Ganar el Open de Australia ha permitido a Carlos Alcaraz entrar definitivamente en la historia del tenis al convertirse en el jugador más joven en ganar los cuatro Grand Slams, pero el éxito deportivo no se traduce íntegramente en un rédito económico neto. A pesar de levantar el trofeo en la Rod Laver Arena y llevarse el premio más elevado jamás repartido por el torneo, el tenista murciano verá cómo una parte muy importante de estos ingresos no llegarán nunca a su cuenta corriente. El motivo es la fiscalidad australiana, que aplica impuestos elevados a los deportistas extranjeros que compiten en el país.
El golpe fiscal a Alcaraz por ganar el Open de Australia
El premio bruto para el campeón del cuadro masculino es de 4.150.000 dólares australianos, una cifra que representa un incremento del 19% respecto a la edición anterior. Sin embargo, esta cantidad está sujeta a una tasa impositiva aproximada del 32,5%, según informan medios australianos. Esto implica que Alcaraz tendrá que pagar cerca de 1.350.000 dólares australianos en impuestos, es decir, casi 800.000 euros. Una vez aplicada esta retención, el ganador del Open de Australia acabará percibiendo alrededor de 1.600.000 euros netos. A diferencia de otros deportes, los tenistas no tributan a través de la ATP o la WTA, sino que lo hacen según la legislación del país donde se disputa cada torneo. En el caso de Australia, los tenistas internacionales son considerados residentes fiscales no permanentes, lo que les obliga a declarar todos los ingresos generados dentro del territorio australiano. Además, estos ingresos deben declararse también ante Hacienda, aplicándose los mecanismos para evitar la doble imposición por los impuestos ya pagados en el extranjero.

Una realidad que va más allá de Alcaraz
La situación no es nueva, pero vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el reparto de los ingresos en los grandes torneos. Según medios australianos, representantes de los diez primeros jugadores y jugadoras del ranking mundial mantuvieron reuniones con la organización antes del inicio del torneo para reclamar una porción mayor de los beneficios globales del Open de Australia. El objetivo sería compensar el impacto fiscal que reduce de manera considerable las ganancias finales de los campeones.
A pesar de esta pérdida económica, el balance global de Alcaraz continúa siendo extraordinario. Con este triunfo, el murciano ya supera los 62 millones de dólares acumulados en premios a lo largo de su carrera, consolidándose entre los jugadores más rentables del circuito a pesar de su juventud. Además, su éxito deportivo refuerza aún más su valor comercial y mediático, un aspecto clave en los ingresos fuera de la pista. El caso de Alcaraz ejemplifica una realidad a menudo invisible para el gran público: detrás de las cifras millonarias que anuncian los Grand Slams, una parte muy importante de los premios se queda por el camino en forma de impuestos. Ganar en Melbourne continúa siendo un sueño deportivo, pero también un recordatorio de que no todo lo que brilla en la pista acaba llegando neto al bolsillo.