"¡Es la economía, imbécil!!!", soltó Bill Clinton a George Bush -sénior- en la campaña electoral norteamericana de 1993. Con este latigazo verbal, Clinton -candidato a la presidencia- ponía en evidencia las limitaciones de Bush -candidato a la reelección-, que se presentaba con un programa electoral que había perdido la perspectiva de las prioridades. Esta cita, trivializada y banalizada, circula libremente por las redes para ilustrar situaciones cómicas protagonizadas por personajes ridículos. Pero conserva su espíritu. Y es perfectamente aplicable a las políticas erráticas de infraestructuras viarias del Gobierno español. El Corredor Mediterráneo -sobado, dilapidado y prostituido por los gabinetes de Rajoy- es la olvidada columna vertebral del territorio peninsular. Es la vía natural que conecta la península Ibérica con el continente europeo desde hace más de 2.000 años. ¡¡¡Es la Vía Augusta romana, Mariano!!!

 

La calzada romana

Cuando los romanos pusieron los pies -y las garras- en la península Ibérica -hace 2.200 años- la que sería Vía Augusta ya insinuaba su trazado. Las naciones norte-ibéricas -del territorio entre las actuales Narbona y València- se comunicaban entre ellas y con las sud-ibéricas -del valle del Guadalquivir- a través de un trazado de vías y carreteras que serían el esbozo del dibujo definitivo de la posterior calzada romana. Hace 2.200 años la fachada mediterránea peninsular ya participaba plenamente de las dinámicas globales -y globalizantes- que imponían las potencias de la época. En cambio el centro, el norte y el oeste de la península -por una simple cuestión de logística estratégica- habían quedado en una situación periférica y hacían la función de despensa del litoral mediterráneo. Los ramales viarios que se adentraban hacia el interior (atención, Mariano!!!) partían, siempre, del eje mediterráneo, siguiendo -o remontando- el curso de los grandes ríos -el Ebro, el Duero, y el Tajo. De levante hacia poniente, Mariano.

La Vía Augusta en el trazado desde Narbona

 

La Vía Augusta

La excursión cartaginesa de Aníbal y sus elefantes a Roma -en el contexto de las guerras púnicas que enfrentaban a las dos superpotencias del momento- siguió el curso de los caminos que insinuaban la Vía Augusta. De Cartagena a los Pirineos; pasando por Sagunt, Tortosa y Empúries, sembrando el camino de muerte y de destrucción. Poco después los generales Escipiones romanos -dos hermanos con hambre de gloria y sed de sangre- hicieron el mismo camino a la inversa, sin elefantes pero con el mismo resultado. La expansión peninsular romana -que significa la conquista y el sometimiento de las naciones ibéricas- se hizo siguiendo el eje mediterráneo. Y el trazado de la Vía Augusta explica, Mariano, que el acusado sentido de la praxis romana -que no estaba por estupideces tribales- no tuvo dudas: la forma más estratégica -que significa fácil y práctica- de comunicar a la península con el continente era a través del litoral mediterráneo. ¡¡¡Hace 22 siglos, Mariano!!!.

 

Las ciudades romanas

Roma tenía un particular -y brutal- sistema de dominación que consistía en la concentración de la población sometida. El éxodo rural, Mariano, siempre ha sido un fenómeno forzado y dramático. Roma situó a propósito las ciudades más importantes de la península sobre el trazado de la Vía Augusta. Gerunda (Girona), Barcino (Barcelona), Tàrraco (Tarragona), Dertusa (Tortosa), Saguntum (Sagunt), Valentía (València), Saètabis (Xàtiva) o Ilice (Elx). ¡Ciudades que, con sus respectivos hinterlands, se estima que representaban (atención otra vez, Mariano!!!) el 30% de la población peninsular. Y el 60% si sumamos la estimación de población de las antiguas Corduva (Córdoba), Astigi (Écija), Híspalis (Sevilla) y Gades (Cádiz) y sus respectivos hinterlands. Porque la Vía Augusta, la columna vertebral de la red viaria romana en la península, dibujaba el trazado que unía Cádiz y Narbona, y hasta Roma, caput mundi (capital del mundo). ¡¡¡2.000 años, Mariano!!!.

 

La columna vertebral

Cuando contemplamos los restos de las infraestructuras romanas nos sorprende su capacidad de resistir el paso de los siglos. Eso se explica porque Roma, en las infraestructuras estratégicas, no ahorraba ni recursos ni esfuerzos. La Vía Augusta, infraestructura viaria de primer orden en la Roma imperial, fue construida con el uso de las tecnologías más adelantadas de la época. Tanto es así, que resistió el derrumbe político del imperio; las revueltas destructivas de los esclavos, las invasiones germana, bizantina e islámica, y las guerras de expansión de los Estados cristianos. 1.000 años después de ser construida, los conde-reyes catalano-aragoneses la convirtieron en el Camino Real que unía Alacant con Perpinyà, pasando por València y por Barcelona. La columna vertebral de la red vial que unía la Corona de Aragón con Francia, con las Repúblicas italianas y con el imperio alemán. Y que unía Andalucía -la parte sur de la corona castellana- ¡¡¡con Europa...Mariano!!!.

 

El hilo de la historia

Las disputas fratricidas ibéricas, Aníbal y sus elefantes, los sanguinarios Escipiones romanos y la paz de plomo impuesta -la pax romana injustamente glorificada-, el exotismo visigótico, la yihad islámica, la cruzada cristiana, el emporio comercial catalano-valenciano, las revoluciones agrarias, las revoluciones sociales, la revolución industrial, la revolución tecnológica, y lo que tiene que venir; hace más de 2.000 años que llega y que se marcha, del continente a la península y de la península al continente; que entra, que se queda, o que sencillamente transita y se va; por el camino natural que sigue el perfil de la costa mediterránea. La Vía Augusta es, también, alguna cosa más que un eje viario estratégico. Es, ¡¡¡atención otra vez, Mariano!!!, el hilo sobre el mapa, que significa sobre el territorio (las personas, las culturas, el comercio... ¡¡¡la economía!!!), que explica nuestra historia -inequívocamente europea- y nuestro destino -inequívocamente europeo... ¡¡¡Europea, Mariano!!!