El próximo 12 de agosto, millones de personas contemplarán cómo la Luna engulle el Sol. Durante unos minutos, la oscuridad se impondrá en pleno día y el cielo nos regalará uno de los espectáculos astronómicos más fascinantes de las últimas décadas. Hoy en día sabemos exactamente por qué pasa. Es mecánica pura, un baile de distancias entre cuerpos celestes con predicciones de precisión milimétrica. Pero, ¿qué reacción tendríamos si no supiéramos nada? ¿Y si la oscuridad fuera un fenómeno completamente desconocido para nuestra especie? La ciencia ficción lleva décadas alertándonos; cuando la naturaleza cambia las reglas del juego, el verdadero peligro no es la oscuridad, sino la mente humana.
Esta es la grieta por donde se adentra la literatura del maestro Isaac Asimov en Nightfall, publicada en 1941 y que en español se traduce como Anochecer. La novela corta nos traslada al planeta Kalgash, un mundo extraordinario iluminado por seis soles diferentes donde la noche no existe. Su civilización ha prosperado bajo una luz perenne; nunca han visto las estrellas, no tienen concepto de la oscuridad y su vida está diseñada para una existencia de claridad ininterrumpida.
La catástrofe llama a la puerta cada 2.041 años, cuando las órbitas de los seis soles que rodean Kalgash se alinean con la de una luna oscura, provocando un eclipse total. Los dos milenios que separan un eclipse del siguiente hacen que la sociedad reaccione con incredulidad y risas cuando los astrónomos intentan alertar a la población. Sin embargo, a medida que la sombra avanza y la luz solar se apaga, el terror psicológico se apodera del planeta.
En un mundo en el que prácticamente ninguna generación ha conocido nunca la oscuridad, la pérdida de la luz desencadena una histeria colectiva e irracional. Desesperados por encontrar cualquier fuente lumínica, los habitantes de Kalgash empiezan a quemar todo lo que tienen al alcance. En cuestión de horas, hechos un puñado de miedos atávicos, los ciudadanos calcinan sus propias ciudades, destruyendo su avanzada tecnología y devolviendo su civilización a la edad de piedra.
La fragilidad de la civilización
El gran gancho de Nightfall es que Asimov no recurre a una invasión alienígena ni a ningún otro recurso exprimido en el género de la ciencia ficción, sino a la psique humana. Solo necesita un cambio brusco en la rutina de Kalgash para demostrar cuán frágil es el edificio de la civilización. El eclipse del próximo 12 de agosto será, afortunadamente, una fiesta científica y popular. El Sol volverá a brillar al cabo de pocos minutos. Ahora bien, hay que escuchar a los oftalmólogos y observar el fenómeno con unas gafas adecuadas, ya que, de lo contrario, la retina se puede quemar sin que nos demos cuenta.
