Decía Albert Einstein que no se pueden esperar resultados diferentes si siempre se hace lo mismo. La frase también ha sido atribuida a figuras como Mark Twain o Benjamin Franklin, pero, sea como sea, sirve para ilustrar a la perfección la realidad del Barça.

Este martes, el conjunto blaugrana se ha vuelto a poner a prueba fuera de casa en partido de Champions y, un día más, ha decepcionado de manera tajante. En la primera parte, los de Quique Setién han sido incapaces de chutar a portería y se han limitado a controlar la posesión de manera estéril, hecho que, sumado a la inoperancia de los laterales, se ha traducido en unos primeros cuarenta y cinco minutos desastrosos. Cuando el árbitro ha señalado el descanso, de hecho, los culés han ido a cenar con una sensación que ya conocen, y es que la viven de manera recurrente desde hace cinco años.

los denominadores comunes de las últimas decepciones continentales del Barça tienen nombre y apellido: Nélson Semedo, Ivan Rakitic y Arturo Vidal. El defensa portugués y el mediocampista croata estuvieron en Roma y Liverpool, mientras que el chileno, que en teoría había llegado para ser titular en este tipo de partidos, tampoco carburó en Anfield. En San Paolo, el trío ha conformado una banda derecha terrorífica que, como era de esperar, no ha estado a la altura. Y encima, por si fuera poco, el apoyo en el ala izquierda ha sido el inoperante Junior Firpo.

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Lo qué no tiene ningún sentido, como decía Einstein (o Twain, o Franklin), es pretender obtener resultados diferentes haciendo siempre lo mismo. Si la apuesta por Vidal y Rakitic no funcionó en temporadas anteriores -¿ha funcionado nunca?- cuesta de entender por qué Setién ha pensado que esta vez sí, que en San Paolo sería diferente.

En el feudo napolitano, el Barça se ha convertido en un equipo vulgar incapaz de filtrar una pase en zona de tres cuartos. Algo fácil de explicar: Vidal ha jugado de extremo derecho y Rakitic no se ha atrevido a perder la pelota. La prueba que evidencia que la apuesta física no ha funcionado la encontramos en los propios cambios de Setién. Cuándo Arthur ha entrado en juego, la circulación de pelota ha sido mucho más fluida y los blaugrana han empatado.

A diferencia de otras ocasiones, los cuarenta y cinco minutos de la segunda parte han sido suficientes para empatar el partido y conseguir un resultado valioso para afrontar la vuelta. Sin embargo, para no volver a pisar la misma piedra, en el Camp Nou habrá que apostar por un once con cambios. Vidal, por suerte, se lo perderá gracias a la roja que ha visto después de autoexpulsarse.

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