Mikel Arteta ha terminado dando por buena la salida de Gabriel Jesus después de una etapa marcada por demasiadas interrupciones. El delantero brasileño sigue teniendo calidad, movilidad y capacidad para asociarse, pero sus problemas físicos se han convertido en un factor imposible de ignorar. El Arsenal llevaba tiempo manejando informes preocupantes sobre su continuidad competitiva y ahora considera que desprenderse de él era la decisión más lógica.
El gran problema de Gabriel Jesus ha sido precisamente ese: no consigue mantenerse sano durante periodos largos. Cada vez que parecía recuperar ritmo y confianza, una nueva molestia frenaba su progresión. Esa irregularidad ha terminado afectando también a su rendimiento, porque el delantero ya no muestra la misma explosividad ni la misma continuidad que ofrecía en sus mejores años.
Las lesiones alteran por completo su valoración
Mikel Arteta siempre valoró mucho su inteligencia táctica y su capacidad para participar en la construcción del juego. Gabriel Jesus puede caer a bandas, bajar a recibir y generar espacios para sus compañeros. Sin embargo, el Arsenal necesita también un delantero fiable desde el punto de vista físico, alguien capaz de estar disponible durante buena parte de la temporada.

Ahí es donde el brasileño ha perdido terreno. La acumulación de lesiones ha reducido su continuidad y ha generado dudas sobre si puede volver a sostener el nivel exigido durante meses. Además, después de tantos parones, su impacto cerca del área ya no es el mismo.
Tampoco es el nueve más efectivo de cara a portería
El otro punto que preocupa es su eficacia. Gabriel Jesus nunca ha sido un delantero puramente rematador y eso se ha hecho más evidente con el paso del tiempo. Puede aportar mucho al juego, pero no siempre convierte en gol las ocasiones que genera el equipo. Arteta entiende que para competir por los grandes títulos necesita un nueve más contundente, disponible y regular. Por eso, aunque públicamente siempre protegió al jugador, internamente el Arsenal veía cada vez más claro que una venta podía beneficiar a todas las partes.
La operación permite liberar espacio y buscar un perfil distinto para el ataque. Gabriel Jesus tiene nombre y calidad de sobra, pero las lesiones y la falta de contundencia de cara a portería han pesado demasiado. Arteta ha terminado aceptando una realidad que llevaba tiempo creciendo dentro del club: el brasileño ya no ofrece las garantías necesarias para ser la referencia ofensiva de un equipo que aspira a ganar todo.