El Institut de Nova Història, cuya alma es el historiador y filólogo Jordi Bilbeny, lleva años reivindicando la catalanidad de muchas figuras históricas que tradicionalmente se han considerado como españolas o de otras nacionalidades. Esto se enmarca dentro de la campaña de este organismo para luchar contra "la manipulación de la historia". En su página web aseguran que, entre sus objetivos, hay uno que es "destapar esta gran jugada sucia de la manipulación de nuestro pasado, perpetrado durante siglos".

En el punto de mira

Las críticas al Institut, desde hace tiempo, llegan por todos lados: desde un catalanismo que se considera desacreditado por sus investigaciones, y desde un españolismo que pretende que sus investigaciones son la muestra de los "excesos" de la historia nacionalista catalana. Ellos se defienden asegurando que las críticas son un ataque a Catalunya; denuncian "el complot multisecular de la mofa y del escarnio a todo aquello que supone un reconocimiento internacional de nuestro país". Jordi Bilbeny escribe: "¿A quién quieren engañar mis insultadores, detractores y perseguidores intelectuales? Llevo 'siglos' tratando con mentes como las suyas. Hace siglos que están ahí y hace siglos que hacen exactamente lo mismo. La historia está llena de ejemplos estremecedores. Son encarnaciones de una pseudo-libertad de pensamiento que ataca, escarnece y desprecia todo aquello que no se ajusta a sus conceptos preconcebidos y predeterminados".

Teoría de la conspiración

La teoría del Institut de Nova Història es que un gran número de documentos históricos han sido alterados o escondidos intencionadamente, durante siglos, para ocultar el protagonismo catalán en la historia. Lo habrían hecho, simplemente, por "animadversión" hacia todo lo que parece catalán. Y afirma que muchos personajes catalanes tuvieron que disimular su origen para escapar de España. Aseguran que, a causa de la censura, buena parte del pasado se tiene que buscar en mensajes en clave dentro de los textos (por ejemplo, afirman que "quijote", en catalán y al revés, significa "tóxico", y que esto es una referencia a los aspectos negativos del gobierno español de la época).

Esconder la catalanidad

También aseguran que muchos catalanes ocultaron su identidad nacional, porque "en España pensar ha sido delito durante siglos". Algunos catalanes que vivieron en otros países habrían adquirido una nueva identidad para "zafarse del pensamiento único y esterilizador español multisecular".

Los principios de la "nueva historia"

La escuela de los Annales, ya en la primera mitad del siglo XX, fijó las que serían las bases de la nueva historia. Y algunas de las cosas que ellos establecieron, que en aquel momento eran tremendamente revolucionarias, se han convertido en la base del estudio contemporáneo de la historia. Una de ellas era el combate contra la tendencia a presentar la historia como una realización de grandes personajes. Durante todo el siglo XX, la historia académica se ha centrado en los procesos sociales y no en las personas, y, además, ha intentado poner de relieve el papel de las clases populares, los olvidados de la historia, en el devenir de nuestro mundo. Ya Bertold Brecht, en el poema "Preguntas de un obrero que lee", criticaba el hecho de plantear la historia como una cuestión de grandes hombres. La que se considera "Nova Història", en cambio, continúa centrándose en una historia de grandes hombres, al igual que la historia más rancia.

Cuando nos lo hacían tragar todo

Una de las cosas más sorprendentes es que el Institut de Nova Història, que se presenta como un esfuerzo por descolonizar la historia de Catalunya, haya escogido como uno de sus emblemas el "Descubrimiento catalán de América". Los que pretenden luchar contra el imperialismo español actual, se sienten la mar de orgullosos por lo que denominan "Imperio Universal Catalán", que habría dominado el mundo en el siglo XVI. En la página web del Institut hablan de este periodo como "un tiempo en que la estrella de la Nación Catalana brilló más alta que nunca con el Descubrimiento de América y el reinado del emperador Carlos V. Un tiempo en que a los catalanes todavía no nos hacían tragárnoslo todo". No sólo afirman que Colón era el catalán Joan Colom, sino que el mismo Américo Vespucio, que da nombre al continente, sería un catalán sin determinar, perteneciente a la familia Despuig.

