Ramon lo acaba de dejar con Patri. Para colmi, lo acaban de despedir de su trabajo como actor y, ante la incertidumbre, vuelve a casa de sus padres. Aparte de algunas cajas arrinconadas llenas de trastos, su habitación no ha cambiado nada: los mismos pósteres, la misma bici estática, la misma guitarra que aprendió a tocar dentro de su refugio particular de adolescente. El escenario sigue siendo el mismo pero, cerrado en estas cuatro paredes, Ramon se dará cuenta de una verdad que no le será fácil de digerir: que por mucho que quiera parar el tiempo, por mucho que lo deseen, ha crecido y ya no es el mismo. Este es el principal pilar de Ramon, la obra escrita y dirigida por Mar Monegal que ha vuelto a Barcelona - en el Teatro Poliorama - con sólo 4 funciones después de ser aplaudida por el público y por la crítica.

El protagonista, interpretado por Francesc Ferrer (Premi BBVA 2021 por Mejor Interpretación) y único personaje de la obra, está a punto de soplar las cuarenta velas y no ha conseguido nada de lo que se le ha vendido durante décadas: no tiene ni casa, ni coche, ni pareja, ni trabajo. Por una parte, parece que le da igual: rechaza la idea de tener hijos y se desmarca de lo que le tocaría hacer por edad. Por la otra, convive con la frustración de no conseguir lo mismo que sus colegas, incluso de sus propios hermanos exitosos, y vive en una comparación eterna que lo hace infeliz. Y es por eso que se refugia en aquello que una vez lo hizo feliz, en el forever young permanente y en la nostalgia de los juegos de mesa de los 90, las fotografías analógicas y los cassettes para no afrontar la huida adelante. Pero durante esta crisis existencial de identidad, la vida no se detiene, y Ramon pronto sabrá que hay responsabilidades que son imposibles de eludir.

5.RAMON GUITARRAFrancesc Ferrer es el único intérprete de la obra Ramon, escrita y dirigida por Mar Monegal. / Eòlia

La autora (Ganadora del Premio de la Crítica 2019 por Mejor Texto) escribe y dirige esta tragicomedia generacional en la que se atreve a hablar del paso del tiempo, del miedo al compromiso y de como de fácil es cerrar los ojos para no aceptar una realidad incómoda. También construye un retrato realista sobre la negación para no afrontar la evolución personal, incluso de como se utiliza a menudo el síndrome de Peter Pan para romantitzar una edad en que no se es ni demasiado joven ni demasiado mayor, y de como este vacío intrínseco se ha convertido en parte indisociable de los nacidos durante los años 80. Lo hace con un atrezzo sobrio que va transformando sus paredes rebozadas de recuerdos en un lienzo de color blanco preparado para nuevas historias, adaptándose al relato narrativo y al crecimiento individual del personaje, que se ve casi empujado a madurar.

Ramon es más que la crisis de los 40: es una radiografía de una generación bendecida con el espíritu de la juventud eterna y condenada a tener que compaginarlo con las obligaciones de la edad adulta. Una etiqueta social y cultural que puede ser tan halagadora como destructiva. Y esta obra pone todas estas ideas en una coctelera y las mezcla con fuerza: la gestión de los sueños, la amargura de los desengaños, la desmemoria de los momentos vividos y la soledad de sentir que no se pertenece a ningún sitio y creerse la poca autoestima. Esta noche es la segunda representación de las cuatro que hay. Y la guitarra de Ramon espera su minuto de gloria en un rincón de la habitación.