José Mourinho se ha vuelto a sentir cómodo en el Spotify Camp Nou. Después de más de una década de aquellos shows lamentables como entrenador del Real Madrid, ahora ha vuelto a enfrentarse al Barça y ha entrado por la puerta grande. El técnico portugués sigue con su mentalidad provocadora y cada gesto que hace, estudiadísimo, sigue generando tensión a cualquier adversario.
El José Mourinho de siempre
Pasan los años y todo sigue igual. Mourinho volvió a visitar el feudo blaugrana y volvió a demostrar que aquella versión tan provocadora de su primera etapa en el banquillo merengue no se ha ido. Un Mourinho que ya en la previa del Clásico calentó el partido, pero que lo acabó de hacer explotar sobre el césped. Discutiendo con los árbitros desde el principio, presionando cada vez que salía de la zona de banquillos y demostrando que todavía tiene energía para crispar a todo el mundo.
No hizo ni caso a los cánticos que le dedicaron desde la grada culé. Pero tampoco reaccionó con el primer gol de Kylian Mbappé, que suponía el 1-0 en el marcador. Un Mourinho que parecía calmado, pero que no sería así. A medida que fueron pasando los minutos del Clásico se fue encendiendo su versión más polémica y acabó con una nueva celebración icónica.

La celebración más provocadora de José Mourinho
Ya en el tramo final del partido, con un empate en el marcador, llegó el gol de la sentencia de Mbappé. Una gran celebración de los jugadores merengues dentro del campo, pero el espectáculo de verdad estaba lejos de los grandes protagonistas. Mourinho, ya mucho más entonado y metido dentro del partido, soltó toda la rabia con una celebración particular: Mourinho se puso de rodillas, sacó el puño y también la lengua. Una imagen que todo el estadio y el banquillo del Barça pudieron ver sin problemas.
DE RODILLAS Y CON LA LENGUA FUERA 💥 MOURINHO SIENDO MOURINHO. Su celebración del 1-2 del Real Madrid en el Camp Nou #ELCLÁSICOenDAZN https://t.co/LLJOBPYjRD
— DAZN España (@DAZN_ES) October 25, 2026
Una provocación en toda regla que recuerda a tiempos pasados. Todo el mundo tiene presente aquel día que su Inter de Milán eliminó al Barça de Frank Rijkaard de la Champions League y corrió por el campo mientras se encendían los aspersores. También el lamentable gesto de poner el dedo en el ojo de Tito Vilanova en la Supercopa de 2011 o cuando esperó al árbitro Fernando Teixeira Vitienes en el parking después de un Clásico de 2012.
Parecía que Mourinho había vuelto al Real Madrid de una manera diferente, más relajado, más maduro y más alejado de las polémicas, pero la realidad es que sigue siendo el mismo que antes. Un primer Clásico de la temporada que se lleva el Real Madrid y que le sirve a José Mourinho para dar su particular golpe sobre la mesa. Y, si de paso ha podido provocar a los culés, un punto más que le da la parroquia blanca.