Cargando...

Didier Deschamps tiene un problema inesperado a las puertas del Mundial. Kylian Mbappé sigue siendo el gran nombre de Francia, el jugador con más foco mediático y el futbolista llamado a decidir los partidos importantes, pero su encaje dentro del ataque ya no parece tan sencillo como en otras etapas. El delantero quiere tener mucho peso, tocar muchas zonas y condicionar todo el frente ofensivo, algo que empieza a chocar con varios compañeros.

Y es que Mbappé no es un atacante cualquiera. Cuando juega, el equipo tiende a girar alrededor de él. Pide el balón al espacio, cae a la izquierda, aparece por dentro y necesita libertad para encontrar sus mejores situaciones. El problema es que esa libertad puede terminar ocupando espacios que también necesitan jugadores como Ousmane Dembélé o Rayan Cherki, dos perfiles que también viven de recibir, desequilibrar y moverse entre líneas.

Mbappé condiciona todo el ataque

La realidad es que Francia tiene talento de sobra, pero no siempre es fácil hacerlo convivir. Dembélé necesita metros para correr, encarar, cambiar de ritmo y atacar desde zonas interiores o exteriores. Cherki, por su parte, es un jugador creativo, de mucho balón al pie, que necesita sentirse importante para marcar diferencias.

Deschamps França / Foto: Europa Press

De este modo, si Mbappé absorbe demasiado juego, el resto puede quedar reducido a un papel secundario. Y ahí nace el problema para Deschamps. El seleccionador no puede prescindir de su gran estrella, pero tampoco puede permitir que el ataque francés se convierta en un sistema demasiado dependiente de un solo jugador. Además, la relación sobre el campo no parece completamente fluida. No se trata solo de egos, sino de espacios, jerarquías y maneras distintas de entender el juego.

Deschamps debe intervenir antes del Mundial

El seleccionador francés tendrá que ordenar la convivencia ofensiva cuanto antes. Mbappé puede ser el líder, pero necesita aceptar que Francia no puede depender únicamente de sus movimientos. Dembélé y Cherki también deben tener zonas claras para recibir y decidir. La clave estará en repartir roles. Mbappé puede partir desde la izquierda o actuar más centrado, pero el equipo necesita que no bloquee al resto de atacantes.

Así pues, Deschamps tiene un problema delicado. Su mejor jugador también es el que más condiciona el plan. Si consigue encauzar esa relación con sus compañeros, Francia tendrá un ataque temible. Si no lo logra, el exceso de protagonismo de Mbappé puede convertirse en una dificultad interna justo en el peor momento.