Maria Favà (El Poblenou, Barcelona, 1949) empezó a trabajar a los catorce años. Ha trabajado en el Avui desde el primer día del diario hasta su jubilación. Ningún periodista que haya hecho información local en Barcelona en los años 80 y 90 se ha entregado que la maldita Favà le aplastara una noticia. Seguramente más de una. Este viernes ha presentado "Diari Avui, 1976-2009. Entre el somni i l'agonia", un largo reportaje donde cuenta la historia de una institución clave en la recuperación del periodismo en lengua catalana.

¿Qué quiere decir cuándo afirma que "los diarios tuvieron que jugar un papel extraperiodístico y hacer tareas que no tocan en una situación de normalidad democrática"?

Convocábamos manifestaciones, asistíamos a reuniones clandestinas, hacíamos de correa de transmisión... Cuando se fundó la Federació d'Associacions de Veïns de Barcelona me convocan a un encuentro, después a otro... hasta que llegamos a la iglesia de la Preciosíssima Sang, donde se celebró la asamblea fundacional. Los que cubrían información política entonces pueden explicar muchas historias como esta. Los convocaban... quién fuera... como Carrillo, que todavía tenía que ir con peluca, que les hacía pasar tres controles antes de llegar a él.

Hoy cuesta entender todo eso. ¿Cómo era posible combinar periodismo y militancia?

Avui sale antes de que legalizaran los partidos. Los diarios sustituyen las instituciones democráticas que no teníamos... En medio de una noticia sobre un semáforo que no funciona soltábamos que habría una concentración por la noche. E íbamos. Si había que manifestarse con los vecinos, lo hacíamos. Recuerdo una manifestación en las barracas de Santa Engràcia, donde ahora está la plaza Àngel Pestaña, que fue dura-dura, y los periodistas éramos un vecino más. Pensábamos que era de ley. Después los vecinos volvían a su casa y nosotros al diario a escribir la noticia. Eso hoy sería impensable y las nuevas generaciones no lo entienden.

Tienen la duda de si esa actitud sería apropiada en un periodista.

Claro. Mi jefe, entonces, estaba con nosotros. Pero ahora me diría: Maria, eso no se tiene que hacer, hay que tomar distancia. Hace 40 años, sin embargo, esta distancia no se exigía —ni se tenía que exigir. Mucha gente ha dicho que la primera portada del Hoy, con aquel título sobre la huelga del Metal, es casualidad. De casualidad, nada. Detrás había un señor que se llamaba [Josep] Faulí [el primer director del diario] y que lo tenía muy asumido, eso de la lucha obrera. Aquella información la firma un cura en activo, que es Joan Subirà. Podríamos haber puesto cualquier guerra. Pero no, titulamos con la huelga del Metal.

¿Por qué todavía nadie ha explicado por qué era razonable que el periodismo actuara así?

Es que lo que hacíamos no era exactamente periodismo. Salíamos del franquismo. En el libro "Barris, veïns y democràcia" Marco Andreu aproxima una explicación. Nosotros veníamos de la prensa clandestina. Yo trabajé en la API [Agencia Popular Informativa, boletín clandestino antifranquista (1972-1976) próximo al PSUC y a CC.OO.] y en Quatre Cantons [una revista del Poblenou (1963-1978) dirigida, entre otros, por Rafael Pradas y Josep Maria Huertas] y en aquellos años me acostumbro a que mis informaciones sirvan para movilizar a la gente. Estaba convencida de ello y creía que era necesario. Pero en los años 80 todo eso ya no hacía falta.

¿El antifranquismo marcó profesionalmente vuestra generación?

Un día, Pasqual Maragall, el alcalde, nos reunió en el Gran Café a los que cubríamos información local. Nos dijo: los que habéis trabajado en el franquismo no trabajaréis bien en democracia. Era su opinión. A Maragall lo tratamos muy duramente al principio. Estábamos acostumbrados a repartir mandobles...

Usted explica en su libro que Avui no tuvo tiempo de componer un proyecto editorial claro por las prisas con que salió.

Ese fue el gran error de Avui. Franco había muerto en noviembre [de 1975], en diciembre nombran director general de Prensa [en el gobierno de Madrid] a Carles Sentís y la primera semana de enero conceden el permiso de publicación al diario, que hacía años y años que pedían. Lo consigue Sentís, que siempre jugó a dos bandas. Espar Ticó, Cirici, Maluquer [principales promotores de Avui] tenían miedo de una involución, como probó el 23-F... Por eso decidieron que el diario saliera inmediatamente, por Sant Jordi [de 1976]. Faulí y Josep Maria Cadena [el primer subdirector] querían aplazarlo al Once de Septiembre. No les dejaron. Hicimos sólo tres números cero [pruebas reales del diario].

La portada del libro y del primer número de Avui 

¿No estaban maduros para salir?

No. Ni financieramente, ni empresarialmente ni en la redacción. Teníamos una media de edad de 25 años. Muchos se estrenaban y otros teníamos una vida profesional muy cortita. Respecto a la lengua catalana, cero. Yo misma aprendí catalán con las fichas del [Josep] Ruaix... En El País [salió el 4 de mayo de 1976] estuvieron un año haciendo números cero. Tenían mucho más dinero. Avui  tenía los fondos de los cuentapartícipes y nos lo rompimos el primer año.