El "descubrimiento"

El concepto de "descubrimiento", aplicado a América, no puede ser más polémico, ya que se trataba de un territorio habitado, y por lo tanto, alguien lo había "descubierto" mucho antes que los europeos. Las poblaciones y los historiadores americanos, desde hace décadas, han puesto de manifiesto esta contradicción y han denunciado el trasfondo eurocéntrico del uso del concepto "descubrimiento". Paradójicamente, mientras tanto, hay quien, en el Institut de Nova Història, pide que el 12 de octubre, el antiguo Día de la Raza, se convierta en la Diada Nacional de Catalunya.

Del descubrimiento a la colonización

Todavía es más grave cuando se pasa del "descubrimiento" a la colonización. El Institut de Nova Història pretende transferir las viejas glorias nacionalistas españolas a la catalanidad. El problema es que estas glorias ya no son tales. Hoy en día pocos son los historiadores que obvian que la conquista de América fue un proceso realizado con una terrible violencia y que supuso un auténtico genocidio para los indígenas, que se vieron sometidos a torturas, trabajos forzados, expolios, esclavitud... Varios investigadores del Institut de Nova Història han alegado que Pizarro, Cortés y Almagro eran nobles catalanes, descendientes ilegítimos de la Casa de los Trastàmara. Afirman que Francisco Pizarro sería en realidad Francesc Pinós de So i Carrós, Hernán Cortés sería Alfons de Ribagorça y Juan Ponce de León sería tan catalán como Pedro de Alvarado.

Apropiaciones más que discutibles

Aunque Colón es el personaje más destacado que el Institut ha querido apropiarse, hay muchos más. Sus investigadores afirman, por ejemplo, que Leonardo da Vinci fue catalán (argumentando que el fondo de algunos de sus cuadros parecen la montaña de Montserrat). Han "demostrado" que Cervantes sería el jijonense Joan Miquel Servent; el anónimo autor del Lazarillo, por la misma regla de tres, sería también valenciano, de Tormos, y no de Tormes. Garcilaso de la Vega sería un escritor barcelonés, próximo a Ausiàs March; La Celestina se habría escrito originalmente en catalán; y Quevedo habría plagiado al rector de Vallfogona. Algunos autores también aseguran la catalanidad de Bartolomé de las Casas, de Santa Teresa de Jesús, del pintor Ieronimus Bosch y del filósofo Erasmo de Roterdam. Pero no sólo reivindican los personajes de ejemplar trayectoria histórica, sino otros que no han dejado tan buen recuerdo: desde el Cid hasta Maquiavelo, pasando por Poncio Pilatos.

El esencialismo

La base de la teoría del Institut es que España, es, en esencia, absolutamente anticatalana. Frente a ella se enderezaría la catalanidad, también como un bloque homogéneo, por esencia enfrentado al españolismo. Evidentemente, este principio teórico impide, sistemáticamente, cualquier tipo de estudio histórico más complejo.

De espaldas a la academia

El Institut de Nova Història no mantiene buenas relaciones con el mundo académico catalán. Sus miembros dicen que "la comunidad historiográfica catalana" somete a sus investigadores al "ostracismo más perverso y reprobable". Afirma que ellos van más allá del "pensamiento monolítico" de la academia. Y acusa a los historiadores de sacralizar los textos y de no tener en cuenta las falsificaciones. Pero en realidad los miembros del Institut mayoritariamente trabajan con obras publicadas, y rara vez hacen incursiones en los archivos. Por lo tanto, buena parte de sus textos se basan en obras de los historiadores que sí que han tenido acceso a archivos y a documentación original. Eso sí, su lectura de estos textos diverge sustancialmente de la de los especialistas.

La academia como el enemigo interno

Lo más curioso es que los miembros del Institut de Nova Història desprecian a aquellos que no comparten sus hipótesis y los identifican con "los españolistas y los catalanes obedientes". Y eso, sin tener en cuenta que un buen número de historiadores, desde el siglo XIX, han tenido un papel clave en la recuperación cultural y nacional de Catalunya. De hecho, los medios de comunicación más centralistas no han ahorrado críticas a los historiadores "oficiales" catalanes a los que acusan de inventarse una historia nacionalista. Una historia que, en buena parte,  es rechazada por el Institut de Nova Història.

