El actor norteamericano Robert Duvall, una de las grandes figuras de la historia de Hollywood y del cine mundial, ha fallecido este lunes a los 95 años en su residencia de Middleburg, en el estado de Virginia. Según ha informado su esposa, Luciana Duvall, el intérprete murió este domingo “pacíficamente, rodeado de amor y consuelo”. La noticia se ha hecho pública a través de un comunicado en Facebook, en el que su mujer le ha dedicado unas palabras emotivas: “Ayer nos despedimos de mi querido marido, querido amigo y uno de los mejores actores de nuestro tiempo. Para el mundo, fue un actor ganador de un premio de la Academia, un director y un narrador de historias. Para mí, lo era todo”.

Duvall fue nominado cinco veces a los Premios Oscar y ganó la estatuilla en 1984 por su papel en Gracias y Favores. A lo largo de su extensa trayectoria destacó en films como El Padrino, Apocalypse No y El gran Santini, convirtiéndose en uno de los actores más respetados de su generación. Durante las seis décadas que dedicó al mundo del cine, el actor estadounidense también ganó el premio BAFTA, un premio Emmy y cuatro Globos de Oro.

La familia ha comunicado que no se celebrará ningún servicio fúnebre formal. En lugar de eso, han invitado a todo el mundo que quiera honrar su memoria a hacerlo “viendo una gran película, contando una buena historia alrededor de una mesa con amigos o dando un paseo por el campo para apreciar la belleza del mundo”.

Uno de los mejores actores de la historia

Más allá de su desaparición, la figura de Robert Duvall deja una huella profunda en casi seis décadas de cine norteamericano. Con cerca de un centenar de películas, supo convertir papeles secundarios en presencias memorables. En Apocalypse Now (1979), bajo las órdenes de Francis Ford Coppola, dio vida al teniente coronel Bill Kilgore, un personaje extravagante e inquietante que, a pesar de aparecer pocos minutos en pantalla, quedó inmortalizado con su exaltación sobre “el olor del napalm por la mañana”. Con el mismo director había interpretado a Tom Hagen en El Padrino y en su secuela, el leal consejero de la familia Corleone, un papel que le valió una nominación al Oscar. A lo largo de su trayectoria acumuló siete, incluyendo candidaturas por El gran Santini, El apóstol, Acción civil y El juez, demostrando una capacidad constante para dotar de densidad moral y humana a personajes complejos.

La única estatuilla de la Academia la ganó en 1984 por Gracias y favores, donde interpretaba a un cantante de country fracasado que buscaba redención en medio de la soledad y los errores del pasado. El guion era de Horton Foote, el mismo dramaturgo que años antes se había fijado en su talento y había favorecido su debut cinematográfico en Matar a un ruiseñor, en la que Duvall encarnaba al misterioso Boo Radley. Hijo de un almirante de la Marina y de una madre con inquietudes artísticas, había crecido en Annapolis, en Maryland, antes de formarse en el Principia College y servir en el ejército de los Estados Unidos. Su determinación lo llevó después a Nueva York, donde compartió piso con Dustin Hoffman y forjó amistad con Gene Hackman mientras los tres intentaban abrirse camino en el mundo de la interpretación, encadenando trabajos precarios y apariciones televisivas hasta consolidarse en la gran pantalla.

Duvall también encontró un territorio especialmente fértil en el western, género con el que se sentía profundamente identificado. Trabajó con John Wayne en True Grit, recibió una nominación al Emmy por la miniserie Lonesome Dove —donde interpretaba al carismático Gus McRae, uno de sus papeles preferidos— y ganó el galardón televisivo por Broken Trail. Cuando el sistema de Hollywood no le ofrecía los proyectos que deseaba, optó por producir y dirigir sus propias historias, como El apóstol, que le valió una nueva nominación al Oscar, o Assassination Tango, film nacido de su pasión por el tango y por Argentina, país donde conoció a su esposa, Luciana Pedraza. Lejos del ruido permanente de la industria, repartía su tiempo entre Los Ángeles, Argentina y una extensa finca en Virginia, donde había convertido un antiguo granero en sala de baile, fiel a una manera de entender la vida tan intensa y comprometida como los personajes que llevó a la pantalla.