Villa Denise, todo parecía acabado para Macià. Cinco años después, cuando proclamó la República Catalana, se pudo entender hasta qué punto aquella derrota lo había ayudado a llegar hasta allí. Recuperar la casa un siglo después permite volver al lugar donde todo parecía acabado y entender cómo, a partir de aquella derrota, empezó a cambiar la trayectoria política de Macià. También devuelve un lugar en esa historia a quienes la hicieron posible, a los voluntarios de la expedición y a la gente que los acogió en la Catalunya Nord, al otro lado de la frontera con Francia.
La presencia del president Jordi Pujol en el acto es especialmente significativa, ya que representa la reconstrucción de la Generalitat y es el artífice de la construcción nacional de Catalunya a partir de 1980. Sus 23 años al frente del gobierno de Catalunya son clave para esa consolidación, y Pujol trazó en varias ocasiones su identificación con Macià, con aquel president que sabía pactar y exigía respeto para Catalunya. Lo explicó el propio Pujol en el Parlament, en 2009, cuando señaló que admiraba de Macià su patriotismo, su coraje y su capacidad de llegar a la gente. Fue en aquella ocasión cuando Pujol acuñó una expresión que hizo fortuna, refiriéndose al expresident al que retrató políticamente como el precursor de un pragmatismo no claudicante. Once años antes, en una ofrenda ante su tumba, fue aún más lejos y, en un tono entre personal e intimista, apuntó que "no estamos [Catalunya] donde Macià y nosotros querríamos".
