Roger Mas es un verso libre en nuestro pequeño país sonoro. Él dice que es una seta que no encuentra su bosque. Demasiado joven para ser un jutge de la cançó, demasiado mayor para ser un emblema del nuevo pop.

Y así, ajeno a toda corriente y tendencia arrastrera, ha ido tejiendo una trayectoria que no ha vivido nunca sacudidas creativas ni ha regalado obras menores. Una carrera que este año llega a los 25 años. Efeméride que Roger Mas celebra publicando un nuevo disco de estudio, Totes les flors (Satélite K, 2021), tabajó que sala a la venta el próximo viernes día 17.

Roger Mas, el cantautor de Solsona...
El primer lugar donde pones los pies, el lugar donde abres los ojos, la realidad más inmediata es la que te marca. Pero no deja de ser un hecho circunstancial. En las cosas importantes, las más básicas, la experiencia humana es muy similar en todas partes. En este mundo occidental que nos ha tocado vivir, cada vez todo se parece más.

Ver el mundo, sin embargo, alejado de la gran ciudad, te debe ofrecer una perspectiva diferente.
Yo no huyo de Barcelona. Yo, de hecho, disfruto de la ciudad. Muchos catalanes estamos de suerte: vivimos con espacio, cerca de la naturaleza, pero tenemos una gran ciudad como Barcelona, un polo cultural muy potente, a un tiro de piedra, a una hora y media de coche, que puede parecer mucho, pero que en la misma ciudad es lo que tardas para ir de una punta a la otra en transporte público. No existe un aislamiento real. Barcelona forma parte de nuestra experiencia desde pequeños.

Empezaste en esto de la música ahora hace justo 25 años.
Era muy nostálgico hasta que empecé a tener una mochila. Fui nostálgico hasta los 40, pero no sólo del pasado sino de lo que tenía que venir, del antes y del después. Ahora ya estoy mucho más al día.

Es mucho mejor ser nostálgico del futuro porque te lo puedes modelar a tu medida.
Pasaba mucho más tiempo pensando en lo que había pasado y lo que tenía que venir, que en el presente. Invertía mucho tiempo reelaborando los recuerdos y las esperanzas. Ahora ya no. Ahora disfruto mucho más del presente. Ha sido tan intenso el presente en los últimos años que he tenido que bajar de las nubes.

¿Lo que has logrado se parece en lo que imaginabas cuando empezabas?
¡No! Entonces era mucho más peliculero.

Hace 25 años los periodistas no querían utilizar la palabra cantautor porque era poco menos que un insulto

25 años atrás no había nada más desfasado y anacrónico que un cantautor.
Los periodistas no querían utilizar la palabra cantautor porque era poco menos que un insulto. Les sabía mal. Siempre me he sentido bastante solo.

¿Sí?
Sí. Los de mi generación han optado por hacer otras cosas. Siempre me he sentido una seta que no estaba en su bosque. Quizás eso sí que tiene que ver con el hecho de ser de Solsona, un lugar que no es plano ni es montaña, que el habla no es ni oriental ni occidental, no es seco ni húmedo... Está en medio de todo, obsrvando a todos los otros.

¿Y en Solsona también te sentías una criatura extraña?
¡En Solsona más! En Solsona todavía era mucho más extraño. La Solsona donde yo crecí era una ciudad pequeña, pero se hacía vida urbana. Solsona es diferente de un pueblo. Es una ciudad donde hay obispo... (risas), y eso implica que hay toda una serie de oficios: abogados, procuradores, registro de la propiedad, curas, seminaristas... Toda una serie de oficios y personajes que en un pueblo pequeño no están. Hay todo lo que hay en una ciudad, pero esta es la ciudad más pequeña del mundo. Y como es tan pequeña, a pesar de ser urbana, es muy opresiva. Ahora ya no lo es tanto, porque queremos muy física y tecnológicamente, pero entonces lo era mucho. La música me sirvió para huir de esta opresión.

