Por término medio, los coches privados pasan hasta un 90% del tiempo aparcados. Este es uno de los motivos del auge del carsharing o el coche compartido, que cada vez se está haciendo más presente en nuestro día a día urbano. Esta tendencia se presenta como una "solución eficiente" en las colas y una alternativa sostenible, que aboga en cierta manera por la pérdida progresiva de la propiedad del vehículo.

De hecho, cada vez hay más personas con carnet de conducir que no tienen coche, ya sea porque no tienen posibilidades de mantener un vehículo propio o porque directamente ni se lo plantean. Dentro del carsharing, sin embargo, hay varias modalidades. Particulares que comparten su coche por trayectos, como es el caso de plataformas como BlaBlaCar; particulares que ponen a la disposición su vehículo sin conductor, como el caso de Drivy o SocialCar; o incluso empresas que ofrecen una flota de coches y se alquilan por un tiempo limitado, como Bluemove.

En este contexto, las plataformas de carsharing son cada vez más populares. Drivy es un ejemplo: es una startup que ofrece este servicio y que actualmente cuenta ya con un total de 5.500 coches registrados sólo en España, de los cuales 1.250 se encuentran en la ciudad de Barcelona.

El director de Drivy en España, Jaume Suñol, explica que "el momento de uso de un coche se tiene que racionalizar, los coches no son los vehículos idóneos para utilizar en la ciudad, pero tienen que estar accesibles para poder marcharse fuera y si eso no pasa, a la larga el usuario opta por comprarse un vehículo". Según Suñol, sin embargo, "en el momento en que eso pasa, este usuario hará uso de su vehículo, y la ciudad habrá perdido una oportunidad más de mejorar la movilidad. Cuantos más vehículos compartidos menos congestión, más espacio en las calles". De hecho, según un estudio de la misma empresa, cada coche compartido equivale a 10 coches privados y libera hasta 9 plazas de parking, cosa que aumenta las posibilidades de descongestionar las ciudades e invertir el espacio disponible para otros usos.

En este sentido también es la opinión de Mar Alarcón, fundadora de SocialCar, una empresa nacida en el 2011 que se dedica al carsharing y, desde hace unas semanas, se ha lanzado al mercado de las VTC -vehículos de alquiler en conductor. Según explica Alarcón, "un coche propio es mucho más caro que utilizar una plataforma de carsharing, ya que el gasto mensual entre mantener el vehículo, aparcar y la bencina se va a unos 400 o 500 euros mensuales, y al final sólo utilizamos realmente el coche los fines de semana o durante las vacaciones", asegura. Si en vez de eso se "alquila" un vehículo cuando se necesita, "el gasto es muy inferior".

"Movilidad es sinónimo de libertad"

"Es el futuro, vamos para acá, la movilidad compartida ya se ha consolidado como concepto, pero para poder llegar a no tener coche tiene que haber una movilidad multimodelo en las ciudades", asegura Alarcón. Es decir, el transporte metropolitano tiene que ser eficiente de manera que el coste de oportunidad de no tener un coche en propiedad sea más bajo, y alquilarlo o compartirlo cuando realmente haga falta un vehículo privado. "Al final, tener un coche se acabará convirtiendo en un lujo, y cuántas más soluciones y alternativas hay de transporte, menos necesario se hace".

De hecho, con el auge del carsharing, cada vez más gente apuesta por no tener un coche en propiedad. Según el estudio de Drivy, hasta un 72% de los usuarios no tiene coche propio, y el 81% de los que no tienen aseguran que tampoco quieren tener en un futuro. De hecho, la tendencia es tan clara que grandes marcas automovilísticas ya han empezado a dar pasos hacia este camino. Es el caso de Seat, por ejemplo, que presentó en el marco del Mobile World Congress en Barcelona su nuevo modelo Minimó, un coche pequeño pensado para entrar en el mundo del vehículo compartido.

También Audi ha dado un paso en esta dirección con su modelo AI:ME, un prototipo de coche eléctrico y autónomo que la marca presentó en el Salón de Frankfurt como "un coche de momentos" preparado para entrar en las plataformas de carsharing. Y es que "cuando las grandes marcas empiezan a hablar de eso es que lo ven como una amenaza", asegura Alarcón. "Lo que no sé es si tienen la fórmula adecuada", que según Alarcón, "es que no se concentre en pocas manos". "La movilidad es sinónimo de libertad y no puede estar en manos de monopolios, tiene que haber varios operadores para que sea más competitivo y rentable", asevera.

A nivel de sostenibilidad, la movilidad compartida ofrece grandes ventajas. Según explican desde Drivy, con el carsharing "la reducción de gases contaminantes podría llegar a un 60% como consecuencia no sólo del número de coches que se dejan de fabricar, sino también por la reducción de kilómetros por persona y año que se dejarían de recorrer en coche en favor de otros medios más sostenibles como el transporte público, la bicicleta o los desplazamientos a pie". Al mismo tiempo, cada vez más las plataformas dedicadas a este tipo de transporte apuestan por vehículos eléctricos o híbridos.

Sea como sea, el carsharing está posicionando cada vez más como una alternativa a la adquisición de un vehículo privado, y no sólo en coches, sino también con motocicletas como eCooltra o Scoot, entre muchas otras. La movilidad compartida ha llegado para quedarse, aunque todavía tiene que superar retos tanto a nivel legal como fuera de las urbes, dónde falta todavía oferta de estos servicios.

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