Barcelona, 5 de enero de 1934. Hace 92 años. Once días después de la muerte del president Macià. El Parlament de Catalunya hacía efectivo el Reglamento de la Generalitat, que contemplaba que, en caso de que el president del país muriera en el ejercicio del cargo, no se convocarían elecciones anticipadas, sino que sería relevado por el president del Parlament hasta agotar la legislatura. Haciendo uso de dicho reglamento, el Parlament proclamaba a Lluís Companys —president de la cámara legislativa catalana— nuevo president de la Generalitat de Catalunya. Tenía que serlo hasta completar la legislatura (noviembre, 1932 – noviembre, 1937). Pero Companys no fue un president continuista, sino que imprimió un cambio de orientación sustancial al Govern.
El paisaje donde nace ERC
ERC nació unas semanas antes de las elecciones municipales de 1931. Pero aquellos comicios no eran una convocatoria electoral más; eran los primeros desde el golpe de Estado de Primo de Rivera (septiembre, 1923), perpetrado con la entusiasta colaboración del rey Alfonso XIII —que conservaría su posición de jefe de Estado— y que había acabado con medio siglo de régimen constitucional (1874-1923). Y los partidos republicanos que habían sobrevivido a la dura clandestinidad impuesta por la dictadura (septiembre, 1923 – marzo, 1931) habían planteado aquel envite como un plebiscito a la desacreditada monarquía. Los paisajes sociológicos catalán y español se polarizaron y aquellas elecciones, más allá de su propósito, escenificarían un debate entre monarquía y república.
El ocaso de la Lliga Regionalista
La Lliga Regionalista, la formación hegemónica en Catalunya desde que había liderado la creación y el triunfo electoral de la plataforma Solidaritat Catalana (1907) hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera (1923), habría podido recuperar su papel protagonista. Pero estaba profundamente desacreditada por la colaboración de algunos dirigentes del partido con el golpe de Estado y con el régimen dictatorial. Aun así, la estrategia del entonces diputado Francesc Macià, fundador y líder del partido independentista Estat Català (1922) y que, desde el exilio, había adquirido una categoría mítica (gira por los casals catalanes de América, 1925; Fets de Prats de Molló, 1926, y juicio de París, 1927) passaba por asegurar la victoria forjando una alianza con otras formaciones ideológicamente cercanas.
El "pecado original" de ERC
El jueves 19 de marzo de 1931, tres semanas y tres días antes de las elecciones, Macià lograba su objetivo: la creación de una plataforma con garantías de victoria, formada por cuatro partidos. Dos formaciones republicanas, interclasistas e independentistas: el partido Estat Català, fundado en 1922 y liderado por Francesc Macià, y el colectivo Grup d’Opinió, liderado por Joan Lluhí i Vallescà y formado por intelectuales vinculados al diario L’Opinió. Y dos formaciones republicanas, obreristas y federalistas: el Partit Català Republicà, fundado en 1920 por Lluís Companys y por el difunto Francesc Layret, y la Joventut Republicana de Lleida, liderada por Humbert Torres. ERC nacía con "dos almas". Era su "pecado original".
El difícil equilibrio inicial
Las negociaciones de creación de la plataforma ERC (marzo, 1931) fabricaron un paisaje que escenificaría a la perfección el equilibrio de pesos de aquella alianza. Francesc Macià, que era, por las razones anteriormente expuestas, el político más conocido y más valorado por la sociedad catalana, sería el líder indiscutible. Pero Lluís Companys, que venía del liderazgo obrerista de los difíciles años de plomo del pistolerismo (1918 - 1923) y que presidía un partido con una expectativa electoral importante (a un nivel similar al de Estat Català), se reservaría un papel casi tan relevante como el de Macià. Y, por otro lado, Lluhí y Torres, desde su posición más modesta, contribuirían a equilibrar los pesos de aquella compleja y difícil arquitectura inicial.
¿Por qué Companys, cuando fue president, marginó a los independentistas?
Companys nunca tuvo la altura política de Macià. Y eso se pondría de relieve desde el mismo momento en el que asumiría la presidencia. Y así, mientras que Macià, durante su mandato (el provisional: abril, 1931 — noviembre, 1932; y el estatutario: noviembre, 1932 — diciembre, 1933), fue capaz de proyectar la arquitectura de pesos y equilibrios de la plataforma en la formación de gobiernos; Companys, desde el preciso momento en el que se convirtió en inquilino de la Casa dels Canonges, maniobraría para marginar y apartar del Govern a los independentistas. Uno de los casos más sonados sería cuando forzó la dimisión de Miquel Badia i Capell, comisario general de Ordre Públic y dirigente de Estat Català, después de arrestar al furibundo fiscal anticatalán Sancho (septiembre, 1934).
¿Companys era, realmente, el president de Catalunya?
Durante la dirección de Companys (enero, 1933 – octubre, 1940) se produciría una espiral de fractura que culminaría durante la guerra civil española (1936 – 1939). La inexplicable estrategia de Companys en los Fets d'Octubre (1934), la conjura de Estat Català para eliminar a Companys y restaurar el orden público usurpado por los siniestros anarquistas (noviembre, 1936) o las gestiones de la dirección independentista con los gobiernos francés y británico y con la Cruz Roja internacional para crear una zona desmilitarizada de administración internacional en Catalunya (noviembre, 1938), rechazadas por Companys, explican que, en demasiadas ocasiones, el llamado president-mártir actuó más como el líder de su facción que como el president de Catalunya. En demasiadas e inaceptables ocasiones se escenificaría aquel "pecado original".