Roger Mas celebra 25 años de trayectòria con Totes les flors. Foto: Sergi Alcàzar

¿Cuando eras pequeño qué querías ser de mayor?
Yo lo que quería era montarme un mundo a medida porque lo que me venía dado no me gustaba. A mí me gusta replantearme las cosas cada 5 minutos. Tener mi opinión de las cosas y no formar parte de ninguna capillita. Quizás por eso también siempre me he sentido solo en el gremio de músicos y cantantes catalanes. Pero es la manera que siempre me ha gustado hacer las cosas.

¿Ya de pequeño?
Sí. Hay gente que piensa que si coincides con ellos en una cosa, tienes que coincidir en el resto. Y no es así. No me gustan los pensamientos uniformes, sino pensar sobre cada cosa. Por eso no siempre coincido con la mayoría. Me gusta coincidir y chocar con la gente.

Siempre me he sentido una seta que no estaba en su bosque

¿Cómo descubriste la música?
Por mi abuelo, que era músico de orquesta. Él me transmitió esta emoción. A mí estudiar solfa y hacer las cosas bien hechas no me gustaba mucho. En cambio, el abuelo sólo quería que jugar con su nieto. Así, él cogía el saxo y a mí me daba el clarinete. Me daba muy pocas instrucciones, lo único que quería era pasar un buen rato con su nieto, y yo me lo pasaba bomba imitándolo. Fue así como descubrí que la música era divertida. Con el tiempo ya intentamos trabajarlo y hacerlo bien, pero al principio sólo era diversión.

El abuelo formaba parte de aquellos músicos de calle de Solsona que reivindica Eduard Gener en su tema 'Catalan Second Line'.
Es muy curioso porque en aquel vídeo aparece el otro abuelo, el que no era músico (risas). Por carnaval, en Solsona, salían a tocar instrumentos por las calles gente que no sabía. Y allí en el vídeo, sale el abuelo Peret tocando el trombón. No tenía ni idea (risas). Pero el abuelo Joan no sale. El abuelo Joan era músico de verdad. Tocaba en una orquesta y se marchaban a la Vall d'Aran. Eran los años 40 y estaban toda una semana en el mismo pueblo haciendo toda la fiesta mayor. Hacían el baile, las sardanas, el pasacalle... Y siempre volvían sin un duro (risas). Estaban tantos días a fuera que costaba más ir y volver y la estancia que lo que cobraban.

El oficio de músico.
Supongo que sí, que este era el oficio de músico. Sí que tengo claro, sin embargo, que era una cosa muy bonita.

¿Tú eres músico?
A mí la palabra que siempre me ha gustado más ha sido la de cantautor, término que también incluye el hecho de musicar poesía. Es este camino que hay en medio de ser un gran músico entre poetas y un gran poeta entre músicos. O al revés. Ser un mal músico entre músicos y un mal poeta entre poetas. Una indefinición que me gusta y que comparto con Sisa. Somos dos personas que no tenemos un oficio concreto: no somos ni pensadores, ni poetas, ni músicos, pero vemos el mundo a través de los tres prismas.

Como te proyectas dentro de 25 años: haciendo canciones, escribiendo, pensando...?
Escribir y componer es lo que da más sentido, pero cada vez es más difícil. Totes les flors es mi undécimo disco. He publicado casi 300 canciones... Cada vez tengo que esperar más para conseguir estar satisfecho con aquello que creo. A mí lo que realmente me gusta es salir a tocar. Es lo que me conecta con mi abuelo.

Cada vez tengo que esperar más para conseguir estar satisfecho con aquello que creo

¿También vuelves a casa sin un duro?
Yo trato de llevar algo de dinero (rísas). Trato de hacerlo mejor que mi abuelo. Aquí hemos aprendido. También, la actual, es una situación menos precaria que la suya: una orquesta de baile de los años 40 del siglo XX, en plena posguerra. Ya podían estar contentos si les daban comida y cuatro granas de los postres de músico. Se dice postres de músico por eso, porque eras las cuatro almendras y avellanas que les daban y se podían guardar en el bolsillo de la americana.

