Peter Pomerantsev (Kiev, 1977) es un periodista británico nacido en la URSS de familia rusa pero crecido en Europa Occidental. De 2000 a 2010 vivió en Rusia, donde hizo varios trabajos, pero principalmente se dedicó a hacer de productor televisivo. Desde que dejó Moscú se ha dedicado a escribir en diferentes revistas sobre la realidad soviética. En 2014 publicó Nothing Is True and Everything Is Possible: The Surreal Heart of the New Russia, un libro desgarrador, donde a partir de la historia de una serie de personajes hacía un retrato sobre la política y la vida cotidiana en la Rusia de Putin. Ahora este libro aparece en castellano en la editorial RBA, en traducción de Ana Isabel Sánchez Díez, con el título La nueva Rusia. Nada es verdad y todo es posible en la era de Putin. Pomerantsev ha visitado Barcelona para presentar su obra, y aprovechando su visita, ha sido entrevistado por El Nacional.

Peter Pomerantsev - Sergi Alcàzar

En La nueva Rusia usted presenta a una sociedad donde hay políticos corruptos, prostitutas, sectas destructivas, mafiosos... Pero el libro también rezuma fascinación por el país. ¿Como puede tener tanta fascinación por un país con tantos problemas?
No lo sé.... Yo siempre he querido vivir en una sociedad que estuviera atravesando cambios sustanciales. Me hubiera gustado vivir en los años 1920 en el Nueva York de los gangs o también en el Renacimiento, en la Gran Bretaña de Shakespeare, una sociedad en constante renovación... Y la Rusia que me encontré al principio del siglo XXI era así, un lugar donde siempre pasaban cosas nuevas... Para mí era como vivir en el Londres de Shakespeare, un lugar donde se tiene la impresión que cualquier cosa es posible.

Cualquier ruso tiene que hacer una elección moral para trabajar en Rusia

Usted trabajó en Rusia, se casó con una moscovita, trabajó mucho allí... Y a pesar de todo decidió dejar este país. ¿Por qué?
Tuve una etapa muy productiva en Rusia. Incluso me casé allí y tuve tres hijos. Pero cuando fui allí no me había dado cuenta de que para quedarme, y para trabajar allí como productor de televisión, tenía que llegar a un acuerdo con el sistema. Es una elección moral que tiene que hacer cualquier ruso. O no haces nada que pueda ser sensible, o te haces opositor, o, si quieres hacer programas históricos, tienes que encajar dentro del sistema autoritario, de cierta manera. Los rusos a veces están obligados a plegarse a las exigencias del sistema, pero yo no tenía que hacer eso, me podía marchar a otra parte. Era todavía muy joven y podía decidir si al cabo de 9 o 10 años quería formar parte del sistema o no. Me marché, porque, al fin, yo fui a Rusia sólo como una aventura, y no estaba obligado a hacer una elección como esta. Tuve suerte, porque mis amigos rusos se tuvieron que quedar y yo me pude marchar y continuar en otro lado. Muchos compañeros míos, rusos, se han quedado, y están trabajando en cosas de puro entretenimiento, o están metidos en una penosa lucha por los derechos políticos de la gente... Al final, a pesar de todo, muchos intentan escapar: la mitad de la gente con que trabajé consiguió marcharse del país. Y eran más rusos que yo.

Su libro habla de mafiosos, prostitutas, policías corruptos, empresarios turbios, sectas destructivas, racismo... Alguien podría acusarlo de escoger aspectos poco representativos de Rusia. ¿Qué le respondería?
En mi obra hay muchos personajes negativos, sí... Pero podría ser peor todavía. En realidad en La nueva Rusia hay también muchos personajes positivos, que son una especie de héroes. A mí me interesaba escoger una serie de historias que presentaran arquetipos, arquetipos que definen una cultura. Por eso es un libro de extremos: personajes perversos y héroes. Tiene alguna cosa de grotesco, pero es así porque la sociedad rusa también es grotesca... Los caracteres que presento reflejan la Rusia actual.

