'Ginestà' conquista Razzmatazz con un canto al amor y al país en el tramo final de gira

Tot el que ens queda es, quizás, una de las mejores maneras de entender Ginestà: las cosas que compartimos, los vínculos que nos sostienen, las personas que nos acompañan y las pequeñas historias cotidianas que, cuando se convierten en canción, dejan de ser tan pequeñas. De eso trató, en buena parte, el concierto que los hermanos Júlia y Pau Serrasolsas ofrecieron este sábado en Razzmatazz, con todas las entradas agotadas y una sala tan llena que no cabía ni un alfiler. Puntuales y con una energía contagiosa, Ginestà convirtieron el tramo final de la gira de Gira tot igual, però diferent en una celebración colectiva que tuvo tanto de fiesta como de encuentro familiar.

"¡Buenas noches, Barcelona! ¿Pero qué es esto?", exclamaba Pau nada más empezar, sorprendido por la respuesta de un público que había comprado las entradas hacía meses y que no parecía haber perdido ni un ápice de entusiasmo. Los primeros compases de Amb tu i per tu pusieron en marcha una noche de dos horas y una veintena larga de canciones, en la que el dúo combinó las piezas del nuevo disco con algunos de los temas que los han convertido en una de las propuestas más queridas del pop catalán.

Acompañados de una banda que desplegó teclado, batería y dos bajos, los hermanos demostraron que se encuentran en un momento de madurez escénica. Se conocen de memoria, saben cuándo dar un paso adelante y cuándo dejar espacio para que el otro brille. Funcionan como un engranaje bien engrasado, sin necesidad de competir por la atención. La complicidad entre ambos es una de las grandes virtudes del directo y, de hecho, acaba siendo tan protagonista como las propias canciones.

La fiesta comenzó pronto con una lluvia de serpentinas blancas que estalló sobre la sala. Antes de interpretar Un piset amb tu, Júlia soltó una de las frases de la noche: "Ojalá poder volver a romantizar alquilar un piso". Durante el concierto hubo diferentes momentos reivindicativos pero también para celebrar. De hecho, explicaron que durante la gira habían hecho una especie de concurso para ver qué pueblo cantaba más fuerte y invitaron a Barcelona a demostrar que podía llevarse el título. Pero si hay algo que define a Ginestà es que no necesitan mantener el volumen de la fiesta permanentemente al máximo. De hecho, es cuando bajan las revoluciones que el concierto encuentra algunos de sus mejores momentos. Sus canciones piden intimidad y en una sala tan grande y con un volumen tan elevado, esta delicadeza a veces queda un poco diluida. Cabe destacar la voz de Júlia, dulce, de seda, pero con una fuerza que no pasa desapercibida y que se funde con la de Pau en una armonía perfecta.

De momentos emotivos hubo muchos y uno de ellos llegó con Gira tot igual, però diferent, la canción que da nombre al disco y que interpretaron en acústico, con un sonido muy desnudo. Antes, Júlia explicó que era un tema muy especial porque lo habían dedicado a su abuelo, un humanista que les había transmitido los valores que hoy comparten como familia. La pieza habla del mundo que hemos heredado, de lo que nos ha tocado vivir y de la responsabilidad de pensar qué mundo dejaremos a los que vendrán. "Vienen tiempos oscuros, nos jugamos mucho", advirtieron, haciendo referencia a las próximas elecciones del 29N. La canción terminó con un silencio cargado de emoción que el público rompió cantando "Els carrers seran sempre nostres".

La política no quedó reducida a esta intervención. Ginestà aprovechó el escenario para hacer un llamamiento a la movilización de la huelga del 11-N y también animó al público a ir a votar. También hubo una crítica directa a la situación del transporte público, con una de las frases más celebradas de la noche: "Puta Renfe y viva el amor". Una manera muy suya de unir reivindicación y ternura, sin perder el sentido del humor ni convertir el concierto en un mitin.

Otro de los momentos más especiales llegó con Pau, la canción que Júlia ha escrito para su hermano. Antes de interpretarla, le dedicó unas palabras que fueron una auténtica declaración de amor: explicó que Pau la inspira, que tiene una capacidad extraordinaria para cuidar y para poner palabras a las cosas que les pasan y que ella tiene la suerte de tenerlo al lado. Después, él se sentó a escucharla mientras su hermana le cantaba. Sin artificios ni grandes discursos, la canción hizo visible aquello que atraviesa todo el proyecto: Ginestà es también la historia de dos hermanos que han aprendido a crecer juntos y a convertir esta relación en música.

La noche tuvo dos colaboraciones. Alba Armengou se sumó a T’estimo tant, mientras que Ernest Crusats, de La iaia, apareció para interpretar Finestres. Antes de esta última, Pau explicó que hacía un año que habían empezado a grabar el disco, en unos meses intensos entre el Carmel y Cambrils, y que sentían que todavía les faltaba una pieza para completarlo: un cuarteto de cuerda. Por eso habían decidido traerlo a Barcelona como regalo para el público. Tres violines y un violonchelo vistieron la canción y le añadieron una dimensión nueva. Quizás alguien esperaba alguna sorpresa más, como la presencia de Nil Moliner, con quien han publicado Amb qui estaràs?, pero las dos apariciones fueron lo suficientemente especiales para dar al concierto un carácter diferente.

También hubo espacio para Deixar-se anar de la mà, la pieza que Pau interpreta con su expareja, Laia Manzanares, que aporta otra mirada sobre el amor: la posibilidad de que los vínculos cambien de forma sin que esto borre su valor. El repertorio también recuperó Pau, de Els Pets, que Pau cantó en solitario y cerró con un "¡Viva Els Pets de Constantí!". Más adelante, Estimar-te com la terra sirvió para reivindicar el territorio y denunciar a los especuladores que expulsan a los vecinos de sus barrios, así como los desahucios. "Amar la tierra es todo esto, y es vuestro", recordaron antes de hacer un llamamiento a pararlo todo el 11-N. En un concierto que hablaba constantemente del amor, amar también quería decir defender el lugar donde vivimos y las personas que lo habitan.

La parte final recuperó la energía más festiva con Amb qui estaràs?, Només viure, La meva sort, Perdre el cap y L’Eva i la Jana; esta última fue especialmente significativa para Júlia, que la dedicó a todas "las Janas", besó a una de las bajistas e invitó a las dos músicas a dar un paso adelante y ocupar el espacio en una canción que reivindica el amor entre dos mujeres.

"Hoy tocamos en casa. Queremos seguir haciendo discos muchos años y seguir haciendo salas en Barcelona. Vosotros dais sentido a las cosas que hacemos", dijo Júlia en uno de los parlamentos finales. Y el público respondió como había hecho durante todo el concierto: cantando, saltando y demostrando que aquella relación va mucho más allá del éxito de una canción concreta. La despedida, sin embargo, tuvo un punto inesperado. Después de las dos horas de música en catalán, Ginestà escogieron Y me voy, de Julieta Venegas, la única pieza de la noche en castellano. Una elección que descolocó un poco después de tantas reivindicaciones de la lengua y de la identidad musical propia, pero que sirvió para cerrar la fiesta con un último giro de guion.

Quizás a veces parece que un gran concierto deba ser necesariamente una sucesión de saltos, gritos y euforia desbordada. Ginestà, en cambio, recuerdan que también se puede llenar una sala como Razzmatazz desde la dulzura, la vulnerabilidad y las cosas sencillas. El concierto del sábado fue una celebración de todo aquello que les ha traído hasta aquí: las canciones, la familia, los amigos, el país y un público que, después de tantos meses, todavía tenía ganas de cantarlas todas.