¿Descubriste la música a través de tu abuelo, pero como te acercaste a los sonidos más actuales del momento?
No me sentía muy afín con lo que se hacía entonces. Eran los años del grunge, una respuesta a la pomposidad de los años 80, y en esta cosa sí conectaba. Era una especie de hippismo discreto.

Hippismo nihilista.
Fue cuando Oliver Stone hizo el biopic sobre los Doors y a través suyo descubrí la Velvet Underground que empecé a interesarme por este rock con preocupaciones literarias. Y después descubrí a Pau Riba y Jaume Sisa, y fui consciente de que aquí también se hacía música con esta pulsión literaria. Manuel Vázquez Montalbán decía que, contrariament a la poética colectiva de la Nova Cançó, Sisa y Riba explicaban muy bien el mundo desde el existencialismo personal: qué pinto yo aquí. A mí eso me interesaba muchísimo. Nunca estuve al día. Esta era la gente que me interesaba.

Dos figuras capitales de nuestra cultura pop a quienes entonces nadie hacía caso excepto tú.
Sí. Y no me dejaba de sorprender. Lo que pasa es que en casa siempre se había escuchado música, pero más allá de 'Noia de porcellana' o 'Qualsevol nit pot sortir el sol' se desconocía el volumen discográfico de todos estos cantautores, con Riba y Sisa al frente, pero que detrás venían acompañadores de muchos más nombres, como podían ser  Ia & Batiste.

No exitían los medios. No había una iCat que descubriera nuestros clásicos.
También está el elemento este de conexión con la infancia, y lo que nos cantaban los maestros en las colonias, o lo que cantábamos con las scouts en los fuegos de campo.

¿Ibas a los scouts?
Sí.

¿Aprendiste a tocar la guitarra allí?
No, se la robé a mi madre. Pero la música del Riba y el Sisa tenía toda una conexión con este universo.

Los cancioneros de los agrupamientos escuchas no podían faltar las canciones de Llach, Sisa, Riba, Esquirols, Raimon...
Lo que pasa es que en aquellos cancioneros no estaban las canciones con letras adultas. Estas las descubrí más adelante.

Tenía ganas de decir cosas, pero no me venía nada de gusto compartirlas

Haces 25 años de cantautor y lo celebras publicando Totes les flors, un disco que explicas que te ha robado 10 años.
Un poco sí. A la casa d'enlloc (2010) fue el último disco con letras sin despistar. Después vino el disco con la Cobla Sant Jordi (2012), que fue muy divertido. Más tarde vino Irredempt (2015), que me apetecía mucho porque no había hecho nunca un disco yo sol con la guitarra. Me hacía mucha ilusión defender eso. Y Parnàs (2018) fue el hecho de querer recoger en un solo disco todos los poemas que había ido musicando. Para salvar los 25 años tenía que publicar un disco nuevo. Además, hacía años que tenía ganas de decir cosas, pero no me venía nada de gusto compartirlas.

¿Ahora sí?
Después de 25 años he encontrado la manera de hacerlo.

¿Cómo?
Pues el mismo recurso que utilizaba cuando empezaba: convertir las letras en poesía y esconder en la poética aquello que quiero decir, pero que no quiero que se entienda. Quiero conectar con el público, pero sin acabar de explicar todo lo que canto. Lo importante es conectar con las emociones. No hay que explicarse. La carnaza, cuando lo expones, ensucia. Y además, la gracia es que los significantes estén abiertos. Esto es lo que también me gusta como oyente. Es lo que hacían cantautores como Leonard Cohen: intuías que sus letras iban a hondo, pero no acababas de entender qué quería decir realmente. No se tiene que concretar.
 

Roger Mas, un verso libre en la escena musical catalana. Foto: Sergi Alcàzar

Un disco que te ha llevado 10 años hacer, pero las canciones son de ahora, las has escrito en los últimos meses.
Alguna parte de alguna canción es antigua, pero todo es bastante reciente, sí.

¿Las canciones necesitan tiempo?
Las canciones tienen que descansar, sí. Necesitan que las dejes un tiempo, y que vuelvas a ellas para pulirlas y limpiarlas. Un trabajo, este, que me gusta mucho.

