Álvaro Arbeloa espera una última reunión en Madrid antes de intentar llevarse a Franco Mastantuono al Fulham. El técnico conoce al argentino y sabe que su situación puede complicarse si José Mourinho mantiene una plantilla con mucha competencia en la derecha. El joven necesita minutos y en Londres le ofrecen justamente eso: una temporada para jugar con continuidad y crecer sin perder el control del Real Madrid.
La preocupación del entorno de Mastantuono es evidente. En su zona aparecen Arda Güler, Brahim Díaz y Rodrygo, tres futbolistas con más experiencia y peso inmediato en la plantilla. El argentino tiene solo 18 años y su representación teme que quedarse para disputar pocos minutos frene una progresión que ya sufrió un golpe importante cuando Scaloni lo dejó fuera de la lista definitiva de Argentina para el Mundial.
Arbeloa quiere aprovechar la situación
Fulham ha planteado una cesión simple por una temporada. Arbeloa considera que Mastantuono tendría espacio para asumir responsabilidades en la Premier League y regresar después a Madrid mucho más preparado. El club blanco, además, no quiere desprenderse definitivamente de un futbolista por el que mantiene expectativas y prefiere controlar cualquier movimiento que permita garantizar su regreso.

El problema está en el precedente. El entorno del jugador sabe que no abundan los casos de futbolistas fichados por el Madrid, cedidos posteriormente y capaces de volver para consolidarse en el primer equipo. Esa circunstancia genera dudas sobre una operación que deportivamente parece lógica. Mastantuono quiere triunfar de blanco y teme que salir ahora termine alejándolo definitivamente de ese objetivo.
Mourinho tendrá la última palabra
La decisión dependerá también de la conversación final con Mourinho. Mastantuono quiere conocer cuánto piensa utilizarlo el técnico antes de aceptar una cesión. Si existe una posibilidad real de competir por minutos, su primera intención sería quedarse. Si descubre que partirá claramente por detrás de Güler, Brahim y Rodrygo, la propuesta de Arbeloa ganará fuerza inmediatamente.
Scaloni ya envió una señal contundente al dejarlo fuera del Mundial pese a haber formado parte de convocatorias anteriores. No fue un rechazo definitivo a su carrera internacional, pero sí una advertencia sobre la necesidad de jugar regularmente. Arbeloa quiere aprovechar precisamente ese punto. El Fulham puede ofrecerle protagonismo, una liga exigente y un entrenador que confía en él. Madrid decidirá después de la reunión, pero el argentino sabe que otro año con pocos minutos podría costarle mucho más que una simple cesión.