La tragedia de Rusia es la normalización de la corrupción, de una corrupción con costes humanos

¿Había otras formas de explicar esta realidad?
Pienso que también podría haber explicado Rusia a partir de una persona de clase media, sin especial relevancia. A esta persona no le pasarían cosas tan extremas. Pero entonces habría escrito una historia basada en el conformismo hacia la maldad. Sería la historia de un burócrata que no hace nada más que firmar documentos, sin complicarse la vida, y firmándolos deja a la gente sin hospital y al mismo tiempo da a alguien el dinero para comprarse una casa en Barcelona. Hay individuos que firman este tipo de documentos y después se van a cenar tranquilamente mientras la gente se muere... La tragedia de Rusia es la normalización de la corrupción, de una corrupción con costes humanos. Porque la corrupción tiene repercusiones, por ejemplo, en el sistema sanitario. No sólo se roba dinero, se roba dinero de los medicamentos que combaten el VIH... El problema es que para la gente esta situación ya es normal...

Su libro explica historias terriblemente duras, pero tiene fragmentos con mucho humor. ¿El humor es suyo, o es ruso? ¿Los rusos hacen humor con la situación de su país?
La historia del libro está muy influenciada, tanto en su estética como en los temas a tratar, por algunos autores del teatro ruso del principios del siglo XXI, como los hermanos Presnyakov. Cuando estaba en Moscú siempre iba al teatro, donde hacían obras grotescas, muy contemporáneas, donde había todo este humor alucinógeno sobre Rusia. Es un tipo de humor que encontramos también en las novelas de Vladimir Sorokin. La forma en que yo veo el país está muy influenciada por ellos. Quería que en el libro hubiera un humor ruso, grotesco, negro, surrealista...

Peter Pomerantsev - Sergi Alcàzar

En Rusia te quitas una máscara y te pones otra; todo el mundo participa

¿En Rusia no queda nada de nada del nuevo hombre soviético que hace un siglo proclamaba la revolución?
El nuevo hombre soviético fue un experimento que no duró nada. En la época de Stalin ya no se lo creía nadie. La gente hacía ver que comulgaban con estas ideas, pero se reían. Si leemos las obras rusas de los años 1930 ya nos damos cuenta de que el comunismo se veía como una mascarada. Vemos que eso se repite hoy en día, de cierta forma. Los tecnologistas políticos y los propagandistas actuales dicen que quieren crear un nuevo hombre ruso. Pero eso es un nuevo teatro, una nueva máscara que los rusos se tienen que poner. Hace unos años la máscara decía que todos serían como los americanos de American Valley, y ahora, que todos son fascistas ortodoxos. Te quitas una máscara y te pones otra; todo el mundo participa. Es una mascarada muy grotesca, pero muy dura. Si no la sigues, pierdes tu negocio. Todo el mundo participa de ella, pero todo el mundo sabe que es una mascarada. No se crea un nuevo hombre soviético, no se crea un nuevo hombre ruso, pero se dirige una especie de mascarada. En Rusia todo es muy teatral, pero con un enfoque muy vertical: se tiene que participar en la mascarada que inventa el poder.

¿Rusia no ofrecería la auténtica imagen del capitalismo, donde los que triunfan son los más capaces, vengan de donde vengan?
El capitalismo que se ha creado en Rusia, está basando en la sátira del capitalismo de Marx. Es la única imagen que los rusos tenían del capitalismo: un sistema sin corazón, cruel... Un sistema que establece la victoria de los poderosos sobre los débiles. Su capitalismo es la recreación de la sátira del capitalismo.

