Luis de la Fuente afronta ante Austria uno de los partidos más delicados desde que asumió el mando de España. La selección llega como favorita, pero una eliminación en dieciseisavos del Mundial sería un golpe difícil de explicar después de ganar la Eurocopa y presentarse en Estados Unidos como una de las grandes candidatas al título.
El empate ante Cabo Verde, el sufrimiento contra Uruguay y la falta de continuidad en el juego de ataque han generado dudas pese al liderato del grupo. España no ha encajado goles y va recuperando la mejor versión de Lamine Yamal, pero todavía no ha mostrado durante noventa minutos la versión dinámica y vertical que convirtió al equipo en campeón de Europa.
La eliminación abriría un debate inmediato
Caer frente a Austria no sería únicamente despedirse demasiado pronto del torneo que más ilusión genera desde hace mucho tiempo. También prolongaría una racha muy negativa. Y es que España no gana una eliminatoria mundialista desde la final de 2010. Después de las decepciones de Brasil, Rusia y Catar, otra salida prematura obligaría a revisar profundamente el proyecto.

De la Fuente tiene contrato hasta 2028 y la Federación no ha planteado su destitución, como es evidente. Sin embargo, los contratos no protegen a un seleccionador cuando el resultado queda muy lejos de las expectativas. Una derrota ante un rival inferior sobre el papel provocaría críticas sobre la convocatoria, el estado físico del equipo y decisiones como mantener jerarquías que no están ofreciendo rendimiento.
Austria puede castigar todas las dudas de España
El conjunto de Ralf Rangnick planteará una presión alta, intensa y muy física. Ese estilo puede incomodar a una España que ha circulado demasiado despacio en algunos momentos del Mundial en la salida de balón. Si Rodri y Pedri no encuentran los espacios y los extremos no aceleran el juego como deben hacerlo, el partido puede convertirse en una prueba incómoda y peligrosa.
Si bien es cierto que la trayectoria y los títulos logrados pesan mucho, De la Fuente sabe que se lo juega todo a una carta. Una eliminación inesperada en dieciseisavos cambiaría por completo su posición. De ser un referente indiscutible pasaría a estar cuestionado, y la Federación tendría que decidir si mantiene el proyecto hasta la Eurocopa de 2028 o inicia una nueva etapa. Ganar a Austria no solo significa avanzar: también permite al seleccionador conservar la autoridad construida durante los últimos años.