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Pablo Aimar sigue cerca del fútbol que lo convirtió en un jugador inolvidable, aunque ahora trabaja desde el banquillo. El argentino que enamoró a Mestalla forma parte del cuerpo técnico de Lionel Scaloni, una función desde la que ha contribuido a los éxitos recientes de Argentina. Su historia guarda una conexión especial con Leo Messi: quien fue uno de sus referentes de infancia terminó acompañándolo en la selección que conquistó el Mundial de Qatar.

En este sentido, su papel va más allá del recuerdo de aquel mediapunta elegante. Aimar aporta conocimiento del juego y cercanía dentro de un equipo técnico que ha construido buena parte de su fortaleza alrededor de la confianza. La AFA lo reconoce como una pieza importante del ciclo de Scaloni, campeón del mundo en 2022, ganador de dos Copas América y de la Finalissima.

El futbolista que puso a Mestalla a sus pies

Antes de esa etapa, Aimar dejó una huella profunda en el Valencia. Llegó desde River Plate en enero de 2001 y pronto encontró su sitio entre los protagonistas de uno de los mejores periodos del club. Disputó la final de la Champions de aquel año y participó en las Ligas de 2002 y 2004, además de la Copa de la UEFA y la Supercopa de Europa.

 

De esta manera, su nombre quedó asociado a una forma de jugar que combinaba controles orientados, paredes y pases capaces de romper una defensa. Después pasó por el Zaragoza y el Benfica, donde también se ganó el cariño de la afición. Las lesiones fueron condicionando sus últimos años, pero el recuerdo de su talento sobrevivió a las dificultades físicas y explica que todavía despierte tanta admiración.

De referente de Messi a acompañarlo desde el banquillo

La relación con Messi aporta una dimensión particular a su segunda vida futbolística. El capitán argentino admiraba a Aimar cuando era joven; años después, lo encontró dentro del grupo de trabajo que debía ayudarlo a ganar con su selección. Ese vínculo formó parte del entorno de confianza construido por Scaloni, que reunió a antiguos internacionales para acompañar la renovación del equipo.

Así pues, Aimar ha encontrado continuidad en un oficio distinto. Ya no necesita recibir entre líneas para influir en un partido: ahora observa, comparte ideas y ayuda a preparar a quienes juegan. Para los aficionados del Valencia, seguirá siendo aquel futbolista capaz de cambiar una jugada con un toque. Para Argentina, es también uno de los hombres que contribuyeron a construir una selección campeona.