¿Nadie corrigió el rumbo a medida que la democracia se estabilizaba?

Es que se acabó el dinero. El primer año, Avui ofrece un abanico ideológico impresionante, que se estrecha a medida que se acaban las peladuras y empiezan a entrar, primero, via Tarradellas, y después, directamente desde Convergència. Hay varios intentos de relanzar el diario y algunos directores —[Jaume] Serrats, [Vicenç] Villatoro, [Vicent] Sanchis— vienen con muchas promesas y con dinero. Pero eran pocas pelas, insuficientes para remontar de verdad. Siempre fuimos con un zapato y una alpargata. Cuando llega Antoni Cambredó [fue presidente ejecutivo del 2005 en el 2009] desde La Vanguardia queda impresionado por todas las cosas que hacemos sin medios humanos y económicos. Se convirtió en un fan de Avui.

¿Pudo cuajar el diario en algún momento?

Nos faltaba publicidad. Al principio no se supo gestionar ni la publicidad ni las suscripciones. Era un desbarajuste. Las centrales de publicidad estaban en Madrid y aunque abrimos sucursal allí para captar publicidad, no había manera. El diario tenía una proporción de publicidad que no se correspondía con su difusión.

¿Por qué no se implicaron más 'próceres' catalanes en este proyecto?

Está demostrado que los próceres no saben nada de diarios. Cuando ponen muchas pelas, lo que quieren es manejarte. El caso más flagrante es el  de [Jordi] Pujol, que no supo manejar El Correo Catalán. A mí me dijo que nunca había intervenido en los contenidos de Avui. Bien... eso lo desmienten todos los directores. En fin: cuando esta gente pone pelas quiere intervenir... y punto. También pasaba que sólo intervenían cuando Pujol se lo pedía, puntualmente. Nunca era suficiente. Ponían poco dinero y se acababa pronto. Si le pedía dinero a Puig [el empresario perfumista] o a los champañeros, lo debían poner... Aún hoy hay gente que no ha dicho que puso pelas en Avui, aunque hoy sería una medalla ¿verdad? Esta es una de las grandes carencias de mi libro. No he logrado saber quién puso dinero, sólo he conseguido algunos nombres.

Qué misterio.

A ver, algunas cosas las pagaban directamente las conselleries. La persona que hacía el suplemento de Educación, que se publicó durante dos años, cobraba directamente de la conselleria. El suplemento de Cultura, un gran suplemento, lo pagaban los editores si no al ciento por ciento, al ochenta por ciento. Pero al diario-diario... las pelas llegaban del Palau: en época de Tarradellas, de la Diputación de Barcelona, y después de pequeños o medianos empresarios a los enviaba Pujol.

¿Es una buena descripción decir que Avui era un diario sin empresa?

Sí. Dicho rápidamente.

En el libro explica que los periodistas de Avui tenían baja autoestima.

Tuvimos altibajos. Santiago Ramentol [director 1987-1989] es un momento alto. El nuevo modelo que impulsan Vicenç Villatoro [director 1993-1996] y Martí Anglada es otro. Sanchis insistía mucho en la autoestima. Una anécdota: una periodista salía del diario con El País bajo el brazo y él se lo pone dentro de Avui y se lo devuelve. "Enseña Avui, no El País", le dijo. También cobrábamos menos que los periodistas de otros diarios por hacer el mismo trabajo. Agustí Pons [periodista y escritor que trabajó] explica que todos los intelectuales del momento perdían el culo para publicar en El País. Dieron de lado al Avui.

¿Eran conscientes de lo que hacían al inicio del diario?

Sabíamos que mucha gente lo esperaba. Creo que éramos conscientes. Salimos de la nada. No teníamos diarios donde mirarnos. La generación antes de la nuestra no estaba. No teníamos maestros. Cadena, Pernau, Faulí... Pero ellos empezaron en diarios en castellano, de corta y pega... En Avui, los teletipos venían en castellano y teníamos que rehacerlos en catalán, traducirlos y adaptarlos...

¿Se le ha hecho justicia, al Avui?

No. Nosotros inventamos el lenguaje periodístico catalán contemporáneo. Yo iba a la hemeroteca a leer diarios catalanes de los años 30 y... aquel lenguaje ya no nos servía. Fue duro. Por ejemplo, una vez, con Jaume Fabre hicimos una información sobre el cinturón de ronda y en portada titulamos "el cinyell de Ronda". Hasta que no nos decidimos a utilizar "cinturón", como decía todo el mundo... Nuestro catalán lo tomaron TV3 y Catalunya Ràdio, que nacieron ocho años después... y el Ara, que está hecho por gente del Avui, como Albert Pla. El Avui lega sobre todo la recuperación de la lengua. Es el primer diario hecho y pensado en lengua catalana tras la muerte de Franco. También fue una gran escuela de periodistas.

Como Vicent Sanchis, el nuevo director de TV3.

A Sanchis lo han reprobado antes de que haya hecho nada. A los directores de TV3 siempre se los ha escogido igual. ¿Por qué ahora se rasgan las vestiduras? Tengo que decir que fue el mejor director de Avui y es un gran profesional. Lo hizo muy bien. ¿Que sabemos cómo piensa? Sí. Todo el mundo piensa de alguna manera.

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