La influencia de Lamine Yamal en el Barça va mucho más allá de lo que sucede sobre el césped. El joven talento azulgrana empieza a tener un peso real en las decisiones internas y ha dejado muy clara su postura respecto a dos nombres clave del vestuario: Jules Koundé y Alejandro Balde. Para Lamine, ambos deben ser intocables, y una posible salida de cualquiera de los dos podría generar un conflicto serio dentro del club.
Lamine considera que Koundé y Balde son apoyos imprescindibles, tanto a nivel futbolístico como emocional. Se entiende a la perfección con ellos en el terreno de juego, especialmente en su banda, y valora su respaldo constante en el día a día del vestuario. Por eso no acepta que, pese a su bajón de rendimiento reciente, se les coloque en el mercado como piezas prescindibles.
Un encaje clave dentro y fuera del campo
En lo deportivo, Lamine siente que su juego se potencia con Koundé y Balde a su lado. Con el francés ha desarrollado una conexión táctica que le permite asumir riesgos ofensivos con mayor libertad, mientras que con Balde comparte automatismos, apoyos y una complicidad que va más allá de los esquemas. Esa confianza mutua es, para él, un factor diferencial.

A nivel interno, ambos futbolistas son referentes para Lamine. Le protegen, le aconsejan y actúan como un escudo en un vestuario cada vez más exigente. El extremo entiende que perder esos apoyos debilitaría su posición y alteraría equilibrios que considera fundamentales para su crecimiento y para el rendimiento colectivo del equipo.
Lamine usa su peso para frenar posibles salidas
Consciente de su estatus actual, Lamine ha empezado a utilizar su influencia para intentar frenar cualquier intento de traspaso. Quiere que Koundé y Balde mantengan su rol y sigan siendo piezas estructurales del proyecto, incluso en un contexto de ajustes y decisiones drásticas. Para él, no todo puede medirse en términos de mercado o rendimiento puntual.
El mensaje que llega desde su entorno es claro: si el Barça decide prescindir de Koundé o Balde, puede haber lío. No solo por la reacción de Lamine, sino por el impacto que tendría en la cohesión del vestuario. El club se enfrenta así a un dilema delicado: ajustar la plantilla o proteger a su gran joya.