El presidente en funciones de Andalucía, Juanma Moreno, ha perdido la primera votación para la reelección por 56 votos en contra y 53 a favor después de que solo le haya otorgado sus votos el Partido Popular y el resto de grupos, PSOE, Vox, Adelante Andalucía y Por Andalucía, hayan votado en contra. Eso que, en clave española, y desde la mentalidad madrileña influenciada por Isabel Díaz Ayuso, es, sin duda, un problema, ya que lo que tiene que hacer Moreno es dejarse de romances y pactar con la formación de Santiago Abascal, es justamente lo contrario. El perfil centrista que quiere defender Moreno se defiende no cediendo ante Vox y llevando hasta el final la amenaza que ayer formuló desde la Cámara legislativa autonómica: las elecciones autonómicas se repetirán el 25 de octubre si Vox no cede en sus pretensiones de exigirle en su programa que incorpore la prioridad nacional.
Como que hoy en día los principios suelen durar bastante poco y los candidatos buscan el acuerdo aunque luego no lo cumplan —eso está a la orden del día en cualquier investidura y los ejemplos de los últimos tiempos serían múltiples—, dudo mucho que PP y Vox mantengan las espadas en alto y se acabarán poniendo de acuerdo. Quién sabe si, incluso en la segunda votación, dentro de 48 horas, en que ya no se requiere mayoría absoluta de 55 escaños y los 15 diputados de Vox pueden desde abstenerse, algunos cambiar su voto o ausentarse del pleno, los escaños suficientes para que Moreno sea investido. Ya se sabe, los políticos, y más en el mundo de la derecha española, tienden a ser cobardes a la hora de adoptar decisiones contundentes. En eso, tampoco se parecen a Pedro Sánchez, que a su resiliencia une su audacia, aunque, en muchos casos, sea fruto de la desesperación. Sobre todo últimamente.
Los políticos, y más en el mundo de la derecha española, tienden a ser cobardes a la hora de adoptar decisiones contundentes
Moreno no debería ceder en la prioridad nacional de Vox, el principio político defendido por la ultraderecha que reivindica que los ciudadanos españoles deben tener preferencia frente a los extranjeros en el acceso a los servicios públicos, las ayudas sociales, la vivienda protegida y el mercado laboral. Esa carta, cuando le faltan tan solo tres escaños para la mayoría absoluta, es un triunfo para Vox que no debe servírselo en bandeja. Y el PP andaluz debería entender mejor que ninguna otra formación política cómo han conseguido desbancar al PSOE en una comunidad autónoma en la que parecía que eso sería imposible. En todas las hemerotecas se puede encontrar como una verdad imbatible que Andalucía era, sin discusión alguna, el granero del socialismo español. Hoy el PP, además del gobierno regional, tiene la alcaldía en las ocho capitales de provincia y la presidencia de seis diputaciones; solo la conserva el PSOE en Huelva y Jaén.
Ello se ha basado en un enfoque del partido mucho más centrista y un candidato que ha jugado este rol, abriendo una brecha de trasvase de votos que el PSOE no ha podido taponar. Alinearse con Vox en Extremadura, Aragón o Castilla y León no es igual que en Andalucía, ya que es esa última comunidad la única en que puede conseguir la mayoría absoluta y a ello debería aspirar con una repetición electoral. Es muy posible que este artículo acabe siendo efímero y que PP y Vox se pongan de acuerdo y pelillos a la mar. Mucho más, conociendo los miedos que tiene el PP español a hacer enfadar a Vox y el vértigo a mantenerse firmes en las negociaciones. Los políticos han entregado sus movimientos a una buena narrativa, pensando que con el relato se acaba ganando todo. Eso acaba siendo, la mayoría de las veces, pan para hoy y hambre para mañana.