A lo largo de la pasada temporada, Ansu Fati volvió a dejar destellos de enorme calidad, pero este año también confirma el problema que terminó alejándolo del Barça como lo es la falta de continuidad física y competitiva. En Mónaco sigue siendo capaz de generar ocasiones, aparecer cerca del área y marcar diferencias con pocos toques, pero todavía cuesta verlo encadenar semanas completas al máximo nivel. Eso es precisamente lo que Hansi Flick no podía asumir en una plantilla que necesita disponibilidad constante.
Su reaparición ante el Pisa volvió a mostrar las dos caras del futbolista. Por un lado, su talento sigue intacto y nadie lo pone en duda. Es capaz de interpretar espacios, asociarse y producir peligro con mucha facilidad. Por otro, continúa necesitando una gestión muy específica y todavía genera dudas sobre si podrá sostener ese rendimiento durante una temporada entera.
Hansi Flick necesitaba certezas, no apariciones
Ese era el gran problema para Flick. El técnico nunca dudó de la calidad de Ansu, pero sí de si podía ofrecerle regularidad. En un equipo que juega con una intensidad muy alta, presiona constantemente y necesita delanteros capaces de repetir esfuerzos, disponer de un futbolista condicionado físicamente supone un riesgo demasiado grande.
Desde Francia también siguen apareciendo esas dudas. El periodista Christopher Roux, que sigue habitualmente al Mónaco, ha señalado en palabras a Sport, que le cuesta confiar completamente en el jugador porque “solo destaca a ratos” y porque su físico continúa pareciendo frágil. Es una percepción que encaja con lo que el Barça llevaba tiempo viendo.
El talento nunca fue el problema
Lo más frustrante es que, cuando está bien, Ansu sigue demostrando por qué llegó a ser considerado uno de los grandes talentos que ha surgido de La Masia. Cerca del área conserva gol, intuición y una capacidad especial para crear peligro. Incluso su nuevo cuerpo técnico insiste en que debe jugar más arriba para aprovechar mejor esas virtudes.
Pero el Barça necesitaba algo más que momentos. Flick requería disponibilidad, continuidad y capacidad para soportar un calendario muy exigente. Por eso la salida terminó siendo prácticamente inevitable. Ansu Fati puede volver a ser importante si consigue estabilidad física, pero mientras su cuerpo siga obligándolo a frenar, seguirá existiendo la misma duda que terminó condicionando su etapa azulgrana: nadie cuestiona su talento, el problema es cuánto tiempo puede mantenerlo sobre el césped.