Fuera de los circuitos de los historiadores

Los materiales producidos por el Institut de Nova Història y sus seguidores circulan a través de editoriales no especializadas en materiales académicos, como Edicions de l'Índex, que se ha involucrado decisivamente en la transmisión de este tipo de materiales. No publican en revistas científicas, ni tampoco acuden a los congresos científicos donde los universitarios analizan los mismos temas que ellos. Funcionan, sobre todo, a base de charlas y encuentros, que a menudo tienen un buen recibimiento de público.

En el punto de mira

El Institut de Nova Història tiene un pequeño núcleo de seguidores enfervorizados. Pero también tiene un gran número de detractores. Internet está lleno de críticas y befas al Institut de Nova Història y sus teorías. Parece mentira el alto número de gente, procedente de todo el Estado, que dedica su tiempo a contradecir las teorías del Institut. La historia "oficial" evidentemente es mucho menos impopular, y mucho menos popular: genera mucha más indiferencia.

¿Apoyos institucionales?

Uno de los mensajes más recurrentes contra el Institut en internet es el supuesto apoyo con dinero público a sus investigaciones: "Da gusto ver cómo los impuestos se siguen dedicando a tan buen fin. Que unos cuentistas se pegan la vidorra" o "muy triste resulta que semejantes personajes puedan dedicarse a esto con el dinero de los impuestos españoles y más triste es que los catalanas se lo permitan. Ojalá se independizaran para que la vergüenza sólo fuese ajena". También César Vidal, en las páginas de La Razón, alegaba que el Institut está "sustentado con dinero del contribuyente". Pero contra lo que parece deducirse de estas críticas, el Institut de Nova Història no ha tenido muchos apoyos oficiales. El Institut Ramon Llull y TV3 dieron apoyo al documental Desmuntant Leonardo, basado en las investigaciones de Jordi Bilbeny. Y Enigma Cervantes, documental sobre la identidad de Cervantes-Sirvent se ha pasado un par de veces por TV3. Por su parte, el Ayuntamiento de Montblanc da apoyo a la "Universitat" que el Institut organiza anualmente. Y muy poco más. La mayoría de las investigaciones de los seguidores del Institut se hacen en horas libres y con recursos propios. A sus miembros no se les otorgan, con dinero público, becas de investigación, ni ayudas para estancias a archivos ni nada similar. Y que se sepa, todo el mundo es libre de investigar aquello que quiera en su tiempo libre y de sacar las conclusiones que prefiera.

¿Boicot de los medios?

El Institut considera que si tiene poca presencia en los medios catalanes, no es porque sus investigaciones no tengan una calidad mínima, sino porque "los responsables de nuestros diarios y de las televisiones –quién sabe por qué presiones– han ordenado a sus periodistas que de esto no se hable ni se creen expectativas, ni tampoco que se haga debate o propaganda". Serían, pues, las víctimas de un complot contra la verdad y contra la libertad de expresión.

La "gente" contra la academia

Uno de los argumentos que usan los miembros del Institut es que ellos representan al pueblo, frente a una academia fosilizada, que disfrutaría del apoyo de los poderes fácticos. Jordi Bilbeny afirmaba: "No nos importa nada ni a mí ni al Institut Nova Història quién aporta pruebas y razones, quién descubre algo. Quién lo hace público. Ni si son doctores, licenciados o simples ciudadanos de la calle. No tenemos este prejuicio". "Somos gente normal explicando pequeños hallazgos que, en conjunto, pueden cambiar la perspectiva de nuestra historia". En realidad, se benefician de una desconfianza generalizada que despierta la academia. Y eso, sin duda, en buena parte es responsabilidad de la propia institución académica, que se ha cerrado en su torre de marfil de los estudios especializados y ha sido incapaz de conectar con la ciudadanía. Las polémicas generadas por el Institut demuestran, como mínimo, que a la gente sí que le interesa la historia.

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