El Barça disputó tres partidos contra el Estrasburgo, no perdió ninguno y acabó eliminado por una moneda. Sucedió en 1965, en los octavos de final de la Copa de Ferias. Mucho antes de las fatídicas noches de Anfield y Roma, el conjunto azulgrana sufrió un desenlace difícil de imaginar hoy, ya que después de no conseguir resolver la eliminatoria sobre el campo, su continuidad europea quedó en manos de un sorteo.
El primer encuentro terminó 0-0 en Francia, el 20 de enero. La vuelta se celebró el 10 de febrero en Barcelona y tampoco dejó un ganador: el resultado fue 2-2. La igualdad obligó a buscar otra fecha y disputar un tercer partido. Los dos equipos tuvieron que volver a enfrentarse para decidir una clasificación que seguía abierta después de los encuentros previstos inicialmente en aquella ronda continental.
El tercer partido tampoco rompió la igualdad
En este sentido, el desempate del 18 de marzo ofrecía una última oportunidad para resolver el cruce sobre el terreno de juego. Pero el marcador volvió a quedarse sin goles. El Barça y el Estrasburgo habían encadenado tres empates y ninguno podía presumir de haber derrotado al otro. La resistencia francesa mantenía bloqueada la eliminatoria, mientras los azulgranas agotaban otra ocasión de conseguir el pase con una victoria.

De esta manera, la decisión pasó a depender del procedimiento que permitía deshacer aquella igualdad: una moneda al aire. El sorteo favoreció al Estrasburgo y dejó fuera al Barça. Después de tantos minutos intentando marcar diferencias, la clasificación terminó dependiendo de algo que los jugadores ya no podían controlar. Ningún remate, parada o cambio táctico podía modificar el resultado de aquel último trámite que cerró su participación europea.
Un gol evitó repetir el desenlace en 1966
El recuerdo resulta todavía más llamativo porque el peligro de la moneda reapareció al año siguiente. En la final de la Copa de Ferias de 1966, frente al Zaragoza, el empate también podía conducir a un sorteo. Así lo recoge el relato histórico del propio club sobre aquella conquista. En esa ocasión, Lluís Pujol marcó en el último minuto de la prórroga para establecer el 2-4 definitivo y asegurar el título.
Así pues, el fútbol europeo de aquellos años podía llevar una eliminatoria desde tres partidos hasta una moneda. El Barça sufrió ese desenlace en 1965 y consiguió evitarlo en 1966. La caída contra el Estrasburgo conserva una singularidad: se marchó eliminado sin haber perdido un encuentro.