Sara Nović era una niña cuando estalló la guerra de independencia de Croacia. También lo es Ana Jurić, la protagonista de la novela Chica en guerra (ed. Catedral), que nos explica el conflicto de los Balcanes con ojos de niña. Pero no se trata de una obra autobiográfica. Nović nació en una familia de origen croata, pero no a Zagreb, como Ana Jurić, sino a Nueva Jersey, en los Estados Unidos. Y, a pesar de todo, su obra quiere ser una crónica del dolor provocado por la guerra de los Balcanes. Aparece en catalán en una traducción de Marta Pera Cucurell y en castellano en una de Milo J. Krmpotić.

Reto superado

No hay duda que los niños no viven la guerra como los adultos. Pero no está nada claro como lo hacen. Chica en guerra explora, justamente, las vivencias infantiles en una situación extrema como lo fue el conflicto balcánico. Una obra escrita desde los ojos de una niña a la que tratan de esconder las mayores violencias, pero que finalmente acabará tropezándose, trágicamente, con el conflicto. La primera frase del libro es genial y anticipa la fuerza de la historia que explica Nović: "En Zagreb la guerra empezó con un paquete de tabaco". Para una niña un paquete de tabaco puede ser muy revelador.

Bombas en segundo plano

Para Ana Jurić la guerra no es la amenaza continua de la muerte, como lo es para los adultos de Zagreb. Los bombardeos son una anécdota en su vida de niña. Ni siquiera la pobreza o la falta de alimentos la marcan demasiado. Porque como niña que es, y pese a la guerra, sigue jugando, yendo con sus amigos, buscando las caricias de sus padres, preocupándose por su hermanita... El lector sabe mucho mejor que la propia protagonista el alcance de la tragedia que se acerca, y eso da especial fuerza a la lectura.

Casi redondo

Las primeras 100 primeras páginas de la novela son de una fuerza excepcional. Escribir en primera persona desde el punto de vista de un niño no es fácil. Y es mucho más difícil describir una guerra con ojos de niño sin caer en el sentimentalismo o la moralina. Y Sara Nović consigue transmitir una historia terriblemente dramática, con mucha ternura, pero sin renunciar a puntos de ironía y de humor. En el Zagreb de la novela hay guerra, pero no sólo hay guerra. Los personajes tienen vidas que, pese al conflicto, continúan, con problemas, pero también con ilusiones, con debilidades, con dudas... Nović es capaz de construir unos personajes fascinantes, que tienen muchas inquietudes además de la propia guerra.

Mirada atrás

La segunda parte del libro usa una técnica diferente, de flashback, con el fin de explicar las fases más duras de la guerra: los niños soldados, las tensiones en las zonas rurales, las matanzas, la destrucción... La guerra, inevitablemente, salta a un primer plano con armas, trincheras, muertes, heridos... Y la protagonista sale de Zagreb para pasearse por diferentes escenarios bélicos de la Croacia de los noventa, cuando las fuerzas independentistas se enfrentaron al ejército yugoslavo, muy superior militarmente.

Más allá de las matanzas

Chica en guerra parte de una denuncia de los crímenes de guerra cometidos por los serbios contrarios a las independencias en el momento de la disgregación de la antigua Yugoslavia. Una autora de origen croata no podía dejar de mencionar la tragedia de su pueblo. Pero la novela es, sobre todo, la historia de la memoria de los supervivientes (en cierta medida, también, la de la propia autora, que no sufrió directamente la guerra por vivir en el exterior). En realidad, esta novela es tanto la novela de una guerra como la de la reconstrucción de una nación y de sus habitantes tras un conflicto bélico. Una opera prima de una gran fuerza que ha sido muy bien recibida en otros países, y que hace prever que Sara Nović será una autora a seguir.

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