¿Dónde nacen las canciones?
Jugando. Probando cosas diferentes. Probando, a veces e incluso, cosas absurdas. Montando y desmontando. Poniendo, sacando... Un proceso obsesivo y compulsivo. Pero si en la vida normal tener un TOC puede ser un problema, con una guitarra en la mano, no. Componer una canción es como hacer un crucigrama o un sudoku, insistir hasta que todas las piezas encajan.

¿Cuándo sabes que has acabado una canción?
Es como un sudoku, siempre queda un número por colocar (risas). No puede quedar nunca del todo.

Componer una canción es como hacer un sudoku, insistir hasta que todas las piezas encajan

Totes les flors es un disco que, musicalmente, del más telúrico en el más eléctrico, desde el más folk al más blues, recoge todos los Roger Mas que has ido mostrando a lo largo de los años.
Lo he hecho conscientemente. Ha sido una decisión voluntaria, el mostrar todas mis facetas como creador,

Incluso hay un tema en el que te aproximas al trip hop.
Es una canción muy de los 90, con una base, sí, trip hop, inspirada en lo que hacían bandas como Morcheeba o Propellerheads. Me encanta este tipo de música electrónica y el trip hop. Quería ir para allá. Hay un disco que ha sido una gran influencia en esta canción, el Night Song de Nusrat Fateh Ali Khan y Michael Brook, de 1995, publicado por Real World. Es uno de mis discos favoritos de todos los tiempos.

Real World fue la discográfica que fundó Peter Gabriel para descubrir músicas del mundo. Su catálogo es una fantasía.
Te pueden gustar más o menos, pero todos los discos de Real World son buenos. Y este tipo de sonido era lo quería conseguir. Y si hablamos del disco en general, me he dado cuenta de que me gustan muchos estilos diferentes pero siempre acabo girando sobre unos cuantos: folk, tonalidades menores, rumba, ranchera, dos estilos, estos, que me ayudaron a hacer salir mi sentido del humor.

Tienes un ademán serio, pero un gran sentido del humor, sutil y con un punto ácido, pero que está allí.
La gente tiene una imagen de mí mucho más seria de lo que soy. Pero una cosa es escuchar mis discos y otra venir a mis conciertos. Y si vienes a mis conciertos te das cuenta de que el sentido del humor está allí. Acostumbro a empezar por la parte dura, porque se tiene que hacer un poco de misa al principio, pero siempre acabamos riendo. De hecho, Totes les flors es un disco que busca desacomplejadamente la sonrisa. Todos hemos pasado lo que hemos pasado con la pandemia y yo tenía ganas de hacer un disco para reír.

Presentas el disco esta semana en el Mercado de Música Viva de Vic. Te lo debes estar haciendo encima.
Eso es lo que dice mi pianista, Xavier Guitó (risas). Lo presentamos en Vic y después iremos haciendo. Antes publicabas un disco y tenías la agenda cerrada para los próximos dos años. Ahora vas haciendo día a día, a pocos meses vista.

Totes les flors es un disco que busca desacomplejadamente la sonrisa

Eres hiperactivo, seguro de que ya estás trabajando en proyectos nuevos.
Sí. Para acabar de dar forma al disco hice una estancia creativa en los Pirineos. Cuando volví, pasé unos días en casa del Guitó, en Massanés, en los pies del Pedraforca. Hacía un frío terrible. Allí acabamos la primera y la última canción de este disco. La primera es 'Taumaturgia'. La canción es poco más que una filigrana, un motivo que, inspirado en 'Igual que ahir', una canción de Quico Pi de la Serra. El próximo disco será eso, de principio a final. Un disco de motivos. Un pequeño monstruario. Como un cuadro impresionista de mi pequeño país. Imagino que lo publicaremos el año que viene.

La tradición de este país pequeño siempre ha estado presente en tu música.
Eugeni d'Ors decía que lo que no es tradición es plagio. O te dejas llevar por el río que te ha tocado o estarás imitando a alguien. No se tiene que reivindicar, pero no podemos huir de nuestra herencia cultural.