Abadía de Holyrood, Edimburgo (reino de Escocia), 10 de julio de 1469. Hace 557 años. Se celebraban las bodas del rey Jacobo III de Escocia —de dieciocho años— y de la infanta Margarita de Dinamarca —de trece años. El enlace de Jacobo y de Margarita se produjo en un contexto general de uniones matrimoniales reales que, con la época medieval al borde de la liquidación, planteaba un nuevo orden internacional y perseguía el redibujo del mapa de Europa.

Por ejemplo, el año anterior (3 de julio de 1468) habían sido casados Felipe, duque independiente de Borgoña, y Margarita, hermana del rey Eduardo IV de Inglaterra, con el objetivo puesto de atenazar y asfixiar Francia. Y, tan solo tres meses más tarde (19 de octubre de 1469), serían casados Fernando de Aragón e Isabel de Castilla – herederos, respectivamente, a los tronos de Barcelona y de Toledo —con el propósito de crear un gigante político y militar en el extremo suroeste de Europa.
Y la unión de Jacobo y Margarita no era ajena a estos movimientos y perseguía la construcción de una alianza de dominios nórdicos. Pero aquel enlace no pasaría a la historia como una estación importante de aquel proyecto político, sino como episodio dantesco donde la ejecución de una hipoteca relacionada con aquellas negociaciones matrimoniales provocaría el cambio de dominio de las islas Orcadas y Shetland. ¿Qué pasó para que aquellas estratégicas islas pasaran de dominio danés a dominio escocés?

Un remoto origen común con Escocia
Las Orcadas —situadas, tan solo, a 10 millas náuticas del extremo norte de Escocia— o las Shetland —a 110 millas de los acantilados escoceses más septentrionales— habían formado parte del mundo británico durante la prehistoria y la antigüedad. Los primeros testimonios de poblamiento, que datan del VI milenio a.C., revelan la existencia de una civilización compartida con el resto de islas británicas: el "Cheddar Man". Y las posteriores invasiones célticas del II milenio a.C. —que minorizarían y absorberían la población indígena anterior— serían un fenómeno común en la totalidad del mundo insular británico. Antes de la llegada de los romanos (siglo I a.C.) la composición étnica y cultural del mundo insular británico era homogénea.
Las primeras diferencias que apuntan el porqué de esta historia
Pero a partir de los casi cinco siglos de dominación romana (43 a.C. – 410 d.C.) se "fabricarían" las primeras diferencias. Las actuales Inglaterra y Escocia serían parcialmente romanizadas (más la primera que la segunda) y, posteriormente (siglos V y VI) recibirían la decisiva aportación lingüística, cultural y genética germánica (los anglos y los sajones) y, aún, después (siglos XI y XII) normanda (una mezcla de vikingos y francos, procedentes del valle bajo del río Sena). En cambio, las Orcadas y las Shetland —por su posición periférica y alejada— quedarían al margen de estas innovaciones, y hasta la centuria del 800 conservarían su tradicional composición lingüística, cultural y étnica de raíz exclusivamente celta.

Las Orcadas y las Shetland y los vikingos
A caballo de las centurias del 700 y del 800 se produjeron las primeras incursiones vikingas en las costas de las islas británicas. Inicialmente en forma de expediciones de pillaje. Y, posteriormente, como operaciones de colonización. Y las islas Orcadas y Shetland fueron objeto de una intensa colonización escandinava que, procedente de la costa de Noruega, las pobló masivamente y minorizó y absorbió la población indígena celta. En el año 875 el rey Harald I de Noruega incorporó las Orcadas y las Shetland al reino de Noruega, sin ninguna oposición del primitivo reino escocés —el reino de Alba— que, poco antes, había culminado su unificación (Kenneth Mc Alpin, 843) y era un dominio que, aún, no había iniciado su fase expansiva.
¿Por qué las Orcadas y las Shetland eran danesas cuando se casaron Jaime y Margarita?
Cinco siglos después de Harold y de Kenneth (1380), Olaf —hijo primogénito de los reyes Haakon VI de Noruega y de Margarita I de Dinamarca, monarcas titulares en sus respectivos tronos— heredaba el patrimonio paterno y materno (las coronas danesa y noruega) y culminaba la primera estación del proyecto de unión de las tres potencias escandinavas destinado a crear un gigante nórdico. A partir de aquel momento (1380), la sociedad "vikinga" de las Orcadas y de las Shetland, pasaría a ser gobernada desde Copenhague, la nueva sede de la cancillería danesa-noruega resultante de aquella unión. Y así sería durante los reinados de los sucesivos relevos de Olaf: Margarita II, Erik VII y Christoffer III, los tres últimos monarcas de la histórica estirpe de Estridson (1387-1448).

Quién era quién: Cristián I de Dinamarca, el suegro de Jacobo III de Escocia
El rey Cristián I de Dinamarca —el padre de la princesa Margarita y suegro del rey Jacobo III de Escocia— llegaría al trono de Copenhague (1448) en unas circunstancias muy especiales que explicarían el porqué del extraño cambio de dominio de las Orcadas y las Shetland. Después de la repentina y misteriosa muerte de su antecesor, Christoffer III, se había producido un intento de ruptura del gigante escandinavo, que a mediados del siglo XV ya estaba formado por la unión de los tres reinos nórdicos (Dinamarca, Noruega y Suecia). Cristián, que no tenía ninguna relación consanguínea con el difunto rey, había accedido al trono como la opción, exclusivamente, de la nobleza danesa y sin el consenso previo con sus homólogas noruega y sueca.
El esfuerzo de Cristián por legitimar su régimen
Cristián I dedicó un gran esfuerzo político, militar, diplomático y financiero para legitimar su poder y el de la nobleza danesa que lo había conducido al trono. Y, en esta tarea, buscó apoyos internacionales, por la vía del casamiento de sus hijos herederos con otras casas reales europeas. Escocia, el faro del Atlántico nor-europeo, era una excelente oportunidad para trabar una estratégica alianza, y la cancillería de Copenhague convenció a la de Edimburgo de casar al joven rey Jacobo III —dieciocho años— con Margarita, la tercera hija (la única chica) del rey Cristián. Aquella negociación se cerró con el compromiso de que la novia aportaría una dote de 60.000 florines (el presupuesto de varias anualidades de la corona danesa).

La "carta de garantía"
Cristian no disponía de esta formidable cantidad. Pero consideraba tan estratégico aquel acuerdo matrimonial, que, en su lugar, presentaría una "carta de garantía" (una hipoteca inmobiliaria, en definitiva) donde se decía que cedía el dominio de las Orcadas y de las Shetland a su futuro yerno como prenda del pago de los 60.000 florines, con un plazo de tres años. Y que cuando se hiciera efectivo la dote de la novia, se restauraría el dominio danés sobre estos archipiélagos. Cristian, ahogado financieramente, no podría pagar la dote y el Parlament de Edimburgo votaría ejecutar la garantía (20 de febrero de 1472). Después de cinco siglos, las Orcadas y las Shetland pasaban de ser escandinavas a ser escocesas por culpa de una hipoteca.