Un niño blanco abandonado es criado en un pueblo de negros en África Austral a mediados del siglo XIX. Este es el argumento de Orzowei, una de las series infantiles emblemáticas de la transición. Llegó en un mal momento, porque empezó a emitirse, sin previo aviso, en el horario del anime Mazinger Z, que no se acabó de proyectar en Televisión Española. Muchos seguidores de la serie japonesa de robots no perdonaron nunca a Orzowei. La serie, una coproducción italo-alemana en 17 episodios, que se estrenó en 1977, fue dirigida por Yves Alegret, y se basaba en una novela del italiano Alberto Manzi, de 1965. Ahora el editorial Maeva reedita la novela, con una nueva traducción de Nuria Martínez Deaño y prólogo de Care Santos, presentándola como "un conmovedor relato sobre la lucha contra los prejuicios y la necesidad de conquistar tu lugar en el mundo". Sin embargo, ¿era realmente Orzowei un texto adelantado a su tiempo o era la típica novela de aventuras racista?

Orzowei contra todos

La clave de la obra de Manzi es que presenta cuatro grupos en conflicto: bóers, swazis, zulúes y bosquimanos (e incluso en algún momento se hacen presentes los británicos, aunque siempre quedan en un segundo plano). El protagonista de la obra, Orzowei, no encaja en ninguno de estos grupos. Mientras los negros con los que ha crecido lo discriminan por su color de piel, los blancos lo discriminan por considerarlo un "salvaje". Orzowei irá de un lado a otro para buscar un grupo con que identificarse, pero ningún grupo lo aceptará como uno de los suyos. En realidad, Orzowei se pasa la novela en busca de amor: el chico que no ha tenido madre, ni cariño, ni reconocimiento va en busca de alguien que le ame. Sin mucha suerte. Al fin, en muchas ocasiones, Orzowei tendrá que escapar de la persecución de aquellos que él consideraba sus compañeros. La tonada de la melodía de la serie, en español, decía: "Corre muchacho ya, no te detengas más".

Contra los prejuicios

Los editores de Orzowei tienen motivos para vender el libro como un manifiesto en contra de la discriminación y los prejuicios. La trama de Orzowei es una apuesta por la multiculturalidad: en principio defiende que todos los pueblos pueden vivir en armonía y que no se puede discriminar una persona por su color de piel. Y, a pesar de todo, tiene alguna ambigüedad: el protagonista (que no por casualidad es blanco) vive muy bien con los bosquimanos, pero se siente impulsado a ir a vivir entre los blancos "porque son los suyos". Es una apuesta por el diálogo y la cooperación entre los pueblos, pero partiendo la base de que cada uno tiene que vivir bajo sus reglas (un principio peligroso: el principio del apartheid era, justamente, el "desarrollo por separado", que argumentaba que la mejor forma de que los pueblos progresaran es que cada uno tuviera su gobierno diferenciado con normas propias). Aunque el autor critica algunos abusos y comportamientos inmorales de los blancos, no ahorra elogios a la "civilización" (la misma "civilización" que en Sudáfrica, en aquella época, contribuyó al exterminio de algunos pueblos autóctonos). Sintomáticamente la trama se cierra en una fiesta donde se hermanan los miembros de los diferentes grupos; sintomáticamente, el encuentro se celebra en la casa de piedra construida por el blanco.

No simétrico

Así pues, la obra de Manzi no es una carga simétrica contra todos los grupos sudafricanos. Los que son presentados de una forma más idealizada son los bosquimanos, los únicos que aceptan plenamente a Orzowei y los únicos que se sacrifican en defensa de todos los humanos. Los bóers, que en esa época se lanzaron a ocupar los territorios de los africanos para huir de los británicos (en buena parte porque rechazaban la prohibición inglesa de la esclavitud), son presentados como víctimas de las agresiones del zulúes (que actuarían movidos, puramente, por la malicia). No hay ninguna mención al uso de la esclavitud por parte de los bóers. Un personaje como Andries Pretorius es claramente hagiografiado, en tanto que Shaka, el creador del imperio zulú, es demonizado. En cierta medida, la obra de Manzi es tributaria de la obra de algunos novelistas sudafricanos, como Stuart Cloete o Lauren Van de Post, que a pesar de criticar el racismo del apartheid, sustentaron algunos de los mitos creadores del sistema de discriminación racial. En realidad, el régimen racista del apartheid idealizaba a menudo a los bosquimanos, porque eran un enemigo prácticamente exterminado que participaban en la sociedad industrial, y que por eso no representaba un peligro efectivo para la supremacía blanca, a diferencia de los otros grupos negros, que sí que suponían una amenaza para el dominio blanco (la célebre película Los dioses deben estar locos, en este sentido, fue criticada en Sudáfrica como una película pro-apartheid).

Poco fidedigna históricamente

La trama de Orzowei se sitúa en torno al año 1828, en los tiempos en que los zulúes estaban metidos en la llamada Mfecane, un gran conjunto de operaciones militares que convirtieron al pequeño clan de los amazulus en un gran imperio bajo el mandato del genio militar Shaka. El Mfecane (rodillo) provocó un gran movimiento de poblaciones en toda el África Austral, porque los conflictos bélicos en cadena provocaron el desplazamiento de grandes grupos de gente a miles de kilómetros de su lugar de origen. El problema es que Manzi hace coincidir la muerte de Shaka y el Mfecane con la gran migración de los bóers, los colonos de origen holandés y hugonote, hacia el Norte (el llamado Gran Trek). Pero en realidad el Gran Trek se inició en 1835, algunos años después de la muerte de Shaka. Es cierto que Andries Pretorius, el líder militar de los bóers se enfrentó a las fuerzas del rey zulú Dingaan en la batalla de Blood River, pero eso fue en 1838. Pero la serie todavía era menos fidedigna que la novela: se rodó con extras que eran "auténticos miembros de la tribu masai". El problema es que de la zona donde transcurre la acción, el país swazi, al territorio masai hay casi 4.000 kilómetros y un abismo de tradiciones y costumbres. Es decir, vendría a ser como confundir catalanes con lapones.

Sólida

Más allá de las imprecisiones históricas y de las simpatías probóers de su autor, Orzowei es una novela juvenil de una gran solidez. El autor recurre, sin duda, a los tópicos de la novela de aventuras africanas: hay leones, leopardos, serpientes, selvas, desiertos, ríos de gran potencia, salvajes feroces... Manzi recurre al exotismo, pero arregla estos recursos con gran habilidad y consigue una novela juvenil que vibra y que emociona en el lector. Un mito de los setenta que, a diferencia de otros, vale la pena revivir.

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