El partido ante el Benfica ha dejado consecuencias internas en el Real Madrid. Más allá del resultado, el encuentro ha servido para reforzar ciertas conclusiones dentro del cuerpo técnico. Álvaro Arbeloa, que venía dando continuidad a varias pruebas tácticas en las últimas semanas, habría tomado una decisión firme respecto a uno de los nombres que más debate generaban en la rotación a lo largo de las últimas semanas.
Eduardo Camavinga vuelve a situarse en el centro del análisis. El francés ha logrado mantener un papel relevante tras el ajuste hacia un 4-4-2 que ha modificado varios equilibrios del equipo. El nuevo dibujo le ha permitido conservar su presencia en el once, aunque las actuaciones del galo continúan generando lecturas poco positvas.
Un encaje discutido pese al cambio de sistema
La apuesta táctica ha sido clave. En el 4-4-2, Camavinga encuentra un espacio más definido dentro del engranaje colectivo, lo que le ha permitido encadenar titularidades sin mucho problema. Sin embargo, dentro del entorno técnico persiste una sensación de irregularidad difícil de ignorar y que se ha acabado convirtiendo en un problema para el equipo.

Las críticas no apuntan a la actitud ni al talento del jugador, sino a su impacto en el juego del Real Madrid. En fase ofensiva, su aportación resulta limitada, sin peso en la construcción ni en la generación de situaciones de peligro llegando desde segunda línea. Defensivamente, aunque ofrece un gran despliegue físico, tampoco termina de consolidarse como un elemento diferencial.
Arbeloa marca una línea clara
Tras lo sucedido frente al Benfica, la percepción interna habría cambiado. Arbeloa entiende que el equipo necesita certezas en partidos de máxima exigencia, y la continuidad de Camavinga comienza a percibirse como un factor de riesgo más que como una solución estable. El técnico entiende el potencial del centrocampista, pero también observa que su rendimiento no termina de traducirse en nada especialmente positivo para el equipo. Y es que, si bien es cierto que está en el campo, no es que sume.
En este sentido, todo parece que cambiará con el regreso de Jude Bellingham. La vuelta del inglés reconfigura automáticamente el reparto de roles en el centro del campo, reduciendo espacio para perfiles que no ofrezcan un rendimiento convincente. Dentro de este escenario, Camavinga aparece como uno de los principales candidatos a perder protagonismo. Así pues, el encuentro ante el Benfica podría marcar un punto de inflexión. Arbeloa parece decidido a priorizar perfiles que aporten mayor estabilidad y claridad táctica. En la élite blanca, cada minuto se convierte en una declaración de confianza, y Camavinga afronta ahora un panorama mucho más incierto.