Barcelona, 27 de febrero de 1641. Primeros compases de la Guerra de Separación de Catalunya (1640-1652) y un mes después de la clamorosa y humillante derrota hispánica en Montjuic (26/01/1641). Hace 385 años. Tres cuartos de doce de la noche. Pau Claris, presidente de Catalunya, expiraba después de una semana de agonía. Roger de Bossost, barón deEspenan y agente de la monarquía francesa en Catalunya informaría por escrito a su primer ministro Richelieu que la muerte del presidente había sido, muy probablemente, intencionada. Y pasados tres siglos, el profesor Antoni Simon i Tarres (UAB), uno de los grandes investigadores contemporáneos de este período histórico, confirma que Claris fue envenenado con Acqua di Nàpoli. La lógica señala el aparato de espionaje hispánico; pero, ¿quién más podía tener interés en eliminar al presidente de Catalunya?

¿Quién es quién? Roger de Bossost, barón de Espenan
Espenan era hijo de una familia de la pequeña nobleza navarro-bearnesa, el corpus social que, a finales del siglo anterior (s. XVI), había impulsado y acompañado a Enrique IV —el primer rey Borbón francés (el de “París bien que vale una misa”)— hasta el trono. Y, como correspondía a su origen y a su estatus, había hecho carrera en el ejército. Emplazado en la “provincia” del Languedoc, combatiría durante la fase central de la guerra hispano-francesa (1639-1640). Después del estallido de la Revolución catalana (junio, 1640), estaría presente en las primeras conversaciones entre las cancillerías de Barcelona y de París (julio, 1640) y, acto seguido, en la firma de la primera alianza catalano-francesa (septiembre, 1640). Y sería nombrado general del armée que debería entrar en Catalunya para complementar el ejército catalán que ya se enfrentaba a la ocupación hispánica (noviembre, 1640).
¿Qué motivos podía tener Espenan para asesinar al presidente de Catalunya?
Espenan es el personaje más intrigante y contradictorio de aquella trama. Se le asignó la misión de cortar la progresión del ejército hispánico, que, desde el sur, se dirigía hacia Barcelona. Se fortificó en Tarragona, pero, inexplicablemente, el 24 de diciembre de 1640, entregaba la plaza sin disparar ni un tiro y escapaba, como un energúmeno, hacia Francia. Su primer oficial, Henri de Serinhan, no lo secundó y con parte de aquel cuerpo militar se unió al ejército catalán de Tamarit y de Margarit en Martorell. Claris no aceptó aquella defección y le exigió el relevo. La prometedora carrera de Espenan concluiría súbitamente. Pasaría de ser el más que posible lugarteniente del conde independiente Lluís I de Barcelona (Lluís XIII de França) a un simple informante del primer ministro Richelieu. ¿Podría haber urdido una venganza contra Claris?

Quién es quién? Pedro Fajardo de Zúñiga, marqués de Los Vélez
Los Vélez sería otra figura con un papel destacado en aquel inicio de conflicto. Los Vélez era un producto de las aristocracias latifundistas castellano-andaluzas, que, por origen y por estatus —como Espenan— había hecho carrera en el ejército. Y estaba muy vinculado, política e ideológicamente, al ala dura de la Junta Grande (el consejo de ministros del poder central hispánico), representada por el mismo primer ministro, el conde-duque de Olivares, por Antonio Enríquez de Porres —censor de la Inquisición— y por el marqués de Villafranca. Este partido predicaba que la revolución catalana era una amenaza que se podía extender “a todos los reynos de su Magestad” y provocar la pérdida de“España toda”. Afirmaba que “jamás nos combendremos en ningún concierto con Cataluña” y que los catalanes merecían un castigo ejemplar: “Hay que molerlos a palos”.
¿Qué motivos podía tener Los Vélez para asesinar al presidente de Catalunya?
El rey hispánico Felipe IV y Olivares lo pusieron al frente de un Tercio de 24.000 efectivos y le asignaron la misión de ocupar Catalunya y acabar con la revolución catalana. Los Vélez, confiado en su superioridad militar, puso en práctica una estrategia de terror consistente en escarmentar a la población civil. Masacró Tortosa, Xerta, Cambrils y Martorell, y se presentó, invicto, a las puertas de Barcelona. Pero, a los pies de Montjuïc, su soberbia le jugó una mala pasada. Su ejército fue derrotado, humillado y dispersado (26 de enero de 1641). Habría de asumir miles de muertos y de deserciones y su prometedora carrera concluiría súbitamente. Pasaría de ser el más que posible virrey hispánico en Catalunya a quedar sumido en el ostracismo más absoluto. ¿Podría, Los Vélez, haber urdido una venganza contra Claris?

¿Quién es quién? Los primeros ministros Olivares y Richelieu, y los reyes Felipe IV o Luis XIII
En la entrega de mañana domingo, observaremos cómo, detrás de la posible sed de venganza de Espenan o de Los Vélez —dos personajes muy importantes en aquel contexto y llamados a tener un papel aún más relevante— y que tenían razones sobradas para vengarse de quien les había cavado la tumba; aparecen, cubiertos por la nebulosa de la historia, los clarísimos motivos que podían haber empujado al rey hispánico Felip IV y a su primer ministro Olivares a ordenar el magnicidio del presidente Claris. A través del Gran Espia del Reino. Pero no nos olvidaremos de que el rey francés Lluís XIII o su primer ministro Richelieu también podían tener motivos para deshacerse de la figura del presidente Claris. Desenmascararemos los oscuros propósitos de unos y otros y trataremos de averiguar quién era el cocinero de palacio que envenenó los alimentos que ingirió el presidente.