Putin, Erdogan, Chávez y Berlusconi se decantan por el populismo carnavalesco

En su obra hay referencias constantes a Putin. ¿Qué tiene este hombre para que, a pesar de todo, todavía sea tan admirado?
Creo que él utiliza una estrategia que también utilizan Erdogan, Chávez, Berlusconi... Se decanta por el populismo carnavalesco, que tiene como secreto su lenguaje. Todos estos líderes tienen un humor en que mezclan el sexo, la burla, las cosas propias del Carnaval... Trump habla de tocar la vulva o del tamaño de su pene, y Putin dice que si su abuela tuviera cojones sería su abuelo... El Carnaval, en principio, se da una sola vez al año, y no tiene leyes ni reglas. Pero ahora tenemos autoritarios que penetran en el Carnaval, lo controlan desde dentro, y manipulan la sensación anárquica que éste da. Así, lo convierten en una cosa horrible. Niegan la verdad, los problemas... Cuando el Carnaval dura todo el año, puedes ser corrupto, eliminar la oposición... No hay nada que te pueda frenar. En Europa el Carnaval siempre se ha asociado a la oposición, pero ahora los autoritarios se lo han apropiado. Este es el problema de Hillary Clinton, que se presentó con la imagen de la clase política del establishment, frente a Trump, que fue de carnavalesco y ganó.

Peter Pomerantsev - Sergi Alcàzar

¿Sólo hay populismo de derechas, hoy en día?
También hay intento de crear un populismo de izquierda, como en el caso de Podemos, pero recordemos que no ganaron las elecciones. El Carnaval de derechas es mucho más efectivo. Está mucho mejor diseñado. Al fin y al cabo los de izquierdas son más aburridos, porque siempre hablan de los hechos, y pierden... Los populistas de derechas no tienen problemas con inventar, y triunfan. La verdad es que no sé que haremos con la nueva generación de líderes. No sólo Trump y Putin son problemáticos. El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, tiene mucho éxito con posicionamientos extremos. Pero también Chávez. El populismo es un género que triunfa en todo el mundo.

¿Así, pues, no es que los rusos sientan una especial predisposición por el autoritarismo?
Cuando volví a Occidente, tras vivir en Moscú, vi que las patologías rusas ya estaban presentes en Occidente. Me pregunto si Rusia es como un espectáculo, paralelo a nuestra sociedad, o si bien es el futuro. Y tengo la impresión, desgraciadamente, que la Rusia de Putin es el futuro que nos espera. No puedo evitar creer eso cuando pienso en Trump.

Los rusos ahora practican una política que no tiene valores. La gente ya no cree en nada; y los hechos, ya no importan...

Son conocidas las conexiones de Trump con el gobierno ruso. ¿El presidente norteamericano está importando el modo de gobierno de Putin a los EE.UU.?
Rusia, desde hace muchos años, tiene un populismo postestructural, un liderazgo que no ve la diferencia entre el entretenimiento y la política, en el que los hechos no tienen importancia. Tras el fin de la guerra fría, Rusia pasó rápidamente por el capitalismo, por el liberalismo y por la democracia. Fue rapidísimo. Nada funcionó y por eso lo reinventaron todo. Ahora practican una política que no tiene valores. La gente ya no cree en nada; y los hechos, ya no importan... Eso tiene tendencia a difundirse. No ha pasado en todo el mundo. No ha pasado en Alemania, pero sí que ha pasado en Estados Unidos y Gran Bretaña, y también empieza a pasar en muchos otros países. Escribí el libro en 2104 y salió en 2015, cuando todavía no había ni Trump ni Brexit. Ahora veo que nuestro futuro se refleja en Rusia, tal como yo anunciaba. Sería terrible si fuera así, pero me siento orgulloso de haberlo previsto.

¿Los Estados Unidos de Trump serían, pues, un reflejo de la Rusia de Putin?
Para la gente que estudia la Europa Oriental (Rusia, Ucrania...), los problemas de EE.UU. le resultan muy familiares: la degradación democrática, el problema de las falsas informaciones, el hecho de que no les importe la verdad... Con la gente que no le importa la verdad no se puede discutir. Y no se puede discutir, porque para discutir hay que partir de unos hechos constatados y de unas realidades. En Estados Unidos la oposición y los medios de comunicación tienen ahora este problema, pero en Rusia ya hace 12 años que lidian con eso.

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Agustí Colomines
OPINIÓN Justicia y posverdad Agustí Colomines