Un huevo, pan y un vaso de leche con cacao. Ese era el desayuno de los jugadores del Barça en una época en la que entrenar también significaba ajustar el reloj para llegar después al trabajo. La historia del club conserva una escena concreta en el 29 de julio de 1915, los 22 integrantes del primer equipo disputaron un partido de entrenamiento a las seis de la mañana.
Para que pudieran desayunar, la entidad entregó una peseta y media a cada futbolista. La comida los esperaba en el bar del campo de la calle Indústria, donde se desarrollaba buena parte de la vida azulgrana. El menú permite acercarse a la rutina de aquellos jugadores desde un detalle cotidiano: qué comían después de madrugar para jugar al fútbol, antes de continuar con sus obligaciones laborales.
Entrenar de seis a ocho antes de ir a trabajar
En este sentido, el horario tenía una explicación práctica. Según recoge el propio Barça en su recopilación histórica de anécdotas, era habitual entrenarse entre las seis y las ocho para encajar después la jornada laboral. El fútbol debía encontrar sitio alrededor del empleo. Aquel encuentro entre compañeros formaba parte de una organización muy distinta de la que hoy permite dedicar toda la actividad profesional a entrenar y competir.

De esta manera, el desayuno ayuda a entender el esfuerzo que suponía formar parte del equipo. Antes de empezar a trabajar, los futbolistas ya habían completado su actividad deportiva. La peseta y media destinada a comer refleja cómo el club atendía una necesidad inmediata. Vista desde hoy, la escena tiene algo sorprendente: quienes defendían la camiseta azulgrana debían compaginar esa responsabilidad con otra ocupación que marcaba sus horarios.
El bar de un campo que vio crecer al Barça
El escenario también explica aquel momento. El campo de la calle Indústria, situado en la actual calle París, fue la casa del Barça entre 1909 y 1922. Conocido como l’Escopidora, acompañó el crecimiento de una entidad que empezaba a consolidarse deportiva y socialmente. Sus gradas también quedaron vinculadas al origen de la denominación de culés, por los espectadores que se sentaban sobre la cerca del recinto.
Así pues, aquel huevo con pan y leche cuenta más que una costumbre alimentaria. Sitúa al primer equipo en un campo integrado en la ciudad y recuerda una rutina condicionada por el trabajo. Una mañana de julio, 22 jugadores madrugaron para entrenarse y después desayunaron con la ayuda del club.